
Cumpliría 100 Sabines el 25 de marzo. La Jornada informa: «En la Ciudad de México, la Cámara de Diputados rendirá un homenaje en honor [sic] de Jaime Sabines el 26 de marzo a las 18:30 horas, en el salón Legisladores. Se le dedicará otra ceremonia y un conversatorio en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el domingo 29 a las 12 horas» • En Chiapas, donde nació ínclito y [re]domao, declararon el que corre Año de Sabines, y se las prometen pródigas claque y locutoría y felices festividades los campantes • Mi honorable contribución es de papel volando, nadie la invitó y reproduce un texto que escribimos al alimón los firmantes y distribuimos de mano a los asistentes a otro ‘homenaje en honor’ [resic, diría Jalife] al mismo sujeto de versos –este ‘contando con su presencia’ en la misma sala del mismo Palacio y en la fecha que en las postrimerías solita se ostenta •
A curul por tarumba •
Orlando Guillén y Mario Raúl Guzmán •
Ha regresado de nuevo a reírse
de mi postura (de mi impostura, diría)
y ha vuelto a salir.
JS •
Jano de aldea o simulacro bifrente, fiambre de morgue en Distopía, el dos patada y coz veces diputado Jaime Sabines dijo en 1989 a una reportera algo que en su versería era tela cortada y vendida por lo menos desde 1952: “Nunca fue mi intención ser rebelde a nada”. ¿Justificaba así su silencio ante el genocidio por hambre, sobreexplotación y garrote contra los indígenas chiapanecos practicado por el aparato de dominación que entre otros de funesta memoria coronara gobernador a su hermano Juan Sabines? Lo cierto es que ese mismo poder echó a andar el llamado Programa Nacional de Solidaridad –adefesio de sal y aguacate destinado a paliar la devastación paisana zapateada por el FMI como fandango folclórico. Entre los figurones de la tarima consultiva donde toman el pronasol bajo paraguas Slim y Cordera, Sabines oficia el oropel ritual de su membrete de poeta: A la casa del día entran gentes y cosas,/ yerbas de mal olor,/ caballos desvelados,/ aires con música,/ maniquíes iguales a muchachas;/ entramos, tú, Tarumba, y yo./ Entra la danza. Entra el sol./ Un agente de seguros de vida/ y un poeta./ Todos vamos a vendernos, Tarumba.
El cañonazo de ninjas es juego de obregoniños frente a las cuarteadas correas que usa el régimen para cinchar a los consagretas usureros de la cultura mexicana hoy.
“No quiero ser una estatua”, declaró a la luna pálida periodista mientras los pájaros le cagaban la cholla.
Viene un golpe de sangre/ desde mis pies de barro, [tragarabateó JS engolando el bozal de la coma]/ vienen canas en busca de mi edad,/ tablas flotantes para mi ataúd.
Tablas de laurel para Jaime Sabines. Tablas de curul.
Pero Jaime Sabines Gutierritos es algo más y asimismo algo menos que un temperamento abyecto hasta la sumisión. Los bonos de que goza dentro del público de poesía ambiente y la complacencia sentimental le han avalado y le avalan todavía larga la salud financiera.
El presente texto escrito con las patas de La Zorra ejerce crítica la libertad creadora también contra ese público de valedores paraoficiales que se horma en la horma diariosemanaria de los suplementos literarios.
Le vendí al diablo,
le vendí a la costumbre,
le vendí al amor consuetudinario,
mi riñón, mi corazón, mis hígados.
Se los vendí por una pomada para los callos,
y por el gusto,
y por sentirme bien.
Nadie, desde hoy, podrá decirme
poeta vendido.
Nadie podrá escarbar y jalarme los huesos.
Estoy con la República de China Popular.
Le curo las almorranas a Neruda,
escupo a Franco.
(Nadie podrá decir que no estoy en mi tiempo)
Detrás del mostrador soy el héroe del día.
Yo soy la resistencia. Oídme.
Soporto el hundimiento.
Desde el balcón nocturno miro al sol.
Desde la empalizada submarina.
Poeta no, pero vendido ya te ha llamado La Zorra.
Más aún: estar con la República Popular China en 1956 y en esa misma fecha curarle las almorranas a Neruda no significa, fuera de ciertas premeditaciones de profilaxis cirujana, que no pase el tiempo ni supone que alguien esté o no vendido.
Primero: no estamos ante una persona firme de convicciones. Quien ha pregonado tirando de la cobija de la poesía comodín al calor de un libro más, su adhesión a un régimen como el chino, debería en principio 30 años después frente a una masacre como la de Tien An Men, por lo menos tomar posición pública. ¿O es que este que corre ya no es su tiempo?
Segundo (pero sobre lo mismo): en su texto “Tlatelolco, 68” (Maltiempo, 1972) el autor se dejó decir lo que sigue: “Tenemos Secretarios de Estado capaces/ de transformar la mierda en esencias aromáticas,/ diputados y senadores alquimistas,/ líderes inefables, chulísimos,/ un tropel de putos espirituales/ enarbolando nuestra bandera gallardamente”. El fragmento termina diciendo: “Aquí no ha pasado nada./ Comienza nuestro reino”. ¿Aquí no ha pasado nada? ¿Comienza nuestro reino? De 1972 a 1991 han corrido densos los aromas de tres sexenios. A su paso o dentro de ellos, Sabines se incorporó a ese tropel de tropelías. Hasta Cuauhtémoc Cárdenas y sus propias ‘altas huestes’ se toman la molestia al cambiar de chaqueta de explicar el motivo de su traspaso. Sabines no. A lo mejor cree que con decir que “pertenecer al PRI no es vergonzante” es suficiente. ¿Qué pesa más: el aire, los muertos, la fayuca del espíritu? Soga al cuello, estas añejas líneas suyas: “Vivo bien./ No tengo queja de nada ni de nadie”.
“Glogloteando sin palabras”, Jaime Sabines no tiene vergüenza de oficio poético. A su gallinero vuelve La Zorra antes que el gavilán pollero lo desplume por completo para verlo cacareando con qué apósitos le curó las almorranas a Neruda.
Perogrullo de Neruda: “El mar, también del mar,/ de la tela del mar que nos envuelve,/ de los golpes del mar y de su boca,/ de su vagina obscura,/ de su vómito,/ de su pureza tétrica y profunda,/ vienen la muerte, Dios, el aguacero/ golpeando las persianas,/ la noche, el viento.// De la tierra también,/ de las raíces agudas de las casas,/ del pie desnudo y sangrante de los árboles,/ de algunas rocas viejas que no pueden moverse,/ de lamentables charcos, ataúdes del agua,/ de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,/ y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo/ viene Dios, el manco de cien manos,/ ciego de tantos ojos”…
Subsidiario de la utilería de Neruda: “Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas,/ otro día sin garganta, la piel sobre tu frente agrietándose,/ hundiéndose,/ tronchando obscuramente el trigal de tus canas./ Todo tú sumergido en humedad y gases,/ haciendo tus desechos, tu desorden, tu alma,/ cada vez más igual tu carne que tu traje,/ más madera tus huesos y más huesos tus tablas”.
Presa de la red de la música de Neruda: las dos muestras anteriores, más la que sigue entre otras: “Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo,/ y van y vienen máscaras./ Amanece el dolor un día tras otro,/ nos rodeamos de amigos y fantasmas,/ parece a veces que un alambre estira/ la sangre, que una flor estalla,/ y que el corazón da frutas, y el cansancio/ canta”. Canta, sí. Pero con la grúa perogrullera, el subsidio de la utilería, la red de la música de Neruda. Y con la brida de la coma a modo de batuta.
La Zorra hace gala de su nerudición y balconea ya para terminar casi este parágrafo la esquina que conforma con la del ecuatoriano Adoum esta escritura sucursal –que siendo de segunda bien podría ser considerada de tercera. Agujero palmario de esa rata amarilla asoma la cabecita inquieta el hecho de que aquello que en el chileno no pasa de ser pero queda como ejercicio juvenil (véanse los Veinte poemas…), en el mexicano es verde rabo de su “madurez”: “Te quiero porque tienes las partes de la mujer/ en el lugar preciso/ y estás completa./ No te falta ni un pétalo,/ ni un olor, ni una sombra”. Ya. Un verso como este reclama, para ser saludado con enjundia, de los servicios magníficamente magnificantes y megatontos del crí[p]tico aquel que ante el versobvio sabínico: “¡Qué cantidad más enorme de agua tiene el mar!” (o algo así; a La Zorra le place a ratos citar de memoria, y en esto se esmerará adelante), ‘establece’ expedito, retórico y sudando méritos, el ‘genuino asombro del poeta’. Todo ello ante el genuino asombro recurrente de Perogrullo, en trance de verse superado en el atributo que le dio la fama.
Sabisnes: ¿qué palabras de Neruda en vuelo de la pata al culo te levantan? La Zorra te dirá estas que vienen desde el pleno poder de la memoria esmeril: “Sucede que me canso de ser hombre./ Sucede que entro en las sastrerías y en los cines/ marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro/ navegando en un agua de origen y ceniza.// El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos./ Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,/ sólo quiero no ver estacionamientos ni jardines,/ ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.// Sucede que me canso de mis pies y mis uñas/ y mi pelo y mi sombra./ Sucede que me canso de ser hombre.// Sin embargo sería delicioso/ asustar a un notario con un lirio cortado/ o dar muerte a una monja con un golpe de oreja./ Sería bello/ ir por las calles con un cuchillo verde/ y dando gritos hasta morir de frío.// No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,/ vacilante, extendido, tiritando de sueño,/ hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,/ absorbiendo y pensando, comiendo cada día.// No quiero para mí tantas desgracias./ No quiero continuar de raíz y de tumba,/ de subterráneo solo, de bodega con muertos,/ aterido, muriéndome de pena.// Por eso el día lunes arde como el petróleo/ cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,/ y aúlla en su transcurso como una rueda herida,/ y da pasos de sangre caliente hacia la noche.// Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,/ a hospitales donde los huesos salen por la ventana,/ a ciertas zapaterías con olor a vinagre,/ a calles espantosas como grietas.// Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos/ colgando de las puertas de las casas que odio,/ hay dentaduras olvidadas en una cafetera,/ hay espejos/ que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,/ hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.// Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,/ con furia, con olvido,/ paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,/ y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:/ calzoncillos, toallas y camisas que lloran/ lentas lágrimas sucias”.
Estas palabras rasantes como cualesquiera otras residenterrestres.
Dentro de la sarta o chorro de complacencias que festeja desde una bocina sucedánea de la crítica a Jaime Sabines hay una más rauda que las otras que llega y llegando llegando solita se ensarta. Es aquella que propaga que este escriba nació con el pañal del oficio puesto.
Mendaz gallina. Con tres pasos de acercamiento La Zorra se la despacha.
Horal.
La señal.
A más de una retórica trunca y pretendiente en torno a los muertos se destaca ahí la presencia del 27 constitucional: la generación de españoletos así llamada. Pastiches de Lorca, Alberti, Jorge Guillén. 3 ejemplos, tres: 1) “La niña toca el piano/ mientras un gato la mira./ En la pared hay un cuadro/ con una flor amarilla./ La niña morena y flaca/ le pega al piano y lo mira/ mientras un duende le jala/ las trenzas y la risa”; 2) “En la orilla del aire/ (¿qué decir, qué hacer?)/ hay todavía una mujer.// En el monte, extendida/ sobre la yerba, si buscamos bien:/ una mujer”; y 3) “¡Qué de brazos adentro/ del pecho, fríos,/ se mueven y se buscan,/ viejo amor mío!// La noche, vieja, cae/ como un lento martirio,/ sombra y estrella, hueco/ del pecho mío”.
Por el contenido: “¿Qué viene a hacer aquí tanta ternura fracasada?” Por la intención de su proyecto: “¡Que el tiempo, ah, te hiciera estatua!”
El desarrollo del oficio llevó a Sabines a comer de la gran telera de Neruda. Se trata sin embargo de un nerudismo agazapado e hidrópico. Pertenecer al PRI no es vergonzante. Y menos para un diputado de ese partido. Nomás eso faltaba. Escribir como Neruda en cambio para un “autor singular”, sí. ¿Por qué echar mano del vuelo de la pluma ajena, entonces? ¿Quién obliga a tanto? Con dejar a los vivos volar por su cuenta tenía bastante.
(Ya terminada la gran comilona La Zorra alcanzó a recoger por entre los pliegues de los manteles la siguiente migaja declaratoria sabinal: “La poesía es comunicación con los demás. Yo crezco con los poetas vitales como Neruda”)
De lo que mamó de Huidobro sobra con decir que el remate de Tarumba es remedo del de Altazor. Y eso que, lunatando, Altazor dista de ser una Alta Zorra.
“Yo he pensado siempre en la trompeta prostituida de la fama y nunca me ha interesado realmente”. La tautología tartufa de este dícere sabinero que por prestigiarse y darse aires quiere hacer remontar a Baudelaire, y que se produce dentro de una de esas entrevistas ‘que no acostumbra dar’ es flor de jarakiri en manos de La Zorra: aquello que no te interesa realmente no es ni puede ser objeto permanente de tu pensamiento.
Mas ahora como entonces cuando esa línea fue escrita (1968): “El gobierno apadrina a los héroes”.
Primera trompetilla: “Jaime Sabines es un poeta que recoge lo mejor de la esencia del mexicano y que expresa lo que muchos de nosotros quisiéramos expresar; su poesía es orgullo de México”, dijo clapclap el patito Donaldo Colosio, presidente del comité ejecutivo nacional del PRI, durante la presentación de un libro de aquel padre conscripto, primer volumen de un proyecto editorial priista que recogerá, cómo no, lo mejor de la esencia del mexicano. A juzgar por su comienzo, ¿quiere eso decir que ventilará la ‘obra’ de quienes no se rebelan ante nada ni ante nadie?
Segunda (sostenido curvo de espantasuegras): ¿Orgullo de México? Por esta vez el eslogan digamos lo acuña López Portillo: “Mi amigo La Quina, orgullo de México”. ¿O fue De la Madrid? Luego De la Madrid (¿o fue Salinas de Gortari?) se lo endilgó a Octavio Paz: orgullo de México.
Una nota al cierre acerca de la prosa sabina: formalmente la frase, tortuosa frente a la fluidez natural del idioma, se dobla por la cintura acometida por una puntuación ajena, diríase intrusa, cuyo único rasgo distintivo privilegia la coma. La banalidad, la cursilería, el sentimentalismo y la cotidianidad son su asunto y su medida. Del amor y la muerte como flores nos llega vajiando el aroma del ridículo cuando por pretensión grandilocuente mete ahí las de husmear.
Mejorados estos atributos por sus versos y por más amplio espectro han hecho de Jaime Sabines el aeda de más fácil acceso blanco a las mayorías desiertas: el favorito de la mediocridad. Y también, El Favorito.
Pero cada quien tiene los poetas que se merece.
10 de marzo de 1991. Sala Ponce. Palacio de Bellas Artes. A aquel que ha pedido que canonicemos a las putas, le llegó el momento de ser canonizado •
[Hojas volanderas de Ediciones Le Prosa, México, 1991; tomado de La estampida de los hipócritas (México, 2006). Aquí ha apechugado dos o tres mínimas correcciones] •











