Resplandor de lo vivido. Obra completa de Francisco Seguí [Muestra]

Por voluntad del autor, soy albacea de esta obra. A lo largo de los años la he ido dando a conocer no como se merece y es lo que hago aquí sino donde y como he podido, en medio de funestos aconteceres de vida poética que son y han sido públicos; he intentado asimismo su edición definitiva, sin éxito hasta ahora, en Valencia (donde Paco nació), en Barcelona (donde vivió y produjo gran parte de aquella) y en México, donde debería yo poder servirme con la cuchara grande del espíritu si hubiera justicia espiritual oriunda en este mundo matraca, pero tal impide cuando puede y en el caso pudo infame, envidiosa, estrepitosa, mediocre y mezquina la máquina administradora cultural de Ranchogrande –en cuya representación se pulió a pujidos y jedió una plasta de mierda cualquiera, la cual no distinguirías del resto si te digo su nombre. El texto que precede a la muestra constituye mi prólogo a la obra paquiana. Me quedan más trabajos que días sobre la tierra y por ello y porque publicarla por mis medios me rebasa, pongo a la disposición de cualquier editorial digna de ella la obra completa de Paco y oigo propuestas •      

 

 

Francisco Seguí
Tiempo, Caos, resplandor de lo vivido
Orlando Guillén

 

La oscuridad de pronto hace posible el resplandor de lo vivido; nos cierra el párpado solemnemente: rito de muerte en préstamo de vida, nos apaga la armonía del ocaso reluciente en plano oblicuo de ser otro conforme a la belleza: último Caos del orden humano que siendo de cada quién repercute por amor o por odio en la máscara sobreviviente de los demás.

Hay muertes propias y ajenas indiferencias. Hay… Música turbia del osario común. La muerte del poeta es muerte de paso que habitó un espíritu. Eso si bien no es consuelo queda como tiempo estanco por un segundo una poca de mar en la cuenca de las manos; es recuerdo, es obra y es vida. La flor negra del Caos y el tiempo en la solapa, resplandor de lo vivido en la memoria y… y no más digo ¿qué estoy diciendo? de la muerte de mi amigo, de mi hermano Paco Seguí (Valencia, 1944- Barcelona, 1994), en tanto enfrento ahora la evidencia de su obra completa, sinfonía a trancos inconclusa.

Paco escribe esto: «El Caos vendrá después de varios siglos/ cuando el que prolonga el ser perfeccionado hasta la delicia,/ le devuelve el rostro a la delicia/ con látigos y fósforos que tiemblan». Y también: «vendrá el Caos,/ este vacío irreprimible,/ horrible desazón enlutada en los viejos refranes desacompasados, y diremos que sí/ a todas las bárbaras plegarias rezadas en silencio,/ porque no van con nosotros los crímenes del hambre y de la guerra…/ dos tres siglos de eróticos sentimientos sobre la tumba de los desconocidos,/ algún amor profano con la margarita de los colores estériles:/ helados y pretensiosos discursos/ para alimentar los senos de las parturientas más delicadas, un abucheo de ayes corrompidos/ y soñar,/ tapados el tímpano y el cerebro,/ soñar,/ colorear de besos los esqueletos vivos de los asesinos».

La poesía de Paco Seguí entra en el tiempo o en los siglos por vía del Caos, de un modo diverso al de José Revueltas (itinerante espiritual de experiencia al mismo tiempo cercana y lejana a la suya) cuando desapanda el ser hondo y umbrío de «Los días terrenales»: En el principio había sido el Caos, pero aquel apacible sortilegio se disipó y la vida se hizo; la atroz vida humana –cito de memoria. En Revueltas Caos es principio, origen. En Seguí, futuro, fin. Mas de lejos o es igual de cerca emparenta la ventura conceptual que ambos expresen instante desde el interior bullente de la atroz vida humana. En ambos precisa, la condición de atrocidad define la vida humana, y en esa mesura son autores límite, y Caos es concebido dimensión tiempal y no solamente espacial. Lo que asiento no es símil ni disímil. Fin y principio se tocan aquí por el extremo de la utopía. El Caos de Revueltas es (apacible sortilegio) utopía de origen, y se disipa; el de Paco, ominosa utopía de la ruina, de destrucción total bajo los escombros del poder que la atiza, y se disipará: beckéttica utopía de fin de partida.

El espectáculo de mundo, su reducción esperpentacular a la infamia en el ejercicio del poder y los sistemas de vida impuestos sobre la especie llevaría a Paco a la noción de la indolencia como categoría de la tragedia en su madura última edad creadora; en cambio en los encabalgados, sostenidos poemas de Prohibido amar las cucarachas (a la intentona principiante y casi meramente referencial de La carne y el verso [1969] , como tú comprenderás, posteriores), libro de 1973, su primero notable (en este lugar, de una buena vez lo adelanto, de él me valgo para procurar una poética), aquella afección o percepción vital no se manifiesta ni siquiera ente abstracto (lo cual significa que la indolencia, concepto poético, es producto de larga meditación y una evolución espiritual en cuya razón no ostenta rayas de desencanto sino rabia que la poesía revierte floreciente en rosas de sangre coagulada). Algo prójimo a la estética del odio, desde la sabiduría expuesta hecho de que en un mundo como este (signado por la rapiña, el hambre, la guerra, la bursatrapía…), las cucarachas han prohibido literalmente amar. Esto supone una defensa del amor (en frentados frentes contemporáneos: en los términos de Shakespeare por ejemplo se sostiene con la muerte y con la vida básicamente el libre derecho al amor) mucho más acá y mucho más allá de su simple glosa (boleada que lustra pies de barro a tantos amorosos egosexuales y, cómo no, embija de betún las mañas), la pureza cruenta de su práctica.

Escueta, pues, y apuesta la propuesta primigenia del título de este libro, su disposición sintáctica lo implanta sin embargo en dialéctica de doble sentido y en el juego de oposiciones entre el sujeto y el predicado, más que en la lógica inerte de la «ambigüedad» del pliegue de la palabra. Ese tipo de ambigüedad en repliegue no es rastreo, búsqueda, movimiento (idea humana en movimiento; belleza humana en acto): es estática en azar y circunstancia, atole con el dedo de la metáfora, pasmo. La poesía de Seguí no es en esta perspectiva ‘ambigua’ sino contundentemente espiritual, sombríamente vivencial, amorosa en acecho y cuajadamente conceptual. Delicadamente el cuerpo y el amor salvajemente se enlazan: forman líneas espirituales y espacios de poesía: ámbitos huecos pero llenos. Sus presencias silvestres vivas adorables son exclamaciones malditas: la historia, la piedad, lo sagrado. Contra ellas El Otro se deslinda. Tres términos que la muerte convoca alucinantes elevando en persona el rito a la grandeza. Aún cabe otra lectura –en tiempos grafiti que proclaman prohibiendo la prohibición de prohibir y demandan la ‘invención’ de nuevas perversiones sexuales: si está prohibido prohibir todo está permitido, y donde no hay restricciones no se defiende la vida por sus puntas ni la libertad conductual electiva y ética o el amor que a todos corresponde en dignidad de ser sino la impunidad vital al antojo de cada quién (lejos, muy lejos del lema amoral de la abadía de par en par práctica utópica thelemita rabelesiano “haz lo que se te antoje”, de absoluta raigambre amorosa gozosamente libertaria desprejuiciada de época –lejos también de los crowley de este mundo), lo cual es dar todo poder egocrapulado por omisión y por comisión al poder individual vuelto Estado corporativo por sobre lo social solidario –o lo que es lo mismo: contra el valor clánico general de lo humano. Pero se vive en la vida no en el sistema (aunque lo pinten ‘liberado’ o peor: ‘liberador’) y Prohibido amar las cucarachas como expresión entendida grafiti antigrafiti es una estampa gráfica de verdadero pensamiento y sentimiento libertario cuando o donde [hasta] el sentimiento me hace menos sensible.

El dilucidamiento de un arte poética en esta obra de madrugada en trance será base de largo alcance por evolución de espíritu y voluntad de estilo; impone exigencias oscuras de difícil asunción, porque ni es suficiente con ‘comprenderla’ ni bastan para el propósito complicidades elementales. Esta obra las rechaza, y ya está. Listo. Su destinatario es la lucidez, la conciencia, la atroz belleza de la especie, y aplasta con pata ciega el dictum de dos patas blatodeo.

El lector ideal de esta poesía es poeta de por sí o será poeta en Utopía. «Asómense al pétalo veleidoso/ De un temperamento humano/ A su intranquilidad/ Yo los invito a la inquietud/ A la violenta posesión de los seres amados/ Al cianuro siempre dispuesto de una ofrenda grave/ Al dolor despellejado de cualquier ornamento inútil/ Al orgasmo que transporta la música/ A la abierta oposición del presente».

Y, 1) «Yo les invito a perderse en el sexo»; 2) «insatisfechos el numen y la vida yo les invito a la hostilidad»; 3) «Yo les invito a la soledad (donde uno puede seguir siendo ninguno)»; pero, por encima, 4) «Al humano animal que prende fuego/ en la tierra seca a la hojarasca/ Al solícito vivir de una chispa humana/ que devora soterradas raíces/ e incendia relámpago un cuerpo bello/ más bello aún que su hermosura». Sobredosis de poesía en reclamo al ser y a la conciencia en activo de los días para cambiar la vida con la vida y más que iluminarlallamarada, alambrarla con relámpagos de púas. Cambiarla. No en el sentido de Rimbaud –inquilinato de temporada entre las llamas cuya pretensión inconsecuente es salir ileso, o sea salvarse (de qué, de quién, ¿de Dios, de Cristo, de Satán, del Ánima de Sayula francesa de fayuca [«Pero di, ¿cómo te llamas?/ ¿Habitas entre las llamas/ O habitas aquí entre nos?»./ «Me llamo Agapito Zurras/ Dijo el fantasma en secreto/ En vida fui buen sujeto/ Y puto mientras viví/ Y el favor que yo te pido es un favor muy sencillo:/ Que me prestes el fondillo/ Por el cual ando penando»], invidente licenciao [pro]vidente de los capos futuristas del tráfico de armas?)–, y sí en poseso ejercicio de poesía implacable –en todas y cada una de las edades que nos sean dadas (para eso son: a la claridad de cabeza de fósforo de una cajetilla de relámpagos somos por una única vez, y ellas son y van con nosotros de paso, y ninguna es ‘temporada’: sólo andanza, andancia y andadura); trayectoria poética eriza y erizada en creación y vida que Paco siguió suya hasta la muerte.

Se trata, y es rayón en esa línea, de un planteamiento de forma y contenido que da sentido a la vida cambiando la hermosura, la pisotees o no cayéndote de borracho de bruces entre la uva en flor. A propósito o a voluntad va el reinicio: El sentimiento me hace menos sensible. Un bosquejo de elegancia por todo lo alto. ¿Deslumbraríamos al entonces pretendiente del mar? Durante un tiempo un engaño sin nombre y el escribir locuras donde no llega el cerebro a serenarse, a pincharse o destruirse: PROHIBIDO AMAR LAS CUCARACHAS Y ANIMALES ARÁCNIDOS. Un trozo de madera recién pintada para no resolver nunca nuestra íntima situación y los brazos tendidos que me imagino lanzas desconsolada, presta nunca a obligarte a ver las cosas con un sentido nuevo, una machacotada de azafrán para una boca linda, un cuerpo hermoso con el que destruirse, anegarse, tumbarse, desoírse, calentando algún trozo de papel para algún desconocido donde no hay nadie pero se presiente, que es y que al mismo tiempo no es, de ahí su presencia irracional maravillosamente irracional, lúcida ingenuidad de temblor y chispazos ilusorios avasallantes por su poder abstracto, pero que indudablemente existe, delante del cuadro contemplación de un nacimiento nuevo donde la imaginación, sólo la imaginación puede redimirlo, crearlo: un artista recogido y asesinado por su misma índole de asceta, al estupidismo de la ignorancia. Sobrada región flotante para no entender el qué y el cómo Y NO ME DIGAS QUE ESTÁS TEMBLOROSA ni esas lindeces de niña sentimental porque a uno le están cayendo las telarañas de los ojos y no verá más ni sentirá más, ni escuchará más el gemido de aquel moribundo lento en reflejos, cortado, indolente, escapándose un hilillo de materia gris por la herida de una uña, y resucitará recién alimentado PROHIBIDO, explotado con calor y una pequeña cicatriz en los cartílagos: una de dos, o tres, o uno que estuvo allí y no le vieron nunca.

Este versar versos de Paco sí que vale bien su prosa. A lo que ya ha quedado dicho viene a desplegar una poética programática o mejor sarcásticamente poemática, ambas inclusive, y se resuelve en teoría de la poesía. La diríamos desprendida de un poema de amor subtemático: lúcida ingenuidad de temblor y chispazos ilusorios avasallantes por su poder abstracto, que indudablemente existe, delante del cuadro contemplación de un nacimiento nuevo donde la imaginación, sólo la imaginación puede redimirlo, crearlo: un artista recogido y asesinado por su misma índole de asceta, al estupidismo de la ignorancia. En el centro sistemático y masivo del vuelo reposado de la imaginación convergen todos los sentimientos letales: el amor y el vanidoso instante en que se vive, la profecía del Caos siempre a un paso del amor y… y su perversión varicosa y bajo control de las imposturas religiosas y morales, cubre el espacio extracto y metaforme del tiempo con verdura de la era humana y música entre el síncope y el grito: música tótem, música de mito. Arriba he dicho rito.

La poesía de Paco Seguí mana y mama de la raíz del tiempo con variaciones de música indivisa. Es sangre mortal de siglo XX, las horas a cuchillo. Recuerda otra la teoría de la poesía como insurrección solitaria en Carlos Martínez Rivas (a la cual alude, en uno de cuyos temas que fueran grandes cuadros: la mujer de Lot) o la teoría de las edades en la muerte desgajada de la práctica poética de Joan Vinyoli –dos poetas estos por cierto simultáneos y al mismo tiempo lejanísimos, pero de espíritu tocayo en cuánticas someras cuestiones de espíritu. Proceso de lucidez por otro lado el mismo: si música es el arte de bien combinar los sonidos y el tiempo, según el breve agravio de Hilarión Eslava, que prescinde sentido humano en mérito de pie de piedra al eros pedagógico, habría que ahondar en cómo en Paco el tiempo es música humana. El paso de los días despliega en esta obra créditos ostensibles en la meditación para descargarse del fardo del catolicismo –y su extensión en intención: el cristianismo (en todo caso apenas referenciales en Prohibido amar las cucarachas, pero tendrán base por altura sobre dos en la espléndida novela Pátalo (1984) y en De Ánima Vilis), mas su sostén sin duda en el sonido pando del idioma al crepitar de leños en la aurora: meditar en el remanso del lago me abre el apetito del amor como otra operación sin sustancia del sonido por una curiosidad emocional que relame el pubis y crea la parábola. Correría todos los peligros de la deformación si orara la quietud o hiciera de la contemplación un simulacro de experiencia.

Contemplar es experiencia equívocamente pasiva. La experiencia como se entiende en el verso es involucramiento directo en lo humano de la vida: es acto, y estricta protagonía sin pretensiones: ante todos, y en privado: su dimensión es ética. La vida por encima de la contemplación de la vida, sin que a la otra la una la niegue… Pero es falsear la realidad, correr los peligros de la deformación querer pasar la contemplación por experiencia; reducir simulacro la experiencia. Poesía que prima la vida por sobre las formas de contemplarla o incluso de expresarla, porque poesía y vida integran o son verdadero ser dual, tronco de eternidad y muerte: sueño de la finitud del sueño y la infinita finitud del amor. En una historia de vida que toda una poesía sostiene, no nos une el amor sino el espanto –esta línea la dijo, la hizo célebre o quizá nomás la recogió de la biblioteca Borges, según difusamente creo recordar de los 70, pero desde luego Paco le ajustó las correas a la cintura de lo suyo y se la abrochó, o a lo mejor en aquello yo ando del todo desencaminado… Porque y pero no es lo mismo decirla que vivirla hasta su consecuencia absoluta. Poesía de agresión y estertor, de ternura y sarcasmo de las masas de gris blanco y vivo en vuelo de gaviotas que la surcan: Sofía no puede desnudarse más que los senos redondos bronceados y no tiene más que contarme: la ermita de sanmiguel el sacromonte no serán sino paisaje donde poder reírse de la intensa llamarada de la vida. La [pre]indolencia en esta parte del ser es omisión de diana, deshonra de dardo, entendida oposición al ejercicio directo de la vida. La indolencia a pie de letra convencional no cabe ni aquí en la concepción de la poesía de Paco ni en ninguna poesía, y de manera expedita saco en Prohibido amar las cucarachas: aquel moribundo lento en reflejos, cortado, indolente, escapándose un hilillo de materia gris por la herida de una uña, resucitará prohibido, explotado con calor y una pequeña cicatriz en los cartílagos: eso así contiene por lo arduo uno que estuvo allí y no le vieron nunca, elegante esteta y poeta de la vida que se escurre en la sombra sin dejar no más que obra. Paradoja de la [pre]indolencia en la poesía de Paco: si alguien resucita, no está prohibido resucitar ni siquiera por las cucarachas; y ese alguien no podría resucitar prohibido o permitido sino ser. Paradoja y sarcasmo, como vindicar para la vida al nacidomuerto, la más bestial dialéctica de las contradicciones árticas o el polo antártico de los opuestos. Así el resucitado sea el poeta, cosa nunca remota, y también paradójica.

Como fuere, establecido un arte poética, un instrumento de indagación y escrutinio de la vida y del sentido de la vida desde una ética de la muerte, era natural el surgimiento de un proyecto poético de vida en dimensiones cósmica, espacial y tiempal de profundas y melódicas incisiones humanas: el ciclo De la presencia al estallido, donde Caos cobra forma de estructura dispersa o fuerza en dispersión: resumidero de libros que son apenas algo más que la línea de su título (Embriaguez de sombra, Mundo estupidera, fechados en 1980 y 1988, respectivamente, y publicados en México), pero al que pertenecen entre éditos y póstumos que esta edición recoge Avara presencia (1980), Poemas del indolente (1978-1986), Octubre nunca pasa (1992; aparecido en 1994), De Ánima Vilis (1988; aparecido en 1992), y al que corona sorprendentemente la sorprendente novela Pátalo (1983-1984), a pesar de su data. Aporta más caos con minúscula a este orden que apareciera primero el libro segundo del ciclo (Avara presencia) y, el colmo, el epílogo (De Ánima Vilis), mientras el cuerpo central ciclópeo permaneció inédito en vida del autor . La noción de la indolencia, categoría trágica, está íntimamente ligada al depliegue de este ciclo a partir de Prohibido amar las cucarachas. Se desplaza en arco que va de 1978 a 1994, y puede decirse que toda la obra de madurez de Seguí es producto de esta miradura, lo que confiere a Avara presencia relieve de autonomía transicional y factura y textura circunstanciales. Pero quizá, como quiere Salvador Espriu , toda poesía sea circunstancial y sólo por ello ambigua.

El título paquiano remite a la poesía, cuya avara presencia se produce después de pródigos tramos vitales de sequía creadora. Pero debe entenderse una definición personal de la presencia arcana de la poesía en este ciclo, porque a pesar de sus singularidades azarosas el libro pertenece a él: es más, en la práctica arranca con este libro. Entonces pues aparece la poesía como muñón avaro y no se desparrama generosa: más bien tensa, densa, contenida hasta el chicotazo manco, el estallido. Esta definición conlleva la angustia creadora más allá de la «ambigüedad» y la desesperación de su momento estériles. Así, Avara presencia es un libro temáticamente circunstanciado, avaro de su límite, a su pintura hermético, intenso en amor de sombra y contraluces y escrito en contrapunto musical al diapasón a tragos de Prohibido amar las cucarachas. En contrapunto, digo, no en oposición, pues este dominio ritmal y melódico es una extensión y un resultado de la respiración diríase prosódica de las tajadas confluentes versarias y prosaicas que acompasan y desacompasan al libro anterior. No la sintaxis de la música sino la música de la sintaxis. Se podría especular aquí, a contraluz de que lo ofrezca libro segundo De la presencia al estallido y al inestimable aguijón titular, si, en una chispa de inteligencia dable, Paco Seguí no llegara a pensar (así ni lo haya dicho ni acaso asumido), que Prohibido amar las cucarachas fuera en realidad libro primero. Ello daría a la totalidad de su poesía (si exceptuamos, y debiera ser de toda obra exclusión crítica lo obvio, su aprendizaje), un carácter unitario cuyos movimientos de espíritu caerían en conjunio dentro de un solo ciclo vital de creación. Puede leerse tal en sintonía ahora que ya es obra acabada, pero ciertamente no fue voluntad expresa del autor en vida y en longitud de onda Prohibido amar las cucarachas merece extrapolarse autónomo y claramente representativo de su juventud.

La música en Avara presencia adquiere perfiles estrictos no necesariamente escandidos: son golpes de oído que pueden o no rayar la perfección (el gusto por los rompimientos súbitos, raramente bruscos permanecerá brusco en Seguí hasta el final), e incidentes melódicos de respiración que obedecen a impulsos de espíritu: «Alas. Blancas, rojas, negras alas/ Negras y rojas. Alas blancas. Rojas./ Un eco, un atisbo, ¿quién goza? Aquí,/ Acaso el cuerpo grita o pide y no se/ Espanta. Piedras en abanico/ Las contiene. El gozo temporal/ De la mirada, el gesto, los contiene/ Con crueldad a pedrada y a tierra./ Levanta el vuelo y el humo de las/ Campanas y el aliento de las alas/ Negras y rojas y el aroma blanco/ Eyacula la efímera insistencia/ La calma auroral de la voz herida», es una muestra donde el deca y el endeca sílabos se dan la mano fugaz mientras se cuela uno de doce que, al encabalgarse con el verso que le sigue mantiene el juego rítmico y melódico: Acaso el cuerpo grita o pide y no se/ Espanta… Este hervidero lúdico, por lo demás, cubre el movimiento, el sonido y el tiempo de Quinta naturaleza, la serie de cinco poemas que abre el libro. Pero «Se queja la otra mitad/ Del agua de mi sangre.// Han callado la fuente,/ Han cortado su dorada cabeza/ Y la han dejado caer/ En un pozo sin límites./ Atentos esperamos/ En silencio/ Un dolor hilarante o un golpe/ Seco».

Extraño a las veleidades de la autocompasión, el artista enfrenta la ascensión física de la muerte propia en su propia madriguera: el cuerpo propio; testimonia allí, pero no queja: el espíritu espera un dolor hilarante, un dolor para cagarse de la risa, no para sufrirlo: toda introspección es conocimiento abstracto y revierte realidad concreta; la muerte, permanente, diaria, y más sabia la burla si se crece al castigo. Paco parece haber intuido algo que yo sé burlaburlando ahora y no entonces: la verdadera tragedia griega la escribió Aristófanes. Enfrente está el asedio, la guerra sucia (¿la hay limpia?) de las imposiciones y los condicionamientos de las fórmulas opresoras: «Cruje la espuma:/ Un aroma húmedo reposa./ No sabes de qué color/ Te matan». Porque es «diente de ti lo cósico». El tiempo se dilata si «se explosiona/ Hinchándose sin alas/ A la orilla». En este libro, «Acartonado te inoculan/ El interior del espanto», y en él el cuchillo contracatólico se hunde en carne de excrementerio, adquiere identidad material: «La larga marcha de peregrinos sórdidos a envenenar/ De verde, sus diminutos puntos, la ancha plaza/ Del vaticano como otras plazas y plazas de columnas vastísimas/ Donde palomas blancas y grises pavonean la espera/ Del balcón romano, la salida en punto del monarca/ De dios, el hierofante alma contoneándose/ En oro y plata finos hasta los pies de lechuguinos oros,/ Zapatitos diamante y báculo de escarcha,/ Escarcha roja que dora la inhumana riqueza/ Y la humana miseria que lo adora». Desnudo a pie gritando la misma intensidad, el autor se decanta por aquello de volar (pero son pocos) y la avara presencia poética se expresa en el límite de lo humano como «Un pensamiento acorde/ Al son/ O al grave son su música/ A modo de pétalo caído».

Inmediatamente o a libro seguido la indolencia es agonal. Los poemas del indolente son agonías en actos, en actitudes, inteligencias y sentimiento; pero son agonías sarcásticas. Sin embargo son caídas profundas, y llevan la burla adentro porque me dio por decirlo así el espíritu de la vida no muere a la primera agonía. Y menos donde la agonía se apaña instrumento de trabajo. Una meditación constante sobre la poesía y sobre la servidumbre a la poesía rinde y cosecha: la agonía de la puerta de todas las llaves y ninguna; un modo de entrar manifiesto por la Reina. «Y sobre todo aquel, recuerdas,/ Que me detuvo los ojos/ Por otear el inmenso/ (Sam Peckimpah)/ Trallazo de la muerte./ El que me devolvió/ A los orígenes/ (Ojos también la nada)/ De mi indolente páncreas/ Agónico». Trasvase de la agonía física al llano espiritual: conciencia de una muerte concreta, dependencia de esa muerte al margen de cualquier otra posible; cultivo de esa muerte; amor, odio y ética de esa muerte; sujeción involuntaria o no a esa muerte… Agonía de acontecer, de tiempo, de suceso cotidiario que, oscuramente, con la lucidez de la propia muerte puesta, desarrolla un propósito de vida poético desmesurado, simultáneo, libertador conceptual y espiritual, como es un hecho toda poesía.

De una muerte cierta una poesía del vértigo tranquilo y lejano, pero profundo ya lo dije y sombrío, por caso desconcertante en intensidad de sus tonos de amor, sarcástico con todos y con todo, y consigo misma por supuesto; una poesía cínica e incauta en su ingenuidad; poesía que va de la (avara) presencia al estallido. Averosímil destino el de Paco, que supo cumplir como un hombre de la poesía, hasta el límite de la vida aullante que llamamos muerte. «La Amanecida/ Cuando el agua comienza de su volumen abisal/ A destruir/ Corazón de la marea/ Un remoto sentimiento de impotencia/ Anega devorándonos: trepanación/ De un universo alimentándose/ De alevosos homicidios en cadena/ –A medida que el agua te cubre poco a poco–/ Inoculan,/ Cuando todo es silencioso y siniestro,/ La siembra del amor,/ Desde la cósmica inmensidad que nos arroja». «Sólo un vasito de agua/ Cuando te querían poseer el sentimiento/ (El escondido)/ En medio de la cópula/ (Gato ella/ O perra la costumbre)».

Acababan de sacar dos lagartijas de las orejas del tembloroso delincuente: el que voló misántropo su pascua a pesar de tu vómito, y esa miseria posiblemente sea una vaca, un cerdo, y hasta se nos hubiera podido escarnecer sin delito, incluso se nos hubiera podido ahorcar, o agarrotar, o fusilar sin ninguna malquerencia, sin odio, sólo por capricho, un capricho ancestral como un vahído. Entremos ahora por este atajo neo a la noción de indolencia. Es fruto de un cruce semántico en árbol de más acá de lo susodicho: viene de índole (en el sentido de ser; en Paco reduce la circunstancia óntica, y así la amplía, a ser poeta); de dolor (al ayuntarse con la primera pare los verbos gemelos indoler e indolecer; el primero extensible a la doble índole del dolor en términos físicos y espirituales, y el segundo expresión de un estado de ánimo de reloj de avanzada espiritual participante ya de la indolencia ostensible viva categoría trágica creadora –y asienta noticia matriz del poeta sucumbiente a su encanto y creando poesía. Indolecer; Indolencia: índole y dolencia). Saltan de este modo a la lumbre de la Noche uno y otro los Poemas del indolente (1978-1986); de ellos ya he dado antes por ahí alguna probadita de gloria. La indolencia de Paco no es pues una desestimación del mundo y de la acción ni mucho menos huera despreocupación al desembocar parálisis sino modo de ser poeta en ocio creador y ejercicio por obra. Este modo desolado aparece re[n]frentado (a veces por pura nominación externándose en rechazo) al poder en todas sus presentaciones y a la mierda en activo del mundo. La agonía como instrumento le imprime carácter trágico (correlativo al físico exterior que el poeta soporta) a esta miradura poética: desde este libro y hasta el último (Octubre nunca pasa, 1992) dará sostén a su puesta en mundo. «Porque ella dormía con los ojos abiertos/ Y soñaba con los ojos abiertos,/ Y no acababa la desazón del pánico/ Y su bestia prolífica. Debías haberme llamado para joder/ Aunque de aquello saliera, también,/ La desinteresada, haciéndote el amor vacío de tu muerte,/ Aquella noche verde de la nube, embebido/ Al agujero matutino, después:/ Que no debe el amor,/ Que se nos moja,/ Que nos empapa enorme,/ Que altivos, congruentes, vosotros/ Teneis pánico, vosotros/ Vivís pánico/ Porque no teneis materia suficiente que pese más que el tiempo». Esta penuria de asceta come para defecar frugales resurrecciones; el ser poético de Paco es ascético propenso, y el (y lo) pasado un cubo de cenizas. La ascesis que sustenta es solitaria en creación y vuelo de espíritu, pero no mística ni supone rémora católica ni vocación de claustro. La encendida espada cantante troza de canto contracatólica el aguayón aguañoso de esa res pública: «Y lúdicamente/ Te indoleces y prestas al recuento/ Y los demás te adoran donde el hueco hace/ Vientre del orín y donde el sacro espera/ Otra artrosis y cantas:/ Me agriaron escoliótico y fingido,/ Bésame,/ Babéame y romperé el silencio y seré/ Desde todas las noches aquel,/ El que mesuraba la paciencia y el miedo y que dijera:/ No me soporto más allá e indefinidamente/ Hasta toda la eternidad católica del alma/ Y del prepucio».

Esta poesía oficia en este punto el ritual escatolúdico en verbo de vida y muerte, sacude el panal jediondo donde se embarran zánganos y reinas y obreras: A la fiesta opípara de toda vuestra mierda: aquella presencia a la sombra del eucalipto son crepuscular huraño y colérico, abriéndose de costal a costal, empedernido centinela de niebla, acurrucado y tembloroso para el pánico y el terror de todos defe/Cándose, empecinados a ti: El honor, la nobleza y el orgullo a la huida de alondra, madrugada; a la caza de alondra, madrugada, y despierta por el frío, el miedo, acusándonos más tercamente aún (que hubiera estado dispuesto a dispararme). La muerte de la vida tan próxima (aunque llevara un ramillete de violetas). La muerte de la mierda tan próxima (recién arrancadas de toda vuestra tumba). La sangre de la vida que os espanta. Un ramillete de violetas recién arrancadas de vuestra tumba perfuma la forma de no ser sino ocio y aroma de vida en la hora de nuestra muerte sin amén. En los huesos de la tierra han dejado tu ser. Todos los sentimientos abiertos de la carne: mismo ser de otro ser sin agua provocándoos, elementos de vida en los lindes de la muerte que dan entorno a la soledad: incendio de desnudos. Odio es lo que barrena al cisne.

Evidentemente, otra es la música que se puede amedir, denombrar si estamos ebrios. De Ánima Vilis (1988; publicado en México en 1992) es un alegato conceptual lírico contracristiano en dos tiempos sucesivos de la paradoja que los enrosca simultáneos: 1) el del desembarace por enfrentamiento directo del lastre del cristianismo, y 2) el de la expresión abierta de un espíritu libre –antecedente por tanto de Pátalo como libro publicado aunque este sea de 1984, porque permanece inédito hasta esta edición. Esto vale para el lector, por supuesto, no para el autor y el reducido monte chapeado de sus amigos y demás prójimos con acceso. Paradojas como estas aparentes están o son lugar en la estructura [Caos] De la presencia al estallido… Poemas del indolente, Pátalo y De Ánima Vilis de algún modo son simultáneos, sin duda contemporáneos e hijos de un mismo semen creador tiempal. Los dos tiempos del poema responden así a dos plásticas distintas: la primera se expresa con la imagen de quien cuelga de la soga, incómoda postura por lo menos para la prédica, y hasta donde lanza (en el desierto de espíritu que se sacude), desde donde desgarra, digo, ubérrimo su grito libertario; la segunda construye un paisaje espiritual móvil en cuyos espacios, asistido por las «almas» de sus amigos, la suya se dirige a sí misma y al espantajo enquistado (todavía) en ella: el guiñapo sangriento y pío impuesto en la conciencia de la infancia. Ambas plásticas son únicas, mas ubicuas. Habría sido una pantomima si no hubiera, de aquellos que asistimos abiértonos el ánima.

El cristianismo es inhumano por exigencia y castrante por imposición e inmovilizante en rígida conductual dogmática. Las nociones de culpa y pecado son extrañas a la libertad del espíritu humano (viejas grandes culturas no tuvieron primero que tragárselas y luego expulsarlas para crecer en libertad de espíritu y de creación), y enemigas; el juego de enanos que oferta y demanda premios y castigos, y la caridad, la esperanza y la fe inoculan diría Paco no una ética –pues tal le viene guanga por amplitud estricta de ser–, ni –como podría la bala de salva de la ingenuidad esperarse– su propia moral modélica sangrienta sino la moraleja unívoca encanquestada en trino de acatamiento, miedo y jerarquía.

¿El tráfico de órganos del más allá ofrenda corazones humanos al Padre Sol…? La culpa y el pecado originales chocan con la inocencia original de la libertad. La universalidad intolerable de la intolerancia católica: [No] prohibirás a la mujer de tu prójimo [¿[ni] al marido de tu prójima?].

Prosigamos. El arrepentimiento: «¡Que era así, desgraciados!/ Que padecereis ignominia, sodomía, justicia y castigo/ Públicos e ímprobos/ Y todo se andará o se avendría con su Verbo elocuente contra todos,/ Porque está contra mí el que no quisiera estar conmigo». «¡Que os arrepintierais! Porque vendrá el día». El arrepentimiento, a pagar con la cartera vencida. Gloso, esta vez advierto, por la primera cuarteadura plástica: Esas fechas indecisas que van de boca en boca envenenándonos el ánima, que de tan vagas e inconclusas y al mismo tiempo tan terribles, se te estremece el corazón al conjurarlas y las quisieras apartar, pero son tinieblas que te espantan por el puro miedo de estar pendiente, pendiendo de su soga, dependiente del qué piensa de ti; desde su soga, sometido a los latidos de su sangre; desde su soga, obediente de sus consejas (que te dejarán huérfano, sin herencia seminal); que no podrás asistir ni a tu muerte propia (porque ya no eres tú sino de él, desde su soga). Y desde esa soga cruel e intolerante te impondrán el contubernio de ser tú –o desde él y de ellos– y lo decretarán y lo escribirán Ley. Y al ramalazo de tu grito te habrán roto la boca. Y así por este calvario licencioso, la recompensa eterna ayudará con tu equipaje y se hará ardua, y te pesará como una rueda inmensa sobre tu espalda efímera.

Y cuando se pende o se ha pendido de su soga, el sujeto se deslinda y despoja, y lo que es prenda de alegato lírico propiamente es lo que acosa solo, rémora a rémora con lenguaje de imagen subrepticia airado; no en voluntad: porque «la voluntad es una ley de que se sirven para doblegarnos, y tú ya has sido afanosamente voluntario»; no en consentimiento: porque «consentir es esa vaga paciencia impuesta que te oponen a morir, y tú ya eras consentido por indolente»; no por miedo: porque el miedo es esa inseguridad verde que resbala violeta por tu cuerpo indeciso, y tú ya eras miedoso desde que ese fantasma te buscara en insomnio espeso y envolvente y lloraras casi todas las noches del mundo; no humillado: porque esperas consejo de un humilde «que te humilla por esa misma delectación que es el humillar al humilde hasta que ya no puede más y desaparece», y «tú ya eras humilde y voluntario y consentido por indolente»; no por caridad: porque esa obligación ajena de pedir «se ha convertido en su vergüenza propia de robar»; no por mérito: porque ¿quién merece algo, de alguna cosa o de alguien? O ¿quién no merece algo, de alguna cosa o de alguien? ¿Qué idolatría tan asquerosa es esa de haber o consentir merecimiento o no (que con la negación del merecer también es asqueroso el poder serlo); ni mucho menos arrogante: porque ese arribismo tan sutil y deferente «nos empaña la boca y aún los ojos de tanto repetir el soliloquio: Yo soy yo y soy un único e intransferible, y mi propia muerte, y mi propia vida».

Los espacios astutos del paisaje de espíritu son diversos en el poema y pueden ser íntimos y abstractos pese a la presencia real de los lugares que se nombran, y paisajes de puro espíritu, absortos en la pureza. 1): Y recalcitrante que era que ni siquiera tuvo valor de enfrentarse a las civilas que de pasada se le quedaban mirándole la entrepierna por si volvía a las andadas. Y eso que estuvimos no ya dos sino tres: uno en calonge, otro en calella, otro en barcelona avisándole que de cuajo arrancaríanle las turmas por si acaso se le ocurriera pavonear su sensibilidad primigenia, la más insólita, y no quejó tampoco de sangría. 2): Y taciturno paseábase desde lo de arriba a lo de abajo aún sin ni siquiera notar las cinco presencias, insaciables cinco ánimas ayunas que impedíamos nos lo arrebataran, por si acaso se escapaba buscando una otra sexta que llegó agorera desde baires, y él anduvo cecijunto e insolente, tanto que no quiso gritar cuando sus cuencas aún hilaban un hilillo de sangre y nuestro escrúpulo. Y, 3) Y por si fuera preciso atarlo otra vez a la placenta, vino la quinta ánima desde acayucan, y a la vez, así pues, que a la primera yo sí estuve y el otro y el otro, más el de ligure, y fuimos cinco después; así estuvimos en enredadera voraz platicándole las cuarenta al mancebo de nuestras ánimas, hasta desternillarle de un boquete la sien, recién perforado el lóbulo interior de su memoria.

Una encerrona a muerte de amigotes y compinches poetas con ‘el mancebo de nuestras ánimas’ o [y] la cabeza titular del cristianismo en el cuchitril implacable y desconchado y desierto de la conciencia, es y da el clima en la sombra. La vida ensoberbebe humildad y orgullo, gallos puque, chorreante de sangre y muertos y hecatombes y amores a la segunda caída de Dios Hijo, o a la primera de Dios ante la avara potencia. El cristianismo es históricamente la crónica hipócrita criminal de un atentado fracasado, la apología de un fracaso en términos filosáficos fraude, y a modo de teatrino de la crueldad un baño de sangre y miedo a galope de siglos de jamelgos de oro tirados por travestis de ropón ritual. Al súcubo entonces advenimiento de La Matancera, la poesía es verdad que existe, porque es materia y es sueño la belleza. La verdad y la belleza. La poesía infinita en la multitud de la especie finita y sucesiva.

Octubre nunca pasa («Anotaciones», «Clínico», «Poemas») es poesía (misteriosamente retoma algunos poemas anteriores que Paco transcribe indolente sin modificar prestancia sino contexto, lo que les hace cobrar nuevo significado o vida nueva, y el lector de poesía los reconocerá ‘cambiados por la circunstancia’ al toparlos) desde el umbral conciente de la muerte: su nombre en triple divisional lo indica; eludo la metáfora de la anecdótica. Esta homicida, resentida sombra de logreros que especulan sobre la escasez y la miseria: La rata. He visto al dios de las ratas. Anhelante hocico, ojos, cerdas, negros, rabo, rata succionaba hocico el niño muerto a dentelladas, anhelante, ojos, cerdas, negros, rabo, rata, en presencia de la puta madre. La enfermedad poco a poco terminal como en suspenso, y la mente y la imaginación en delirium tremens de la borrachera de la muerte. O el alucine. Y la fiebre. La partición en «Anotaciones», «Clínico», «Poemas» no es jerárquica pero saja de la jerarquía de la alta gloria pues comparte de un mismo envío impulso creador, y es útil para agilizar y amansar la densidad del sobretono moridor del conjunio poético, así cosmos ella la noción de exogamia me sirve ahora para dar registro a una presencia permanente en esta obra: el erotismo, que va de la celebración de la presencia a la necrofilia o el estallido burbuja de la imagen probeta: «Cuando se oye la zumbalera, sonido que zumba al pasar el aire por el interior hueco de un hueso humano, entonces los machos se lanzan en busca de hembra para depositarse. Y ellas, también, oída la zumbalera, corren abiertas al encuentro del nuevo semen inaudito, extranjero y fantástico». No es de la intención de este prólogo autónomo a las mancas que lo escriben, hablar del erotismo en esta poesía, pero sí darle rápido registro, y a las puertas de la muerte tenderlo vivo. Esta folla en la Tierra ha hecho posible la Humanidad. Leído de un libro sagrado.

Antes de concluir atenderemos estotro: se ha dicho algo (también por ahí, en algún tenderete) en torno a la supuesta alineación de Paco en el plantel titular de Vallejo, autor a quien ciertamente como yo admiraba y con quien comparte como yo muchas cosas pero a cuya experiencia espiritual no es afín ni yo tampoco –y estilísticamente cada quién anda en lo suyo diverso. César Vallejo es poeta del dolor en fondo y Paco poeta trágico, y con esa sustancia de espíritu me callo de esto.

Y me sigo: hay rasgos de estilo acendrados por la muerte que mira de frente al poeta y al revés y como tales merecen breves individuaciones: la ironía, al acecho siempre en esta poesía. El sarcasmo y la rabia. El metafiling del miedo. La proclividad hilarante de súbito en la tragedia. Los peculiares abalorios del juego de palabras… Pero aquí estoy hablando en términos generales y esto es un seguimiento a la evolución de la humanidad lírica montando momento de la obra ya completa de Seguí. Y en el caso de Octubre nunca pasa la tragedia curva caracteres de conciencia. Conciencia y lucidez que son relámpagos entre los desgarrones del delirio; la poesía pisando la raya de la locura, el placer sombrío de lo macabro, raras reminiscencias de Goya, La Elegancia Esperpentácula de Valle Inclán… Aquí está vivo el horror que pintara Revueltas en su visita al leprosario de Guadalajara en México: en este hombre leso pero de canto ileso, como en aquel específico orador entre aquellos de quienes habla, hay conciencia brutal de la enfermedad.

Aún cuando de entrada niegue, Paco Seguí tenía conciencia de la enfermedad –y era camino; y tenía conciencia de la muerte –y era arribo: No estaba preparado para la muerte. Es un sentimiento, primero. Después un pensamiento. El sentimiento es un caballo, o una yegua joven que cocea, intermitente. Se abre como el ala de una enorme águila, se abre como el muslo de la yegua al ser penetrado, se encoge y repliega como los estambres al atardecer. Es una volatería pertinaz, y una jauría a las que han disparado una sarta de fantasmas de plomo. Hasta voces tiene. Pero no se oyen, no se inhala el aleteo que provoca, ni el rugir, al pensamiento. // Teeto habla del conocimiento y Platón pone en boca de Sócrates qué es el conocimiento. El de la muerte.

Y me digo: ¿Sócrates estuvo preparado para morir? Quién sabe; pero fue conciente, eso es seguro, del conocimiento muerte. Y por cercanía con Paco, Bartra: pero aquel desfiladero de nacer predispuesto a la muerte, no… Retóricas del consenso vitalista del sentimiento: tú tomas conciencia del conocimiento muerte; la enfermedad irracional se va por el viaducto irremediable del pensamiento muerte, agua que desemboca agua de otro sol. Germán Gaudisa pudo vislumbrar la llegada de la muerte cuando me llamó antes de morir, porque estaba siempre en vísperas. Mas no obtuvo la lucidez por el reflejo sentimental –todo él era sentimiento– de ese tiempo que se le acercaba, ni visceral sentido con pelos y señales de identificación moral. No. Germán Gaudisa se anticipó a su muerte hablándole desde el pensamiento, desde ese compromiso de él con la palabra, con la bocanada de la vida en plena efervescencia.

No espantas a la muerte con sarcasmos, pero tampoco nos espanta. Esta sabiduría es conciencia plena de la muerte, y esta escritura última es hija de esa conciencia y de su delirio tremendo. «Yo, que escribo por obsesiones, por nebulosas pintarrajeadas, acalorado. Masa de jugo gelatinoso, sanguinolento mas locuaz. El estampido, la tos, la flatulencia, música rota y rata de corrido, canto agorero, sonámbulo, balbuciente. El abuelo Luiso: Eres de perra, niño. Y machacó martillo hasta cinco cabezas gato: Los mato porque no puedo darles de comer. El dios Marte de Marta. Que me preguntó qué era el hambre, la destrucción del hambre. La guerra Marta, tan ella, tan pálida, tan sus ojos de miel» –aquí ya no sé si cito literal o de memoria o si ya entrado en verso reescribo o plagio. Las muestras de la presencia del amor como esta última paterna son escasas pero indican un valor desde o frente a la muerte: el amor es también final acicate y probablemente lo apresura. La luz, el entorno de luz, blanca. El almidón, la suave sábana para cubrir, oh amor, tu cuerpo desnudo. El amor y su crítica: la hipócrita sensatez que nos ama.

Morir en la poesía es propósito de vida y alcanzarlo gloriar un destino. Los flashes patálicos que por sorpresa lo abordan (¿qué hacen los muertos en la muerte –que es y no es racimo?), retrotraen su de dos dedos tenaz frentamiento con la cabecera municipal de La Cristiada, en rangos de los de sobra y menosprecio a los de finiquitar. «Entonces, ella arropó ausente la voz del victimario, arropó la serpiente y le abrió los ojos desde la oscuridad de Pátalo-Tiresias, a pesar del peligro. Y desde la comisura de la ventana oscilaron reconociéndose. Y ambos yacieron sobre la loma del mundo, bajo el cedro, sobre todas las noches. Ite misa est». La fundición de ambos mitos (aunque Pátalo tenga más de icono que de mito) al finir el rito crístico da muerte católica, ecuménica, a dos individualidades separadas por los pueblos y el tiempo, que aquí son ya Uno: uno, un solo oráculo atrás mano, monosexual en lo sexual y bíceps, y en lo ético negación de un destino solitario por afirmación de otro mutuo pero mortal. El sacerdote-sacerdotisa agorero simbólico poeta de los dioses, y el Hijo virtual de Dios –amante de María Él y el Otro también. Metáfora irrecurrente, impersonal, fuera de circuito resurreccional…

Y es que las resurrecciones no se alcanzan por mutuo consentimiento. Sólo por la inmovilidad definitoria mortal pueden desprenderse dos oráculos en Uno, y sus viejos yo yacer cadáveres bajo el césped y las rosas de la luna de octubre. Octubre es ahora el mes más cruel. 46 de octubre. Octubre nunca pasa.
Pero la agonía de un ciclo tiene su corona en Pátalo.

Pátalo es prodigiosamente una novela de poeta. Corona acrónica el ciclo poético De la presencia al estallido, es única del autor en un género distinto a la lírica y tiene su contracanto, sobre todo, en los versos por pie de ritmo quebrado agilísimos de Prohibido amar las cucarachas (que pudiendo ser su consecuencia extrañamente y por mucho le preceden) y su antecedente publicado en De Ánima Vilis. En el conjunto de este ciclo Seguí des(y no de)construye para aniquilar una fe: la cristiana por la base en su vertiente católica, pero en Pátalo acomete una biografía laica, al mismo tiempo mágica, esotérica y satírica de Cristo, para quien ya me dirás tú incluso ficta no hay piedad. Se trata, oigámoslo aquí, de un grito desesperanzado y nihilista desde las gargantas oscuras de la inocencia, y la confirmación de esto: la ética cristiana no soporta la menor confrontación con la realidad. Fuera de tal sacudimiento de encima de un rito suplantador del mito en el alma de un pueblo de la asunción del misterio en el logismo conocido como religiosidad (corresponde realmente a la conciencia del cosmos, y desde luego a la de la especie frentada a su digámosle todavía destino), la novela ejerce la libertad absoluta del lenguaje (esplendor por el cual Pound viera en Joyce al abigarrado escritor de lo estricto) y despliega a punta de imagen una galería de personajes cuyo crédito cobra sólo de su propia estirpe: tales Epafrodito, Paulino o Empecinado –símbolos de liturgia rancia o, en el último caso botón de lúgubres vindicaciones populares. La alegoría de la segunda parte del poema perdido de Filipo Miamor (que por homenaje insepulto hace radicar en la memoria de Villon), opone al ecumenismo presunt[u]o[so] del credo católico la universalidad verdadera de la poesía: a la creencia que acosa y derriba, la creación, instrumental y de vida, del amor y la muerte. Desdoblada por punta implícita en la más sarcástica crítica contemporánea de la llamada «transición a la democracia» [española] que se haya escrito uno por uno en fondo, Pátalo es entre otras cosas la novela de la liberación espiritual de la España de fin de milenio •

 

Barcelona, enero de 2000
[Revisión, 11-24/09/2026] •

 

Muestra •

 

De Prohibido amar las cucarachas

                         cero

Son desconchones estas lápidas vivas
donde se entierra el tiempo
                                           dos tres siglos
y mi historia quemada espejos y chispazos
es una vida ardiendo
                                 dos tres siglos
de sífilis y drogas
                            para la vida sentimental
restos de cajetillas y trapos
                                           desconchones las lápidas
el aire íntimo del paseo nocturno las linternas
                                                    repollos
                                                                   cascarones
                                                     dos tres siglos
de palabras vacías
vociferantes bocas apelmazadas
                                                   y mi historia repito
quemada con lentes en aumento
mi cabeza esta pulpa de restos de un naufragio
la niebla vomitona
                              en el puerto
                                                   el salitre
la nave descubierta
                               estampido
                                                 el trallazo
                                                                  y la soga
Qué me pides del caos
dos mil palabras que se rompen la música.

 

                                  B

Calentarse con el dolor del alacrán
Alrededor del fuego y las pinzas del alacrán y otros
                                       niños del alacrán con agujas
Pinchándose
Quemándose la casa
Y ardiendo el nogal de un letrero humano:
Se autoconsuela al crepitar de hojas y de avispas.

 

                                     C

Pienso otra vez: no existe la belleza
Belleza del corazón
Sin un sexto sentido de difunto

 

                                     E

Mis hermanos
                        Como siempre
Mis queridos hermanos.
                                       Hoy tengo que irme: adiós.
La calle
              A la calle vais a ir todos los hermanos
Del mundo.
                    Todos los queridísimos hermanos del mundo.
Incendiar las maravillosas luces de metal y los girasoles del trópico.
Calentar un poco lo aglutinante.
Vais a reventar como unos topos de porcelana.

 

                                                 UNO

La historia la piedad lo sagrado
Tres términos alucinantes que la muerte convoca
Elevando en el hombre el rito a la grandeza

El cuerpo y el amor
Delicadamente se enlazan
Forman líneas y espacios
Ámbitos
                Huecos

Sus presencias malditas adorables
Exclamaciones vivas

Se van perdiendo contornos y piedras que señalan
Deliciosamente música

La armonía del ocaso que reluce conforme a la belleza
Nos apaga la luz
Nos cierra el párpado solemnemente
Como un rito que la muerte rinde de préstamo a la vida
La oscuridad de pronto que hace posible el resplandor de lo vivido •

 

De Embriaguez de la sombra

                                   •

Si quieres, yo te inundo de arañazos y dientes.
Si quisieras, te abriría dando voces al sueño.
Tú no sabes que tiemblo cuando pienso en tu vientre,
porque una gota de esperma te abrasaría los labios.

                                       ••

Si quieres, cuando vengas a dormir en mi aliento
unas garras terribles te arrancarán de cuajo
y unas alas enormes te envolverán los muslos •

 

De Avara presencia

 

1

Se despierta, se agita de placer
Insomne aún, callado y aturdido
En un silencio muerto de rosal
Troceado, de pocas o aparentes
Emociones conscientes desmembradas
Hacia un color envenenado y desierto.

Caída la almohada, la mecedora
Insiste dando cobijo al aire,
Y el vacío que queda entre la almohada
Y el rosal, entre el placer y el sueño,
Con lesa fragilidad se desplaza
Y se esparce y ni las sábanas quema.

 

ROMA-1976

                                             A Rafael Alberti,
                                                 María Teresa León

1

A Roma le pusieron una alfombra
De laurel en la mirada, y unos dedos
Romos para templar el arpa.
La sementera la cuidan en la alegría
Del trastevere, por las calles bajas.
Al lado del coliseo nos dieron
Simiente de retama y nos subimos
Al raso del arco con el agua
Hasta la frescura verde de la villa borguese
A la mañana. Nos dieron pan y miel
Y bronceados de araña, insecto tembloroso
Al atardecer, rosas blancas y rosas amarillas,
Fachadas pardas, rojas y un murmullo de agua
En rincones nocturnos. Un alba de recién
Llegados por las cuestas largas hacia vía venetto,
Arrumbando los sueños, sintiendo que esas calles
Nos llenan de intensos latidos las gargantas.
En un ir y venir aceras grises, pardos
Oscuros las entradas, los dinteles, cornisas,
La malva escalinata al monumento regio
Descomunal como romano altivo
Con ademanes habla.

2

La larga marcha de peregrinos sórdidos a envenenar
De verde, sus diminutos puntos, la ancha plaza
Del vaticano como otras plazas y plazas de columnas vastísimas
Donde palomas blancas y grises pavonean la espera
Del balcón romano, la salida en punto del monarca
De dios, el hierofante alma contoneándose
En oro y plata finos hasta los pies de lechuguinos oros,
Zapatitos diamante y báculo de escarcha,
Escarcha roja que dora la inhumana riqueza
Y la humana miseria que lo adora. Una tiara
En bordados de rica trama diamantina
Y leves perlas y bucles áureos y argentas alianzas
En escuálidos meñiques. Bronces de sangre añoran
Incruentas rapiñas.
Pero la tierra y el hombre
Son una sombra ancha y larga para tragar de impulso
Semejante grandeza. El romano es pequeño
Mas adusto y lo alberga de laurel en la mirada,
Aunque el odio del fuerte lo avasalle, la fiesta
Que lo alarga hasta las noches núbiles
Complace la miseria de su vida
Con ese resplandor que mitiga su alma
Y cree que la ennoblece, mas la apaga.
Es la humana sordidez que lo adora •

 

De Poemas del indolente

 

El corazón blanco.
El ánimo desnudo
Afónica la voz extraña.

Ya no nos sirve estar
Ausentes
Y deambular insolencia la nada.

Hacia dónde tenemos que partir.
Cuántos sois.
De qué milagro origen.

Tu palabra, alma de posesión que es única
A sobresaltos inicia cautiverio de ser:
Lo copula
E intransigente aprieta su dureza al vacío
Y lo allana y vitupera.

Aunque aterido y desgajado
Se desdobla en voces vírgenes
(Es un balcón cualquiera
Dos patas azulíneas hubieran embebido
Aquel asesinato)
: Las que te rompen, esquilman, tactas
Porque te envenenan una forma no
Porque lamieron de cada ejecución una orgía
Hasta el coágulo de quedarte a solas.

Y arrancas desde el hueso del alma que te aterra
De tu insolencia el fuego,
Apasionado y loco
Ante y sobre y desde todo lo que existe.

 

                          Óyeme Jacinto.
La nueva casa del delantal
Con flores. Óyeme.
La sarna y en octubre el veneno.
Casi un dios sofocado con el látigo
De otro dios
Efímero:
Las memorias oh diosa
De una aduanera en noches como globos
Cuando lamimos el cordón umbílico
¿Te acongojas?
¿Ves al perro?
No el eclipse entre dientes
Una sonora imbecilidad sino
¿Tienes miedo?
No el eclipse que incogimos
Gritada efervescente del agua de su boca.
Meándose.

Y yo muerdo mi silencio
Como comió su espasmo,
Ahogándose por otro miedo enorme:
Ateridos.

(Las adolescentes tienen cara de perro
Y se lamen como los perros
Y se masturban como los perros.

Una noche el tobogán se puso
A abrinconar
Sobre sus plataformas metálicas
Y las lesbianas
Hacían mover sus senos
Acercando los pezones en barandillas
Eléctricas.
Eso ocurrió en verano
Y en la lengua de todos)

 

                                           II
                                 UN VIENTRE

Otro de los misterios era,
Anodinamente,
La opacidad de las paredes vuestras,
Nuestras quizá, neutra toda la ceniza
Y dijera: Premura de la entraña
No te has ido.

Y fuiste capaz de sonreír
O tu cinismo
¿Por delación?
Con la cadena de hierro
En la garganta
Abrió la boca del alfiler
Desde el paladar a la lengua.

Y la cerramos
(Que a todos nos delata)
Debajo de las sábanas violeta
La desesperación calienta el homicidio
(Otra vez no nos dejes)
Oh, amor, en dentadura postiza
Qué besas:
Un colmillo del difunto mañana
Una muela del oropel que presume la caries.
Oh, animal, su blancura te ciega.

Te van a cercenar los pies
Y desde su misericordia te vagínan–
Se
Porque han visto el fondo donde te desnudas
Conocen el sabor de tus ojos
Y acabarán desparramándote.
Es la hipócrita sensatez que nos ama
(A pesar de tu grandeza
Aquella navaja que sube desde el vientre
Abriéndote –a pesar de tu boca–
Hasta tu boca)
Y aún chuparás que te amamanten
Con la ausencia que alegora la vida
Que trepa y te abandona.

A veces el sopor de la memoria se te enfría.

Si al menos, entre todos los cuerpos
Escapara un sentimiento de ternura.
Si aún quedara entre las sábanas
Ese tacto senil que envenena la sangre.
¿Es posible el milagro del amor?

 

                                A Florentino Huerga

La Amanecida
Cuando el agua comienza de su volumen abisal
A destruir
Corazón de la marea
Un remoto sentimiento de impotencia
Anega devorándonos: trepanación
De un universo alimentándose
De alevosos homicidios en cadena
–A medida que el agua te cubre poco a poco–
Inoculan,
Cuando todo es silencioso y siniestro,
La siembra del amor,
Desde la cósmica inmensidad que nos arroja.

Y sobre todo aquel, recuerdas,
Que me detuvo los ojos
Por otear el inmenso
(Sam Peckimpah)
Trallazo de la muerte.
El que me devolvió
A los orígenes
(Ojos también la nada)
De mi indolente páncreas
Agónico.

 

                                 A Francisco Sitjà Príncipe

O el lugar que desestimas por inocuo
En contra de nariz: lo hueles
Y los huecos que encontramos deshilvanadamente
Dentro de la furia
O para simplemente ajeno
Cuando supimos que vendrían
Por el desasosiego
O desintoxicó-
                          Se
Deliberadamente.
Incólume tu cuerpo
Años ha, tiempo al aire,
Despavorido, inicuo
–Lo que tanto te amabas–
Hasta que no pudimos o desmesuradamente
No quisimos, lerdo estúpido
Y te acojonaste en plena bacanal
(Reticentemente expresos)
De alta melodía, qué gracia
(Qué ademán o qué facha)
Y dónde estábamos de esos lisonjeros
Estímulos para orinarnos
Dentro de esa nada que provoca la nada
Para aliviarnos iconoclastas del no
(Impertérritos por si ocurriera de nuevo)
Porque se puede –amigo, no in sino icono–
Amar toda la existencia
Que desranca en propio ser
La intimidad del ojo o el culo de la rosa:
La difteria.

 

                               Para Ramón Hervás

Pasos vacilantes hasta el chasquido
Próximo. La alondra desolada
Que cae súbito la sangre negra,
Abarcándonos más allá y tan próxima
Y aún más allá sobre y desde encima
Acusándonos
Vientre abriéndose:
Una alondra cárdena que a todos,
Sobre todo y desde todo nos vomita

(Ah, si la presencia fuera un súbito
Nada más): No nos preguntarías lo que
Acerca más tercamente aún
La muerte de la vida tan próxima,
Errante boca alenguada y abierta,
O que nos pidieran hambre de basura,
Racimos de mierda que sobresalen
A flor de miel, a polen, desmadejados,
Sueltos salpicándonos desde todos
Los tejados del mundo, orinándose.

No nos preguntarías aquello que
Acerca más tercamente aún
Los labios a la siembra, vida errante,
Ala, boca abierta de la alondra súbito,
De la parda sombra más allá de la
Noche muerta, más tercamente aún
La alondra alicortada, decapitada,
Que todavía tiembla tu carne
Abierta, gota a gota descolgándose
La mancha de la parda tierra porque
Retienes el acento ancestral y que
Jamás has vuelto a devolver la torpe
Voz, al lugar encendido la palabra,
A la fiesta opípara de toda
Vuestra mierda: Aquella presencia
A la sombra del eucalipto son
Crepuscular
Huraño y colérico,
Abriéndote de costal a costal,
Empedernido centinela de niebla,
Acurrucado y tembloroso para el
Pánico y el terror de todos defe-
Cándose, empecinados a ti:
El honor, la nobleza y el orgullo
A la huida de alondra, madrugada,
A la caza de alondra, madrugada
Y despierta por el frío, el miedo,
Acusándonos más tercamente aún
(Que hubieras estado dispuesto a dispararme)
La muerte de la vida tan próxima
(Aunque llevara un ramillete de violetas)
La muerte de la mierda tan próxima
(Recién arrancadas de toda vuestra tumba)
La sangre de la vida que os espanta •

 

De Mundo estupidera

 

RELEYENDO
A CÉSAR VALLEJO,
VALLEJADO
[Calonge, 1986]

Emigrado, sostenido según
Él, desde el ángulo con una vasta
                                              Visión.
Lento cuerpo yéndose, negra
La baranda, por el remo, gritándonos
Que no se asome nadie. El cuerpo plateado de figura,
Cuerpo de posesión
Es sólo el grito mío
O alguien mató, calor, la silla
–Que se deja entrever–
Que no se agrieta
Él, muerto,
                  sentado no amará
La noche
Y yo desierto blanco contra un cuerpo.
Muerto él, tú nunca,
                             voz o terco sonido aún,
Pasto de jauría.
Sentado no podrá la noche,
Abrasado, alas con que salir derrota
Hacia otro punto,
                          Indefenso,
Oscuro vasto sentido de la cópula,
Pasto de una sola palabra

Punteado los ojos, sifilítico,
Otra Noche,
Yo nunca
               Que no se mude nadie
Que no se mude erecto limpio y báculo.
Contémplanos
A los ojos, otra noche,
Desde esta noche,
Desde todas las noches abrasado,
Si vivieras •

 

De Octubre nunca pasa

 

POEMA

Si supiéramos la cantidad de miedos
que repetimos,
                          que lanzamos sobre
                           la cara despavorida
de la memoria,
y torturándola así de espantos
adivináramos de quién es el rostro
que se nos avecina
de entre todas las bocas
en el sueño:
                    Por cuánto,
                     por cuál nos decantamos
tú espina de la noche:
                                             Que el tú
                                             que el mono diletante
                                             que la boquita roja
                                             que la alegría
                                             que el yo
                                             que la alegría
                                             que el tú
                                             que el mono diletante
                                             que la boquita roja.

 

La rata. He visto al dios
de las ratas. Anhelante hocico,
ojos, cerdas, negros,
rabo, rata
succionaba hocico
                               el niño muerto
a dentelladas, anhelante,
ojos, cerdas, negros,
rabo, rata,
en presencia
                     de la puta madre.

 

La casa de los hijos de la santa
íncuba.
La casa de la lujuria.
Los gemidos de los deshauciados,
                        de los sin sangre
y los eruptos anales
                            expansión del espasmo
antes de exhalar su tremenda vida.

 

Porque aquí se asombra uno hasta del vuelo
aquel,
el que voló misántropo su pascua
a pesar de tu vómito.

Y esa miseria posiblemente sea una vaca,
un cerdo
y hasta se nos hubiera podido escarnecer
sin delito,
incluso se nos hubiera podido
ahorcar,
o agarrotar,
o decapitar
sin odio, sin malquerencia alguna,
por un capricho solo, ancestral
como un vahído.

(Acababan de sacar dos lagartijas
de las orejas del tembloroso delincuente)

O cuando te pusieron alquitrán
dentro de la boca
y no sabías cuál de todas era la más
displicente.
Sólo un vasito de agua
cuando te querían poseer el sentimiento
(el escondido)
en mitad de la cópula
(gato ella
o perra la costumbre)

 

ANOTACIÓN

Es la enfermedad, y nosotros apósitos. La puta enfermedad, la entrañable y puerca enfermedad.
Nacemos enfermos, monos enfermos, nos dejó escrito
Umanno. Sinónimo de enfermo.

 

La luz, el entorno de luz, blanca. El almidón, la suave sábana para cubrir, oh amor, tu cuerpo desnudo. Teresa de Silencio. La mirada, blanca. Labios rojos. Cuarenta días sin besar la boca carnosa, abiertos los labios como esponjas cárdenas. Sólo la piel. Los labios rojos. Que el yo. Que la alegría. Que el mono diletante. Que el tú. Que la boquita roja.

 

CLÍNICO

Desde que me introdujeron, una retahila de traumas, transfusiones, inhalaciones: El de la cabeza cana que gesticulaba y se regodeaba de cintura para arriba oteando ansias por los ojos. Ansias de vivir. Atónito. Oteándonos.
Y el incandescente intolerante que quería avasallar con sus manazas y sus piesazos todas las horas de todos los apositeros, porque éramos apósitos de la Enfermedad total, de la blasfemia enmaculada de la vida. Mácula. La cárcel que pesa en nuestro pozo. Enmaculados.
Los puntitos en las diez yemas de los dedos, hasta cuarenta en cada una para sonsacar las gotas de la azucarera del apósito.
La fiebre consuetudinaria del calentor invertebrado de la pachanga corporal. El mercurio. El dios mercurio. Marte, sí, el de la guerra. Mercurio –preguntó Marta, la princesa. En ese momento de desconcierto ni acerté a inventar, siquiera, el rey del frío, del desaliento, que tampoco se lo creyó. Marta que me preguntó por dónde me abrirían. Y zas, el tajo, el tapón afuera y recosido el hepático del pathos. Así, zanjado.
Él venía cuando quería, lo quería o lo necesitaba o él sabe qué, con ese estímulo que lo hace adorable y amado. Isaac.
Todo vuelco del corazón, el hervidero, la consanguinidad, sin tapujos.
La biopsia, cuando las dos punzadas. Él vino, pero no sabía de ese dolor. Tampoco yo, ni el que nos agujerea bien de espina. Un descubrimiento rencoroso, malva y blanco, depositado yo por la ventana. Yo que escribo por obsesiones, por nebulosas pintarrajeadas, acalorado. Fue casual la atemperancia del ánimo, o a causa de su temperamento. El de Isaac, informal y entredicho pero sano, tierno.
La endoscopia. Masa de jugo gelatinoso sanguinolento mas locuaz. Indagar. Indagar en las raíces. Lombrices, úlceras, várices exofocales, miasmas, líquenes, restos de un naufragio, el estampido, la tos, la flatulencia, música rota y rata de corrido, canto agorero, sonámbulo, balbuciente.

POEMA

Le han suspendido la voz
y no sé hasta qué femoral van a dejarlo ciego:
La suya o la mía o la del otro:
Avísame cuando te abran en canal
e iremos los tres a vomitarla.

CLÍNICO

La vena que hílante hasta el corazón. Hasta el perro corazón. La yugular que te la inhilan hasta el cerebro. Hasta la perra cabeza. Cabeza de perro, de can caníbal, can inhilado. Cannis. Caínes. Cainíticos.
La femoral que hílante hasta el hígado. Hasta el hígado perro al que muerden los caínicos.
El abuelo Luiso: Eres de perra, niño. Y machacó martillo la baranda hasta cinco cabezas gato y dijo: Los mato porque no puedo darles de comer. El dios Marte de Marta. Que me preguntó qué era el hambre, la destrucción del hambre. La guerra marta, tan ella, tan pálida, tan sus ojos de miel.

CLÍNICO

La vena que hílante hasta el corazón. Hasta el perro corazón. La yugular que te la inhilan hasta el cerebro. Hasta la perra cabeza. Cabeza de perro, de can caníbal, can inhilado. Cannis. Caínes. Cainíticos.
La femoral que hílante hasta el hígado. Hasta el hígado perro al que muerden los caínicos.
El abuelo Luiso: Eres de perra, niño. Y machacó martillo la baranda hasta cinco cabezas gato y dijo: Los mato porque no puedo darles de comer. El dios Marte de Marta. Que me preguntó qué era el hambre, la destrucción del hambre. La guerra marta, tan ella, tan pálida, tan sus ojos de miel.

 

POEMA

Octubre, como te dije, nunca pasa.

Él te había observado el semblante macilento
cuando te dijo que no.
Y su semblante frío
cuando tú también le dijiste que no.

Quelno. Quelyó. Queltú.

Y te lo refería desde el tridente de la baranda
de la terraza roja.

Y apretaste su mano lacerada
pero él no apretó la tuya:
Y se mordió de la memoria el dedo yugular
porque, acerado, no podía
apartar sus ojos de tu vientre,
y porque tú no querías que el temblor de tus labios
te delatara las ganas de saltar sobre su hocico,
que te entrara a degüello
y extenuarlo otra vez despavorido.

Porque no tenía el corazón en la boca
como la primera vez.
Ni tú podías anudarlo
como la primera vez
a tus entrañas.

No me mirasteis ni una vez siquiera.

 

CLÍNICO

La vena, que te la abren y te la penetran como si te violaran. La yugular, que te la abren y te la penetran como si te eyacularan.
La femoral, que te la abren y te la penetran.
La vena, la yugular, la femoral que te las inhilan y espatarran y te las penetran como si te incendiaran por todo el organismo orgiástico, alucinante. Lastimosamente expuesto al hambre del logrero, del homicida consentido, del milagroso, del puro, del consciente, del sabio blanco que especula, santo, sobre la escasez del huérfano apósito y de su ignorancia. Y dice que nos salva. Y expolia tu sentimiento. Expolio. De tu pensamiento. De nuestro origen vivo-muerto, sin dejar de vivir, inconsciente, irracional, el dios rata, el dios perro, expansión, eclosión, antes de inhilar la tremenda herida. Tú. Que el tú. Que el yo. Que el mono diletante. Que la boquita roja.

“Y yació allí, sobre la loma, bajo
el cedro”.
E. P.

Lo había contado, el XX. El régimen de uno y otro. Veinte intervenciones u oclusiones, aberturas desde la nostalgia, sobre la loma. Según el médico de turno. Sólo por inmovilidad pueden desprenderse los oráculos. Tiresias tenía una voz y una serpiente. Pátalo entretuvo los ojos y la serpiente, pero prosopopeyó la voz y la inundó de ánima. El médico de guardia no quería despeinar su socarronería nocturna y esta lo sobresaltó: Otra ingestión de bilis. Ánima vilis, decía. Pero eran la náusea y el ser y la nada de la dictadura del proletariado. Por eso lo andaban buscando por si de veras hubiera desmejorado en su último invierno, desde su errante carrera fantasmal y alocada, en la noche de los cristales rotos. Entonces, ella arropó ausente la voz del victimario, arropó la serpiente y le abrió los ojos desde la oscuridad de Pátalo-Tiresias, a pesar del peligro. Y desde la comisura de la ventana oscilaron reconociéndose. Y ambos yacieron sobre la loma del mundo, bajo el cedro, sobre todas las noches. Ite misa est.

Acababa de socarrarme una várice tras otra, en la parte interoanterior del esófago, en la pared inflamada de los amantes de la casa de la lujuria. El dinero que apesta a los infames. El blanco. La luz blanca. Chamuscado. Hepatético.

 

ANOTACIÓN-CLÍNICO

Estará cabalgando entre el puerto y la acometida sin recibir aliento, mensaje yugular y nódulo necrótico, abierto al aire. Llamará para cerciorarse. Y su voz apagada, aguardentosa y rala despertará sublimidades heterodoxas en los oídos vírgenes de la boquita roja. Entonces se abrirán las fauces de la infamia y la canalla fantasmal seguirá el cortejo festivo de la insurrección. Se oirán el tableteo de la ametralladora y las corridas sibilinas de los asesinos, ramblas abajo, ramos de terciopelo granate al revuelo del aire y pétalos blancos, amarillos, negros, hacia el gobierno militar. Él, herido también del hígado, embalsamado repetía con fruición: los asesinaron: uno en el frente de Madrid, otro en las atarazanas. Se acabó la honradez. Así lo contó el amigo conspirador de ambas masacres.
El otro hizo el resto, porque viendo la luz cegadora ensayó un cristo con todos los atributos de su investidura: Una cruz y un rostro: La cantina cantinela de los beodos y sus harapientas congojas envueltas en plumas y brocados en oro, incienso y mirra eternos y viscerales, y debajo de sus túnicas logreras amasaban la esperma flaca sin destino real donde abrigarse. Y creó del celibato la hombría y la mujería, alegoría primera, antecesora por milenios de la cristiada pablera y simónica. Hasta el aquelarre.

 

ANOTACIÓN
(Sobre La Escritura
Interrumpida
De un
Relato Que Estaba Yo
Hilvanando Cuando
Me
Ingresaron)

Tuvimos que interrumpir la travesía desde Calella de la costa hasta nuestra tierra de promisión. Y nos pusimos a varear, o algo así. La espuma blanca, la piel cetácea de la mar. Las batas blancas. El Clínico con las quintas hemivértebras, y la del sordo y la de la galería de los presos políticos. La de los expedientados. Y descubrí que nuestros padres pudieron haberse conocido en su guerra cruenta e incivil, en Puebla de Valverde y Puerto Escandón. Ya hubo, pues, otro acercamiento abisal entre tú y yo. Pero estábamos en esa capilla seminal donde se inguardan los coletazos del ansia y la tremenda desazón de la hemorragia.
Estaba relatando nuestra travesía y nos hallábamos, anacrónicamente, asomados al aquelarre de la intolerancia fantasmal y alucinatoria. Aquelarre que removía la historia de la humanidad y deshacía las imposturas de los impostores que bendecía Roma, que torturaba a los que creían en dios y no en la iglesia de ellos. Esa iglesia que otorgaba el poder de los asesinatos, fueran masivos, fueran indivisos, fueran indecentes e incluso infames. Crímenes a coto y caza, a acoso y exterminio, que lo fueron.
Amparados en la ignorancia medrosa, entre el temor y el terror consensuados por las plegarias devotas de la clericalla, y de los hisoperos. Hizoperros, e llegaron a aventajar, e más aún insuflar a los resurgentes nazionalistas.
Nosotros, ebrios de terraqueidad, removíamos sus esqueletos.
El caso es que interrumpió este colapso hepatético, cual iconoclasta fidedigno de mi naturaleza, una travesía abisal y legendaria. Y anclamos en mitad de la marea cetácea con aquella esperanza de oír, otear, anhelantes, desde el fondo de la mar, otra vez y con más ímpetu a la Venosa.

 

POEMA

La mosca se detuvo en el labio.
Dejó un puntito negro
y voló y voló hacia la eternidad.

• • • •

Milagro: Lo han visto suplicar por una estatua.
                Lo han visto llorar por una catedral.

Milagro: A todos los ricos del mundo los operan de la próstata.
                A todos los pobres del mundo los operan de por vida.
                  A todos los adolescentes del mundo los operan del glande.
                    A todas las adolescentes del mundo las operan del clítoris.

El gran milagro del mundo
consiste en creer en lo que se cree •

 

De De Ánima Vilis

Este epílogo (o inicio de epítalo) está dedicado como testimonio de un poeta mexicano a un amigo. O del revés
A ORLANDO GUILLÉN

 

1

Habría sido una pantomima si no hubiera,
De aquellos que asistimos, abiértonos el ánima.
Como si nos deletreara: Racimo de minúsculas
Puntitas de pezones granate, incrustados de punto
De la frente en derredor en carne viva y sus ávidos ojos.

Y nos lo dijo como cuando te vomitan un erupto después,
Como decreto de alta alevosía jurídica y pagana
Que se le atribuyó de sí un si es no es muy relamido
Y por la conjurrencia placídica, ágora ahora de la fiesta
Y agapeda;
Y atribuyósele, también, la toda su conciencia y ser la única
Conciencia universal que todos acatar teníamos por la Razón
O desRazón del que nos hizo gala y gula, que aún bendijo
Que si no fuera por ÉL
Ahora estaríamos desnutriditos de ánima
Y hasta ayunos. ¡Qué pasma!

(¡Que era así, desgraciados!
Que padecereis ignominia, sodomía, justicia y castigo
Públicos e ímprobos
Y todo se andará o se avendría con su Verbo elocuente contra todos,
Porque está contra mí el que no quisiera estar conmigo)

Porque su intolerancia universal no nos dejaba dormir,
Ni fornicar, ni masturbarnos, ni escondernos
En ese ratito de felicidad que dicen es imaginar una minúscula
Emoción de sentirse un poquito asombrado.

De un mortal descubrimiento, así de diminuto, que dicen es
Fantasear una irrisoria caricia que, de tan leve, apenas
Ha el recuerdo, tan niebla.
Y con la punta del dedo meñique sin llegar
-Ni soñando en pequeño- a dejar una huella, un roce
En el inmenso desierto de la arena caliente que nos quema.

(¡Que era así, desgraciados! Nos dijeron después
De un largo e inveterado compromiso que nos avino
Desde la eyaculación divina hasta nuestros tiempos
Que corren como un antídoto, un preservativo
Que desecara los miserables espermatozoos que la esperma vivía,
Contra todos y contra nosotros mismos.

¡Que os arrepintierais! Porque vendrá el día)
Esas fechas indecisas que van de boca en boca
Envenenándonos el ánima, que de tan vagas e inconclusas
Y al mismo tiempo tan terribles, se te estremece el corazón
Al conjurarlas y las quisieras apartar, pero son tinieblas
Que te espantan por el puro miedo de estar pendiente,
Pendiendo de su soga, dependiente del qué piensa de ti,
Desde su soga,
Sometido a los latidos de su sangre,
Desde su soga,
Obediente de sus consejas (Que te dejarán huérfano,
Que te dejarán sin herencia
Seminal,
Que no podrás asistir ni a tu muerte propia,
Porque ya no eres tú, sino de Él,
Desde su soga).
Y desde esa soga cruel e intolerante te impondrán
El contubernio de ser tú
-O desde Él y de ellos-
Y lo decretarán y escribirán Ley
(Porque está contra mí el que no quisiera estar conmigo)
Y al ramalazo de tu grito te habrán roto la boca.

Y así, por este calvario licencioso,
Que no de Él o de ellos si lo fuera,
La recompensa eterna ayudará con tu equipaje y se hará ardua
Y te pesará como una rueda inmensa sobre tu espalda efímera.

(¡Que será así, desgraciados!) Y sigue rémora a la rémora
Y pierdes paso y peso y nunca pasas.
Y desde que, desde su soga, pendieras: No en voluntad
-Porque la voluntad es una ley que se sirven para doblegarnos
Y tú ya has sido afanosamente voluntario.

Y desde que, desde su soga pendieras: No en consentimiento
-Porque consentir es esa vaga paciencia impuesta que te oponen a morir
Y tú ya eras consentido por indolente.

Y desde que, desde su soga, pendieras: No por miedo
-Porque el miedo es esa inseguridad verde que resbala
Luego en violeta, a cada instante, por tu cuerpo indeciso
Y tú ya eras miedoso desde que ese fantasma te viniera en insomnio
A buscarte espeso y envolvente y que lloraras
Casi todas las noches del mundo.

Y desde que, desde su soga, pendieras: No humillado
-Porque si de verdad consejo aguardas de un humilde
Que te humilla por esa misma deleitación que es el humillar
Hasta que ya no puede más y desaparece,
Tú ya eras humilde y voluntario y consentido por indolente.

Y desde que, desde su soga pendieras: No por caridad
-Porque esa obligación ajena de pedir se ha convertido
En su vergüenza propia de robar.
Tú ya eras pedigüeño e incluso más caritativo cuando invitabas al ágape
Que no era de nadie porque todo es de nadie
A todos los pedigüeños del mundo.

Y desde que, desde su soga pendieras: No por mérito
-Porque ¿Quién merece algo, de alguna cosa, o de alguien?
¿O Quién no merece algo, de alguna cosa, o de alguien?
¿Qué es eso del merecer? ¿Qué idolatría tan asquerosa
Es esa de haber o consentir merecimiento, o no
(Que con la negación del merecer también es asqueroso el poder serlo)?

Y desde que, desde su soga, pendieras: No arrogante
-Porque ese arribismo tan sutil y deferente nos empaña la boca
Y aún los ojos de tanto repetir el soliloquio. Yo soy yo y soy
Un único e intransferible, y mi propia muerte, y mi propia vida.
Quiero vivir mi vida como un extraño en todo, y soy mío y soy de
Nadie, y soy el que soy
Absolutamente…

Y desde que, desde su soga, pendieras: Eso sí, indiferente
(Porque es así, desgraciados, nos ha dicho,
O acaso se lo ha dicho desde la soga sombra de su orgullo:
Que pierdo paso y peso, que pendo y nunca pasas) •

 

De Pátalo

 

Ámbulo Uno

–¡Filipo, Miamor!–, gritó Pájara viendo que la verga Miamor se iba endureciendo sólo para ella. Aunque Pájara no supo nunca los pensamientos seculares de Filipo, los filipenses y sus vergas (porque la verga piensa o si no pregúntenle a Roque cuando quiso engatillar a la gallina si aquella no quejó).
–¡Filipo, Miamor!
Y Filipo Miamor completó el oráculo: Nacería de Pájara un Pétalo de Nenúfar. Y lo pronosticó Filipo cuando llegó la primavera e hizo estragos entre las maritornes. Pájara, ni quejó.
Y Filipo Miamor, enjuto y esmirriado como era, pero con posaderas y cascabelones, pedantón Roque o tiránico Hilario (fuentes no las únicas de información secular), con casi voz de virgen embarazada relixit:
–Me orino en vuestro Mare Nostrum, y en vuestras culonas. Me orino desde que era niño; y ya que habeis desentumecido mi agnóstico, locas de semental, ahora, os devuelvo el odio que sintió mi madre cuando me vio crecer, y me dijo, y nos dijo, y nos lo dijo a todos los hermanos: ‘Os he parido gracias al espíritu divino de vuestros padres, que fueron como patas de orangután, y os he parido para vuestro escarnio. Y a pesar de todos mis dolores maritales (mi madre había sido una santa en su niñez, y al recordar aquellos atardeceres sórdidos y llenos de alimañas, ella, toda inocencia y beatitud, no podía dejar de sentirse virgen aún después de sus incontrolados partos), y a pesar de todo –prosiguió–, a pesar de todo, os amo’. Y pensó, aunque no nos lo dijo: ‘¡Os amo, hijos de pataorangután!
–Y yo, como mi madre, también os amo. Os amo desde el día que uno de los orangutanes me enseñó que una melindrosa efervescencia triquinal ha de ser capada in situ. Y si no (a Filipo Miamor se le escapaban las lágrimas), preguntadle a Pájara qué ha hecho de toda mi seminal elocuencia… Preguntadle en qué segundo o milésima fue concebida…, y quién fue el arcángel hermafrodita que le avisó o se avino. Porque ella lo sabe… O sabía…, porque Pájara, desde la jaula donde la encerramos, ha perdido la noción menstrual y sólo remilga esconder el orificio de sus nalgas, y mirarme y mirarme mientras la orino. Ella lo sabe. Sabe quién diablos la ordeñó. Y lo juro por lo más sagrado… Pero si no os contesta, uñadla los pezones, y hablará y será tan elocuente como yo lo fui. Filipo Miamor ni se encogió de hombros. Había descubierto que en el tazón donde la leche, el apio, la manzana y la miel, las cebollas y el arroz se removían, lo estaban adobando. E, insignificativamente, empezó a vomitarnos.
Mientras, Pájara paría un Pétalo de Nenúfar.

I

La trascendencia motivó, a los siete años de viudez de Pájara, que Pátalo asumiera a la vez la ternura del hijo y la elocuencia espiritual del padre. Porque Pájara, como recipiente de pataorangután, integró en sí misma idéntica virginidad que la madre de Filipo, y sus pérdidas menstruales eran, cabe el síndrome menopáusico, más pálidas y sin apenas mácula.

II
(Donde pueden sobreleerse las acotaciones que,
en un momento de rencorosidad, Filipo Miamor
dejara escritas en un cuaderno y que depositó
en la faltriquera de Pájara)

Primera acotación, días antes de parir Pájara

Has vomitado a mi madre y a mí, y en lo que vendrá. Mi oráculo es infalible. A mí no me engañas. Estaba predestinado. Ahora, que te endilguen.

Segunda acotación, días después de parir Pájara

Te he desenjaulado porque me lo has pedido. El recuento no podía hacerse sin ti, y has provocado holocáustica el holocausto de los infantes. Ahora Pétalo de Nenúfar suplantará a su padre. ¡Maldita seas!

Tercera…

[Habrá que advertir que, en toda esta historia las Acotaciones
fueron un amago de la obra poemática de Filipo Miamor: un
Poema dedicado e intradirigido a Pétalo de Nenúfar. Y además,
las Acotaciones son una intrusión al sentimiento del espectador
que no lector; porque es su expectación lo que le proporciona
espectacularidad. De ahí que acotación signifique acercamiento
o visión cercanera de un hecho espiritual, siempre que los hechos
para el lector que no para el espectador, sean espirituales]

…acotación, noche antes de morirme

Sé que debo morir… Que me habeis suplantado… Que somos irreconciliables y que él tiene su camino, su mensaje, que él será contra ti y contra mi ascendencia… Pero lo que más me consuela es que a ti te ha puesto en la picota como a una ramera, y te lo dirá el día menos pensado, y tú, aunque te abras de piernas como lo hacías conmigo, tú también te acabarás como yo… Y él te quemará los pezones, y te sodomizará, y te hará escarnio público. Y lo sé porque a pesar de mi muerte, mi oráculo es infalible.
(Estos fueron los últimos coletazos de Filipo Miamor
a pesar de sus filipenses) (Leed la carta de Pablo a
los filipenses en su traducción católica)

III

Y aquellos coletazos del padre, por aquella trascendencia [aquellos, aquella: en esta narración se incalculan pretéritos futuros o simplemente pretéritas, por lo del concepto femenino de los pre: prelada (la), preanal (la), (la) preconciliar]
fueron del conocimiento público.
Un domingo de madrugada
(el cielo gris, las gaviotas desperezándose, los gemidos de alguna engatillada, los jodíos puercos y la lengua letrina de los sonámbulos)
semidesnudo estaba Pátalo de Nenúfar asomado a la ventana pajaril donde antaño su madre solía publicarle los racimos, cuando una gaviota (seguramente aquella) escorzó sobre él, y antes de llegar al ámbito oscuro de la habitación se detuvo. Aleteó unos instantes y se posó en la palma de la mano que Pátalo le mostraba. Cagose en ella y abrió el pico gris y el hijo de Pájara pudo coger la ramita de espliego que llevaba. Después voló y voló, y Pátalo mordisqueó suavemente la ramita aromosa. Limpió su mano cagada como pudo en la comisura de la ventana y sonriendo volvió al lecho donde Pájara, dormida, tenía descubierto el seno izquierdo. Pátalo acabó de limpiar su mano en el pezón de Pájara y una resurrección abisal le atemperó el estómago y, de inmediato, ella entreabrió los labios.

IV

El alcalde Cirilo de Saltamontés, con gayata y faja y gorra de franela, dispuso elocuente un prefacio dominical, y por fin llegó al meollo del asunto:
–El Hilario nos ha detenido el miasma; nos ha, hasta degenerado. ¡He decidido que consultemos al hijo de Pájara!
–¡No puede ser! –vociferó el santón Roque–. Escuchadme. Yo soy también él, el Roque, y tengo méritos, y fuimos juntos a cuaresma. Y no consiento que el hijo de Pájara se nos imponga. Porque si viene, se impondrá.
Hubo un grave silencio. Unos solapaban, otros se miraban impotentes; los más, como idiotas, asentían. Y el que era portavoz cariedentado farfulló:
–¿Vendrá o no el hijo de Filipo?
Ninguno se movió. Pero todos sus corazones se movían, y tuvieron cuervos que empezaron a carnear, y a incitar las colmenas de abejas que, aunque no carnalmente, inoculaban sus lechos con mansedumbre hipócrita…
[¿Hipócrita o implícita? ¿Significaba el oráculo de Filipo Miamor,
o era la resurrección de Pátalo?]
Mas ninguno se movió. Callaron como rameras cogidas en espectáculo.
–¡Concretemos! –gritó serio, impoluto, azafranado y enclenque gimiéndose con su gayata Cirilo de Saltamontés. Y repitió: ¡Concretemos!
–¡Qué coño concretemos o concretamos! –enardecido el vociferante Roque no sabía cómo coño recuperar su santidad porque la resistencia de Saltamontés le estaba provocando una meada–. ¡Y no me desahogo en tu cara porque…!
Un maniqueísmo con ternura simulaba el conciliábulo.
Mas ninguno se movió. Hubo cuchicheos:
–Acabará por ahogarnos
–Resultaría pecaminoso
–No es de los que enarbola el fusil
–Me duele la huevada
–Me preocupa mi hija porque la gaviota se alejó
–Estoy muy jodido
–Somos briznas sin aire
–Ojalá lo caparan
Arrogante y pascuero, uno de los insólitos ilotas de la concejalía, mientras miraba absorto y señalaba la puerta principal, preguntó:
–¿Qué tenemos que decidir si ya Filipo Miamor escribió sus Acotaciones?
Callaron. Todos callaron. Todos miraban la puerta de la concejalía.
–¡Es él! –exclamó de repente una voz semiahogada.
Pero Pátalo no había venido.

VI

Fue al domingo siguiente, viernes de Pentecostés según el calendario ortodoxo, cuando Pátalo, irrumpiendo en las pescaderías de las pescaderas, entre la faenada de ventas de abalorios, entre la voluptuosa compra de las vírgenes embarazadas, enarboló su látigo y gritó:
–¡Que las campanas toquen a arrebato!
Y un insignificante holgazán, insignificante entre los iracundos que escuchaban al hijo de Filipo, le tiró del pantalón y cuchicheole:
–No se dice a arrebato. Sólo arrebato.
Y el hijo de Filipo, cogido por sorpresa, relampagueó:
–Arrebatarás tú, ¡hijo de perra!
Y le escupió en la cara.
Mas el Insignificante, viendo el alboroto que había levantado en torno a Pátalo y ojeando que todos le miraban aviesamente, notando que el escupitajo le resbalaba hasta la boca, se levantó la faltriquera y gritó:
–¿Para esto hemos venido a este mundo? ¿Para esto tenemos que morir?
Se quitó el sayal y la toga y dijo: –¡Mierda!– y se fue.
Pátalo se recompuso, posó su estremecedora mirada sobre la concurrencia, y solidificó:
–¡Que toquen a arrebato! ¡Que arrebaten!
Y los atónitos, los inconcientes, los mercachifles, los ladrones, los asesinos, los terroristas, los militares, los frailes y las comadrejas de sus correspondientes séquitos se fueron convirtiendo, y poco a poco se patalizó la plaza.

Entonces, como irradiando un frescor escarlata, patalizando no de por sí sino por su abuela, Pátalo se abrió camino hasta la concejalía.
E iba solemne en su patalidad.
Allí, los ímprobos espectaban.
El aire era azul y los cuervos blancos. Y Pátalo mostraba a toda la concurrencia su explendor aborigen. Mas hubo quien lo detractó, y hasta gallineó a la hija de Magdala, e incluso a la entrada del concejo, justo en el umbral, algunos piadosos descarnaban sus heridas. Pero Pátalo era único. Y Magdala empujó a su hija hasta que rozó el pantalón de Pátalo. Y este la miró, y la niña lo miró, y fueron niños para un eterno gozo.
Desemocionándose, Pátalo retiró el mechón de cabello que le caía virgen sobre la frente y dijo:
–Estará conmigo en el Paraíso, oídlo. Aunque será ramera como su madre.
Una esplosión de júbilo acompañó a Pátalo de Nenúfar hasta que abrió la puerta de la concejalía. Los ímprobos le fueron detrás.
Del salón en el ángulo oscuro, santón Roque y el Hilario le miraban. Los ímprobos se sentaron alrededor de la enorme mesa y el que le había detractado se encogió de tal manera que casi desapareció. Era el primogénito de Magdala y se las había y se las avenía con su madre y, con el tiempo, supo arrogarse el oficio de proxeneta. Y aunque Pátalo conocía sus andanzas, no sólo lo miró sino que haciendo caso omiso a la ímproba concurrencia, fue hasta él y le besó en la boca.
El silencio fue entonces expectante.
Y Pátalo, triunfante y orgulloso y angélico anatemizó:
–Desde hoy, este –y miró con ira al hijo de Magdala–, este será mi preferido ante la curia concejil. Que nadie le ponga trabas porque desencadenaré terribles escarmientos –hizo una breve pausa–. Y ahora, decidme lo que me espera.
Una voz hilarante emergió desde uno de los cubos de basura, y se detuvo delante del aliento patal:
–Te hemos llamado porque hay que planificar las mejoras municipales. ¿Qué nos aconsejas?
La ira se había convertido en desprecio. Pátalo le dio una sonora bofetada.
–Yo no aconsejo, imbécil. Yo impongo. Y desde ahora todos me lamereis los pies. Y el que no esté conmigo –sacó de un bolsillo una reluciente navaja, una bola de billar y un paquete de altramuces–; el que no esté conmigo, está contra mí.
–¡Qué dice! –vociferó el hilarante.
Pátalo le dio otra bofetada y cogiéndolo por la solapa lo devolvió al cubo de basura.

VII

La luz del mediodía filtrábase por entre las rendijas de la puerta y las ventanas y la poca claridad se conformó de luz en la boca de Pátalo y con siniestra mirada repasó su lengua clitorial por entre los ojos desvanecidos de cada uno de los sanedrinos… Chasqueó la lengua y la eterna saliva fue depositándose en los labios efímeros de los concejeros y, al unísono, la veintena de voces que soportaban los efímeros labios coreó:
–¡Hijo de Filipo y de Pájara, estamos contigo, somos contigo!
–¡No sois conmigo, cretinos! ¡Estais aquí y yo os veo, mas no sois conmigo!
De pronto la enorme masa comenzó a tiritar, se tambalearon las felpudas butacas y el alarido gallínico de aquella que fue engatillada irrumpió en la sala:
-¡Kikirikí, kakaraká!
Y de nuevo un silencio expectante.
Pátalo, sin embargo, meditaba paciente sus siguientes anatemas.
Y el Insignificante, aquel al que todavía le paseaba la cara el escupitajo, mas no de saliva sino de sombra, apareció de debajo de la mesa concejil y arrulló entre sus manos los genitales de Pátalo sonriendo, y bobaliconamente gritó:
–¡Kikirikí, kakaraká!
–¡Has vuelto! ¿Veis…? –Pátalo levantaba del suelo al Insignificante por la nariz–. ¿Os percatais de su humildad? ¡Ha vuelto!
Y hubo un estruendoso aplauso. Y risas y gritos. Y una melancólica vocera insinuó:
–¡Que baile, que baile encima de la mesa!
Pátalo chasqueó los dedos, y con mirada cruel y patética el Insignificante se levantó la faltriquera, se quitó la toga y se puso a orinar conscientemente.
Pero la voz de Pátalo casi interrumpió el soliloquio:
–¿Quién engatilló a la gallina? ¡Hilario, Roque! ¿Quién de los dos, maldita sea, engatilló a la gallina?
Del salón en el ángulo oscuro, Roque no quejó; Hilario se limpiaba los mocos con la manga del zurrón, y Magdala, semioculta, mientras con papel de lija rozaba uno de sus pezones descubiertos, dejaba oír susurros vaginales.
El Insignificante había recogido su elocuencia y se retiraba poco a poco hacia el cubo de basura. Desapareció en él mientras Pátalo, sobrecogido y desierto murmuraba para sus adentros: “Mi reino no es de este mundo”. “Mi reino no es de este mundo”.

 

UNO

En el centro mismo del desierto, en un oasis llamado de Epafrodito, al que circuncidaban siete palmeras, se hallaban sentados en sendas mecedoras Pátalo y el dueño. Este rememoraba la ascendencia de Filipo Miamor desde los cíclopes hasta la abuela de Pátalo.
Había transcurrido mucho tiempo.
–Tu tatarabuelo ya era poeta, y no me extraña que tu padre también lo fuera. ¿No te dijo nunca que escribió un poema antes de nacer tú?
–Recuerda que él murió de un coma diabético inducido cuando yo tenía siete años –replicó Pátalo, aunque disimulando el enojo de la muerte.
–Aún así. Tú ya sabías hablar. ¿O no? ¿Cuándo empezaste a decir: “Mi reino no es de este mundo”?
–Se me ha perdido en la memoria.
Ambos se miraron. Epafrodito mordisqueó una ramita de palosanto, acercó la jarra de vino y se la ofreció a Pátalo.
–¿Sabes que este vino ha estado madurando desde hace setenta y nueve años? El mismo día en que nací, mi padre lo entraba en la bodega… Hoy lo hemos abierto por ti… Y cuando vino el querubín a decirnos que venías he bajado al sótano y he abierto uno de los barriles. Cuando vayas a las bodas, te enviaremos siete.
–Sé que mi padre y tú fuisteis buenos amigos.
Se quitó una abeja muerta del labio inferior; aspiró el aire del mediodía, caliente, áspero; se atusó el cabello y mirando fijamente el culo del camello que lo había transportado, continuó:
–Ahora quisiera leer el poema de mi padre.
Epafrodito bajó la vista:
–Ya no lo tengo –dijo.
–¿Qué dices? Entonces, ¿por qué has enviado a por mí?
–Ha sido un error, lo sé. Mas déjame que te explique.
Un arcángel en aquel momento desde la lejana cordillera levantó su vuelo andrógino y voló hacia el oasis. Hizo un guiño a una paloma negra que quiso posarse en una de sus alas y planeó beatífico sobre las siete palmeras. Descendió poco a poco y aleteó alrededor de los dos hombres. Con paso de ganso se detuvo al lado de Pátalo.
–El alguacil ha ido a soliviantar a tu madre. Quieren que vengas para el asunto del poema de Filipo Miamor.
Epafrodito intervino casi sácandole la última sílaba al arcangélico:
–Quería explicarte que, seguramente, os cruzaríais en el camino.
–Sólo hay un camino –interrumpiole Pátalo.
–Lo sé. Lo sé. Mas la infinidad de caminos en uno solo… Es decir, la infinitud de un solo camino… Perdona, pero a veces se me escapa mi alma irracional. Compréndeme.
–Está bien. Está bien –consintió el hijo de Pájara, y se bebió sin respirar el contenido del jarro azul. No sabía a vino. Se había convertido en agua. Y estornudó.
El arcángel lo arrulló entre sus alas y musitó algo en sus oídos.
–¡Pues tráelo! Ve y tráelo. Quiero leerlo hoy.
A diferencia del alguacil el arcángel sí hizo mutis, pero este entre la arenisca, y alzó el vuelo con mansedumbre.
Y alejose.
–Quiero que me comprendas –insistió Epafrodito, cabizbajo y doliente.
–Lo que me preocupa es que toda esa jauría de estúpidos haya leído el poema de mi padre.
–No creo que se hayan atrevido a profanar la obra póstuma de Filipo. Recuerda lo que ocurrió con sus acotaciones. Tuvieron, eso sí, un amago de insurrección; pero tu presencia los detuvo.
Bebieron de la misma jarra azul. Bebieron desde su misma embriaguez, desde la misma consistencia que crea el verbo y enarbola la parábola.
–¿Crees que la obra de mi padre se puede interpretar como un rechazo hacia mí? Tú la has leído. Y además, sabes qué es lo que se propuso Filipo al escribirla.
Epafrodito alzó el rostro… Miró a Pátalo, y con la sobriedad del anciano que no oculta su amargura, su reticencia, su saberse moribundo, ilicitó:
–Lee el poema, Pátalo de Nenúfar. No te digo más.

DOS

Al atardecer el arcángel volvió y depositó el manuscrito en las manos de Pátalo. Le susurró algo al oído y voló y voló hacia la eternidad.
El hijo de Filipo miró en torno suyo. Epafrodito se levantó y dirigiose a la casa. Pátalo quedó completamente solo.

A mi supuesto hijo, por todo lo que existe

Qué calle cruza, entre dos puntos oscuros, la salida más
Próxima al olor de tu cuerpo. Qué esquina doblaría
El espacio entre dos túneles amarillos,
Donde el aire se rompe
Y se dispersa. Por dónde acabaríamos
Entregándonos
A los cinco centinelas de verde
Que insistentes se asoman
A este vacío inmenso y a esta calma azul.

Qué harías, un solo transeúnte divagando en la niebla,
Ante la posible escapada de tu espanto.

Todo podría parecerse a la calima, y pondrías
Las azucenas encima del ombligo del primer militar
Que se asomara
Porque alimenta la pólvora y el estampido
Lo atónito y la sangre
Al estallar el terciopelo granate
Que cubría tus piernas.
Y hacia allí, tú el primero, la piedra,
No nos llames, el presunto silencio.

En la noche desde donde te hablaba
Todo está cubierto de sangre.

Pátalo de Nenúfar enjugó las lágrimas que resbalaban por su rostro cetrino. Alzó los ojos. Observó el horizonte. Se levantó y tímidamente deambuló indolente la nada… Con el corazón blanco, el ánimo desnudo y afónica la voz extraña se dijo:
Ya no nos sirve estar ausentes y deambular indolentes hacia…
¿Hacia dónde tenemos que partir?
¿Cuántos sois?
¿De qué milagro origen?

TRES

Epafrodito había permanecido oculto observando las reacciones emocionativas del hijo de Pájara. Se ocultó aún más cuando este se levantó.
Pero Pátalo sabía de la presencia oculta de Epafrodito.
–Ven aquí. Arrodíllate conmigo.
Ambos estiraron sus cuerpos besando la tierra.
–Ahora hemos de hablar de ti, amigo mío.
–No hemos, Pátalo. Tú no puedes hablar de mí. Únicamente me preguntarás y yo te contestaré… Aunque sé que no lo ignoras del todo y a ti se te ignoran pocos catecúmenos, no conoces sin embargo mis indolencias espirituales.
–Convengo… En verdad te digo que convengo… que convento… y que… me da igual convengualidad que conventualidad, porque convento. Tus raíces, es cierto, provienen de mucho más allá de los cíclopes. Tus raíces debieron germinar mucho antes de que el ciclópedo mundo se presentara con lo que después fue el origen de mi padre. Contéstame sinceramente: ¿somos todavía agricultores?
–No intentes disimular tu conocimiento, Pátalo. Sé que serás anatema. Sin embargo te niegas a reconocer en público, ni ante mí siquiera, que los precedentes serán insignificativos en nuestra meditación. Y lo que me preocupa no es precisamente tu elocuencia sino el desgarro que tienen que soportar encendiendo tu ínfula.
–¿Mi ínfula…? ¿De cuántas ínfulas sobrevive este degenerado género animal, o, perdón, animado? ¿Hasta cuándo esos animalitos serán lo que les vino a ser, en sí mismos o en ser? Tú lo has dicho, Epafrodito: he escondido mi conocimiento. Mas no por ser en mí (que ya lo era), ni tampoco ser en los otros… No. Ni ocultación es mi vida. Mis devaneos son mi vida patálica o como quieras llamarla. Y son mi vida resurreccional. Mi vida resurreccional. Mi vida resurreccional.
–¡Tú, resurrección! ¡O tu resurrección! Lo acabas de decir.
–No seas hipócrita, Epafrodito. Ahora caminemos hacia la casa.
Hubo una sombra ancha que oreaba el aliento de las palomas vírgenes (Ante el umbral de la casa blanca se detuvieron. Pátalo sacó el cuchillo oculto y asestó una puñalada mortal a Epafrodito. Y este, ni quejó).

CUATRO

De madrugada, Pátalo desnudó su cuerpo cetrino y hermoso y se llegó hasta el agua cristalina del oasis. Sacó de su boca trozos de pergamino, ramas de heliotropo, patas de sapo, alas de mariposa, cangrejos y libélulas. Desnudó también su espíritu. Sumergió hasta el cuello su cetrinidad. Somorgujó de pronto su cabeza y vio el oasis lleno de flores y de sombras lleno… Hubo, sin embargo, un testigo del milagro patal que, escondiéndose bajo la grupa de uno de los camellos, intentó apagar la llama testigo de la noche. Porque el amanecer se ocultaba tras el fuego.
–Ven aquí, Epafrodito –dijo Pátalo cubriendo su cuerpo con sábanas blancas–. Ven, y tendré que matarte setenta veces siete.
–No has comprendido, Pátalo… Yo no moriré mientras tú no comprendas esta sentencia. ¿Por qué Filipo Miamor, tu padre, escribió aquel poema?
Pátalo colérico le lanzó una patada a los testículos. Lo levantó de otra patada en la mandíbula y cuando estaba a punto de caer, el arcángel lo recompuso y dio los buenos días.
–Lárgate, hermafrodita. Ya te avisaré cuando te necesite.
Epafrodito reclinó la cabeza sobre el hombro del hijo de Pájara.
–¿Qué deseas saber?
–Quiero entrar, maldita sea, en el entendimiento del poema.
–Conventualicemos. Seamos, al menos, honrados con nosotros mismos. Pero no me mates otra vez entre paréntesis. A veces alucinas.
–Tu próxima muerte será patálica, te lo juro… Ahora hagamos de nuestro amor por mi padre un holocausto con los advenedizos… Sabes quiénes son, conoces sus pensamientos y hasta dónde se interrumpen. Porque, escúchame, no saben seguir; no han sabido nunca ser consigo mismos. Y además, me aburren.
–No minimices, Pátalo, el concepto espiritual de la progenie.
–Se interrumpen, y tú lo sabes; se interrumpen… Llegan a un punto y no saben qué pensar, qué decir, qué hacer. Y ni sienten. Tampoco saben qué desear. Eso es grave, Epafrodito, y me fastidia… ¿Por qué putas tengo que fingir que muero por ellos? ¡Que se jodan!
–No te excites, que me provocas.
Epafrodito hizo una pausa y continuó:
–Tengo que desnudar mi corazón. Ahora vete, y déjame solo.
Pátalo lo miró con ojos de tarántula y le intimó:
–Es mejor estar sola. Solo no sabrías qué meditar de tus orígenes.
Epafrodito se tapó los oídos con arena. Abrió la boca para escupir y un sapo le taponó el escupitajo. Al fin dijo:
–Vete, Pátalo. Mañana te buscarán y estaré contigo.
Con toda evidencia o evidencialmente, evidencial o demencial, Pátalo fuese, escondiose, ocultose en el sueño como vivencia o experiencia o vitalismo o nonada.

CINCO

Volvió el arcángel y susurró al oído de Pátalo que deambulaba, posándose en su hombro:
–Seicientos veinte. 620.
(En esta expresión los tres números no se lengüizaron. Es decir, no se movió la lengua. Posiblemente Pátalo los introdujo y el arcángel pajarizó)
–No me encorajines, no me intransijas porque no estoy para enumeraciones.
El arcángel revoloteó y coquetamente volvió a posarse en el hombro de Pátalo, y le dijo:
–Me has creado, me has dado alimento, me diste el ojo, te has apropiado de mi naturaleza. ¡Sea, pues! ¡Sea! –se le puso encima de la cabeza y como un susurro le picoteó–: Pero Filipo Miamor tenía escrita una segunda parte del poema.
–¿Qué? ¿Una segunda parte? ¿Cómo lo sabes?
–¿No te lo ha dicho Epafrodito?
–¡Ese hijo de pata de antecíclope…! ¡Tráemelo ahora mismo, y déjate de coqueteos!
–No puedo, majestuosidad. Tendrás que descubrir el misterio de la muerte y resurrección de Lázaro.
–¡Escucha, maldito!: Lázaro ni existió… Era o será Juan, el apocalíptico, el que murió y resucitó al tercer día. O morirá y resucitará.
(Esta extrapolación de tiempo es una muestra atípica de las reivindicaciones consuetudinarias que tantas veces están presentes en nuestro espíritu. O sea, que si una situación posnatal se concibe como prenatal, la derivación no deja de ser ecuánime en cuanto a su polarización; pero resulta desquebrajada si un alma en pena se orina en ella y la contradice, porque aún orinado el muerto del orín siempre se levanta)
–¿Es verdad entonces que tú también morirás y resucitarás al tercer día?
–Se supone, hombre, se supone… Ahora bien, y escucha con atención, pajarito mío: si tengo por cojones que morir y padecer escarnio por todos estos estúpidos, digo, entonces, maldita sea, lo haré… Lo que me jode es que se arroguen toda mi naturaleza patálica.
El arcángel, cegato en su visión cósmica, mas vidente ante Pátalo, sugirió:
–Deberías denunciar el concepto. Deberías romper el concepto. Deberías emanciparte del concepto. Y te lo digo porque Filipo Miamor escribió una segunda parte del poema.
El hijo de Pájara estuvo escuchando. Estuvo, pero no escuchó. Escuchó, pero no estuvo. Dio la vuelta al tronco piramidal de la patalidad y displicente pero enérgico, antiarcangelizó:
–¿Quién eres tú para decirme qué es lo que debo hacer o no debo hacer?
Sumiso, el alado se arrodilló ante él.
(No se sabe si se arrodilló ante sí mismo o ante el hijo de Filipo Miamor… No obstante, y según vislumbré entre rendijas, expresamente se regocijó de sí mismo)
–Tu arcángel, majestuosidad; tu lagartija, tu sapo, tu propia naturaleza.
Lo agarró por una de las alas y lo acercó a su boca. Y confidencial pero cetrinamente le dijo:
–Necesito que me traigas la segunda parte del poema. Pero también necesito que les entregues a los contubernistas, fantasmas y promiscuos, lo que acabo de escribir. Es mi primer verso, pero es sublime. Léelo, y juzga con tu sensibilidad arcangélica.
Y le tendió un trozo de papel de celofán donde se leía:
                                                    Cabezas sobre sus de Pátalo sombra oreaba la
El arcángel se sobrecogió, tiritó, castañeteó, blanqueó los ojos y cayó cuan alado era en la tierra húmeda.
Epafrodito estuvo oculto hasta la medianoche.
Y fue la medianoche.

OCHO

Al día siguiente, a las cinco en punto de la tarde, un viento irregular pero insistente, troceado y ralo acompañó la algarabía de los voceros públicos hacia el ajuntamiento.
El arcángel, que se había camuflado entre la irregularidad y el troceo de la ventisca, se ocultó en el ángulo oscuro del salón y vio entrar a toda la mesnada vorágine.
Cirilo de Saltamontés, engallado, envarillado, chispeante oculero y beodo, relinchó:
–¡Señores, señores, calma, aténganse, callen, siéntense! Veamos, señores, señores, tengan la amab.
No pudo continuar. Una patata le golpeó la bocabilidad. Levantó los ojos aguardentosos y enfurecido y enfurecido y enfurecido, enarboló pero en vano la vara municipera.
–¡Silencio! ¡Que se callen! –era la voz del cura Roque–… ¡Hemos de santificar el día! ¡Oremos antes de empezar el plebiscito!
Los ánimos se calmaron.
Los ánimos blanquearon.
Los ánimos sepulcraron.
Entonces, ante el silencio cósmico de los arrodillados, el arcángel levantó una de sus alas y presentose ante aquella fauna.
–Él me ha enviado –solemnizó.
–¡Milagro! –regurgitaron las gargantas pataorangutanas casi al unísono.
Desde el ajuntamiento hasta el último rincón de la ciudad, todos coreaban: –¡Milagro!
–Me ha enviado y me ha dicho que Empecinado ya puede hablar… Que hable… Que su mudez ha reconvertido en voz blanca, en apósito, en quimera, en agua de borrajas, en luto, en marijuana, en síndrome, en rizos, en canapés, en pitarra, en cuévano…
Insignificante, viéndose libre de la inclemencia patálica y carcomiendo la inseguridad de los plebisciteros, rizose:
–¿Y qué más te ha dicho en en, pajarito?
-En Insignificante.
Y el arcángel alzó las dos alas y se lanzó, cual halcón asesino, sobre la calva insignificativa. Posose en ella y clavó sus garras.
Insignificante comenzó a sangrar.
Unos y otros vislumbraban… Reojo a reojo, manos a manos, torcimiento cuellil tras torcimiento. Una, de entre todas las voces, una, “¡Genial, genial!” dijo, y genializó:
–¡Que hable Empecinado!
–¡Eso, eso! –coreó la mesnada omisa de la sangría insignificante.
Empecinado levantó su testuz amarillenta y redonda, rubicunda, quitose la peluca blonda y un jilguero picoteó los puntitos negros craneales. De un zarpazo el jilguero desapareció. Empecinado abrió la boca, la enorme boca, sacó la lengua, desorbitó los ojos, espumareajeó su delantal poetítico, y dejó escapar:
–BrrrrrrBrrrrrBrrrrrrBrrrrrrrBrrrrrrrBrrrrrrrr…
–¡Ha hablado! ¡Ha hablado! ¡Milagro! ¡Milagro!
Y lo rodearon todos: aplausos, besos, abrazadas. Lo palmearon, besuquearon, salivaron y magrearon.
Del salón en el ángulo oscuro, Insignificante, solo, como cuando uno se masturba acompañado por el arcángel, desangraba esperma y sangre.

NUEVE

Epafrodito reclinó la cabeza en el tronco de la palmera pataelefante (otro origen espermántico: pata a pata, pata a la pata o patapata o patapat…). Miró de soslayo a Pátalo.
–Veo que ya llevas dos entre las patas audazmente.
–¿Cuántas me quedan? –Pátalo, sobrio, apartó de su vientre miríadas de libélulas.
–No seas impaciente –agachó su clueco cuello, cuellizó, e ínclito reverenció: –Dime.
–Ahora quisiera que me contaras qué hizo Filipo para merecer morir convertido en esmirrio. Porque según mi madre fue castigado por insolente.
Epafrodito, echándose la cabellera hacia atrás en ademán de suficiencia, extrajo al mismo tiempo una cucaracha de uno de los bolsillos de la chilaba, la dejó transcurrir brazo arriba y cuando llegó a la comisura de su desdentada boca, la chafó. Inquietose… Miró a Pátalo mientras la sangre blanca le llegaba hasta la barbilla. Inquietose aún más. Miró de nuevo a Pátalo y este, arqueando el lomo por aquello de la náusea, gritó:
–¡Contéstame!
Epafrodito, limpia ya la boca, acurrucó los ojos:
–Tu padre putativo nunca fue insolente. En todo caso, indolente, que yo advertiría como sinónimos. Es cuestión de semántica. Una palabra deviene concepto y sólo ese e intransferible concepto, en una sola y única e intransferible expresión. Conoces la interpolación más ecuánime, resolutiva y trascendente del término poético. Por eso te puedo decir que la insolencia de Filipo Miamor era referencial… y exquisitamente longeva –desde la punibilidad de su indolente existencia… Dicho con otras palabras: la irreverencia o insolencia filipomiamoriana estaría referida a un intento de evasión sublimal, o a un esclavismo también sublimal de interdependencia…
Pausizó. Sacó de la cueva izquierda de su nariz una lombriz negra gelatinosa… Enarboló el animalito y cercenó su cabeza con las uñas de los índice y pulgar, y mordisqueó el abdomen.
Pátalo arenizó. Se levantó arenado, sudando y dispuesto a seguir sudando.
–Aquí, según observo en cuanto a mi argumentación o intraloquio –siguió Epafrodito–, pueden inmiscuirse tres factores lineales referentativos: Uno) lo que insolentaba en su indolencia; Otro) lo que indolecía con su insolencia…, y Un Tercero) lo llamaremos de correlación/interrelación: O sea: sería un fonema… digo anatema, que intervendría en dicho sintagma al intentar conciliar los otros módulos silábicos interferidos…
Pátalo alzó la cara.
–Estoy de acuerdo con eso. Pero mi recuerdo de aquella noche no me hizo, ni me hace sospechar ahora, que se tratara de una reconciliación suya con su sentimiento de culpa. Si es que a eso te referías con lo que acabas de argumentarme. Y es más –patalizó vertebrado– en lo del esmirrio pienso y recuerdo que ni quejó. ¿Por qué?
–Filosofía de la reconciliciación, Pátalo… No sabes hasta qué punto me he intentado convencer que una reformulación de todos esos esquemas extrapolados podría convertirse en abandonamiento, que no abandono, de una nueva información fonológica o informática fenomenológica. Ahora estoy plenamente convencido o abandonado.
Y calló.
Pátalo suspiró y levantó su tez cetrina, sus oscuros ojos, sus orejas, y eyaculó:
–Según tú, mi putativo no hubiera existido sino de pecado… Y digo de y no en. Ya sé que estás más allá de los cíclopes, pero esta vez…
(De, En, Cíclopes, se convirtieron en términos hormográficos, metabolísticos, displicentes con respectatividad)
… incluso te sublimas: estás intentando involucrarme al origen divino de tu y de su existencia. Y si te he de ser sincero, y en menoscabo de mi adivinidad o divino, explicaré vuestro tormento. Pienso dejaros acorajinado…
Pátalo detuvo, de pronto, su explicativa porque, como sutil receptáculo, receptó.

ONCE

Los acordes del grito eran disonantes. Fueron disonantes porque habían emergido de la presunta putativa y se iban congelando, imponían, y hasta detractaron.
Sin embargo, Pátalo, chamuscándose sus futuras y etéreas heridas, se reconcilió:
–Necesito conocer la segunda parte del poema de mi padre.
Epafrodito mimaba la yema de sus dedos entre las ortigas. Hacía vacío para retenerlas, e incluso lo hizo cabe el mutismo vegetal de sus vórtices. Este ejemplo vaciónico se emancipó de sus yemas cuando oyó lo que decía Pátalo:
–No quiero hacerte sufrir –los dedos de Epafrodito temblaron–… Pero si insistes en lo del amor coyuntural, respecto a Pájara y Filipo, en lo de mi resurrección y en lo que mi arcángel acaba de indolerles a esos cerdos sanedrinos, no tendré más remedio que volver a asesinarte.
Se levantó. Cogió de entre la arena un escarabajo. Lo puso en la palma de su mano derecha y con la otra palma lo aplastó. Epafrodito asistía impotente a los movimientos del hijo de Pájara. Este acercó la palma escarabajera a los labios del antecíclope y le gritoneó:
–¡Ahora soy yo el que exige que me comprendas!
La boca de Epafrodito, las ortigas, el ventriblanco escarabajo, el dolor de estar vivo, todos huérfanos de amor, de contacto, pusiéronse encima de las cabezas de ambos. Epafrodito, agujero canal o anal debajo de la nariz, reclinó la cabeza en el tronco pataelefante. Y todavía consiguió decir:
–¿No has oído la llamada, el grito, tu patalidad?
–Tengo oídos para eso y para todo.
–¿Qué esperas, entonces?
–Cuando venga el arcángel contestaré a tu pregunta. Ahora, joder, sírveme una jarra de vino.
Epafrodito, desde su ano y boca sobrecogidos, introdújose, y presto sacó la jarra •

 

[Estos son los 5 pie de página que la logística de mercado virtual cercenó al texto. Los doy aquí como falsa addenda porque el lector de poesía es capaz de todo y por tanto sabrá dónde competen. Va: 1) Seguí escribió también, con certeza, pues nada más se sabe de otros textos de sus comienzos, El destiempo y la desesperanza, inédito hasta hoy perdido, finalista del premio Valencia en 1966. 2) En 1994, a la muerte del poeta, apareció en Ediciones Picazo (Barcelona), con el título de De la presencia al estallido, una edición que recoge Poemas del indolente y Octubre nunca pasa, libros tercero y cuarto de ese ciclo. 3) No son gratuitas las referencias a poetas catalanes. Valenciano, Seguí hablaba y leía catalán, aunque escribía en castellano. La poesía catalana no le era ajena. Agustí Bartra prologó Prohibido amar las cucarachas. 4) La poesía es ambigua por lo lato en la medida múltiple que lo es por sus significantes la palabra. Así lo entiende Espriu. 5) De Ánima Vilis, sobretiro de la revista ZonAeropuerto, número 6, noviembre de 1992-enero de 1993. México] •

 

[2 notas a Pátalo pertinentes; las omití por suerte involuntaria, pero son elocuentes pie de página: 1) El personaje Epafrodito es «una figura del Nuevo Testamento que aparece como un enviado de la iglesia de Filipos para ayudar al apóstol Pablo.​ Es considerado un santo de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia católica, primer obispo de Filipos y de Andriaca, y primer obispo de Terracina, Italia», de acuerdo con Wikipedia. 2) La misma fuente nos informa estotro: «Juan Martín Díez, llamado el Empecinado, fue un militar español, héroe de la guerra de la Independencia española, en la que participó como jefe de una de las guerrillas legendarias que derrotaron repetidas veces al ejército napoleónico»] •

Martínez Ocaranza: Elegía y patología del Ser y de los triángulos

 

Ramón Martínez Ocaranza
Elegía y patología del Ser y de los triángulos
Orlando Guillén

Los textos poéticos reunidos en esta muestra estricta proceden de los libros Elegía de los triángulos (1967-69) y Patología del Ser (1975-79), publicados en México respectivamente en 1974 y 1981. En un lapso de 12 años iluminado por luz negra, Ramón Martínez Ocaranza (Jiquilpan, 1915; Morelia, 1982), produjo estos que son los dos mayores logros de la poesía mexicana del siglo XX. Se cumplen pues menos tres los primeros cien años de inmortalidad de un poeta que no merece el desconocimiento generalizado de la inteligencia en patria propia y en las patrias del idioma, y que con su ser universal y su raigambre local enloquecida muerde el polvo del olvido deliberado y del relegamiento: mas sin mortaja por túnica, se levanta y anda. La elegía de los triángulos es metáfora de la defunción de las concepciones lineales del mundo y de la vida hacia la adquisición de la circunciencia de la superpoesía que muy lejos de Nietzsche va, del cántico del amor, al odio al odio, y se derrama espesa y trágica en patología del Ser que es también del espíritu: la plenitud abigarrada y sucia del entusiasmo y la maldición a partir de dos abismos de cultura: el prehispánico (en sus vertientes tarasca y mexica) y el occidental cuasiprimitivo simbólicamente expreso por el mito griego y el lenguaje profético judío de La Biblia (Antiguo Testamento, sobre todo). La verdad como improperio y amenaza lanzada para agitar la masa de la conciencia de la irreversibilidad material de la vida y su final disolvencia en la nada que entrambas culturas colisiona, producen en esta poesía el relámpago y el estallido, y, desde luego, el genio de su profunda originalidad: una poesía del desprecio a la mediocridad; una poesía del desprecio al desperdicio de la vida y la energía humanas; una poesía águila con garras del amor hincado en el cuello del odio y viceversa; una poesía que se enseñorea en la muerte y que, como Quetzalcóatl vivo, retrotrae de los huesos preciosos el carbón que atiza con semen la resurrección. Ante la sincresis de estas culturas polares, nadie como Martínez Ocaranza ha alcanzado a sangrarse el órgano de la virilidad sobre el barreño feminal de la hermosura para crear monstruos más oscuros y necesarios a la verdad del día y a los nietos de la belleza deforme de los muertos de nuestro tiempo con más pródiga actitud de sacerdote de los sacrificios.Tal estamos ante el último humoso oficiante del inasible matrimonio del Occidente y del Anáhuac: augur oblicuo de la toltequidad.

Mario Raúl Guzmán, acaso el único pero sin duda el más reciente escritor mexicano digno de tal nombre que ha llamado la atención sobre la obra ocaranciana (“La poesía de Ramón Martínez Ocaranza: Tigres del tamaño del odio”, revista La zorra vuelve al gallinero, 1992), ha advertido que: “La travesía en barco y la aventura en tierra de Martínez Ocaranza registran prolongadas estancias en el ámbito clásico griego, en las cosmogonías náhuatl y purépecha, las terribles batallas morales de Dostoievski, la espiritualidad rilkeana, la mitología hebrea, la belleza trágica de Dante, los cuadros portentosos de Shakespeare, el bagaje nerudiano y uno que otro maniquiur del archipiélago poético contemporáneo”. Como no se trata de un decir sino de la palabra de un conocedor casi arrasante de la obra édita e inédita de este artista, es dable concluir que esta poesía se toca por sus alambres extremos con la de Pound en la totalización del intento y por cuestión de época. Ahora salta por su evidencia cómo dos puntos de vista realmente miserables circularon las venas políticas del siglo XX (de un lado el nomenklaturismo realsocialista; de otro, el fachismo que ganó y el fachismo que perdió la guerra), pero ninguno de estos dos poetas estaba en condiciones de sustraerse a ellos o de verlos con perspectiva. Para que se entienda inequívocamente lo que quiero decir cito los estalinismos latinoamericanos de Neruda y Efraín Huerta (qué bello poema al respecto el de este, por cierto) ante el craso ingenuo fachismo paundiano. Por tanto, ajenos al juicio de la historia política y guerrera de su tiempo, Pound y Ocaranza se tropiezan con una misma mole de mierda en su afán de hacer poesía, y no de ser poetas, que lo eran, y mucho, y muy diversos los dos. En lo que sus espíritus coinciden, y en los tiernos saúces de sus posiciones y de sus culturas respectivas, es en sed de universalidad.

MRG es también autor de esto: “La intuición creadora de Martínez Ocaranza es la de un saqueador prodigioso: para la fundación de su Retórica, para la construcción de su ritmo echa mano de una variedad riquísima de elementos que él mismo ha puesto previamente a su alcance, modificándolos según sus necesidades expresivas y sumergiéndolos en un torrente que es entrañablemente suyo. Martínez Ocaranza biblifica su lenguaje cuando su niebla profética recorre (y da testimonio de) las ruinas del siglo XX. A golpes de marro esculpe sus ángeles terrilkes; a su oído experto bajan metáforas oscuras; sus relámpagos o latigazos sentenciosos le vienen como herencia de voces ancestrales; su exploración de sedimentaciones culturales diversas da lugar a ensamblajes o apareamientos que conmueven y sorprenden. Y su desesperado amor a lo que anima sobre la superficie, acecha y salta de entre las imágenes más amamantadas por la ternura”. En este pasaje Guzmán conjuga técnica e intuición en el poeta, propósito y razón de la música abrupta que lo expresa, y gene cultural y genio artístico. Pero no incide en la naturaleza de su manejo músico. Recurro aquí al análisis del poema Elegía de las tumbas para que los lectores de Guzmán en su momento y los míos ahora puedan seguir el hilo arácnido del misterio de la creación musical poética: es rasgo distintivo de Ocaranza separar mediante numerales romanos las aguas atadas de los versos, y así son rompientes de música: como si en medio de las unidades sinfónicas el autor metiera sin más claves reiterativas de fa o sol y a alguien se le ocurriera que los ejecutantes las tomarán no como tiempos intrusos de alma que detiene en seco sino como órdenes de implementación eufónica a seguir. Esas claves, esos numerales son la vigilia, la impresencia del Otro en uno mismo: como si el genio lírico de Parker se viera sincopado por Gillespie. Liberar al poema ocaranciano de la dictadura numeral es cosa natural en la lectura propia, y entonces queda claro su sentido. Por ejemplo: “I /Los caracoles son las residencias de la muerte. // II /Morimos en el mar coleccionando tumbas”, son dos versos que arrecian y presagian la catástrofe, con independencia del detenido fulgor del III romano, y así: “Las tumbas meditan bien su mar”, corresponde a una tonalidad de espíritu que entronca con una lógica matemática a que el numeral remite (como en cierto Carroll), para el autor indispensable pero para el lector ejecutante superflua. La idea de la precisión matemática, lo mismo que el poder de síntesis de la oposición de contrarios son constantes de convicción en esta poesía; su encadenamiento no proviene de las voces ancestrales sustrato de toda poesía sino, espantosamente, de una enorme capacidad de contención del ritmo y de la imagen por parte del poeta: de una tensión sólo dable a la altura, ante la cual de Díaz Mirón babeaba con justicia poética Carlos Pellicer.

En una poesía como la de Ramón Martínez Ocaranza tiene sentido ir de un libro a un poema concreto, lo mismo que de un verso cualquiera a la metáfora que le da sentido a un libro. O a la vida del poeta. En todos los términos y en todos los sentidos la poesía de RMO está hecha con la misma materia con la cual están hechas las putas, y con hipotenusas podridas, y con mentadas de madre, y con rectángulos: con geometría y con culebras. Una lengua de cuchillo animal cuyo lomo se afila y desdóblase en alfileretazos. En el taller de este individuo del idioma los afiladores afilan afiladores la palabra difícil con la fácil dificultad con que la piedra se talla con la piedra y se perfila.

Sería virtuoso rastrear los motivos por los cuales la poesía mexicana no da muestra en sus registros estancos de la obra de uno de nuestros más altos creadores. “Eso terrible de quebrar candados. /O de reconocernos en la muerte. /Cuando se pudren las antologías”, versos que ciertamente no escribió Ocaranza para vapulear a sus ninguneadores, como lo demuestra la sustancia de los que le siguen, y que son estos en el mismo poema: “Cada Caín es un reloj en las escupideras. /Es un versículo podrido. /Su verbo macular es la sintaxis de la purulencia. /Y por cada Caín hay una tienda donde se venden libros para idiotas. // Pura podrida megalomanía. // Cada Caín con su mitología. // Caín es una sombra de murciélago que viene de la sombra. /La sombra de la sombra de la sombra”.

Sería virtuoso dejar un minuto solos a los imbéciles armados.
Sería virtuoso cercenar los senos del amor al odio; descuajar de la vida la muerte; del pecho privilegiado de Ruiz de Alarcón, el arco de violín de la espalda virtuosa •

Hasta hoy inédita, doy enseguida al mundo la excelente traducción catalana de BLV a mi texto:

Ramón Martínez Ocaranza
Elegia i patologia de l’Ésser i dels triangles

Els textos poètics reunits en aquesta mostra estricta procedeixen dels llibres Elegía de los triángulos (1967-69) i Patología del Ser (1975-79), publicats a Mèxic el 1974 i el 1981, respectivament. En un temps de dotze anys il·luminat de llum negra, Ramón Martínez Ocaranza (Jiquilpan, 1915; Morelia, 1982) ha produït les que són les dues majors fites de la poesia mexicana del segle XX. Es compleixen, doncs, menys tres, els primers cent anys d’immortalitat d’un poeta que no mereix el desconeixement generalitzat de la intel·ligència en la pàtria pròpia i en les pàtries de l’idioma, i que amb el seu ésser universal i amb el seu local arrelament enfollit mosseguen la pols de l’oblit deliberat i del relegament: però sense mortalla de túnica, s’alça i camina. L’elegia dels triangles és metàfora de la defunció de les concepcions lineals del món i de la vida cap a l’adquisició de la circumciència de la superpoesia que, molt lluny de Nietzsche, va del càntic de l’amor a l’odi a l’odi i que es vessa espessa i tràgica en patologia de l’Ésser que també és de l’esperit: la plenitud llorda i bigarrada de l’entusiasme i de la maledicció a partir de dos abismes de cultura: el prehispànic (en els vessants tarasca i mexica) i l’occidental quasiprimitiu simbòlicament expressat pel mite grec i pel profètic llenguatge juïc de La Bíblia (Antic Testament, sobretot). La veritat com a improperi i amenaça llançada per tal d’agitar la massa de la consciència de la irreversibilitat material de la vida i la seva final dissolvència en el no-res que topa entre les dues cultures, produeixen, en aquesta poesia, el llampec i l’esclat i, certament, el geni de la seva profunda originalitat: una poesia del menyspreu a la mediocritat; una poesia del menyspreu al malbaratament de la vida i de l’energia humanes; una poesia àguila amb les urpes de l’amor clauficat al coll de l’odi i viceversa; una poesia que s’ensenyoreix en la mort i que, com Quetzalcòatl viu, retrotreu dels ossos preciosos el carbó que atia amb esperma la resurrecció. Davant la sincresi d’aquestes cultures polars, ningú com Martínez Ocaranza ha arribat a sagnar-se l’òrgan de la virilitat en el gibrell femení de la boniquesa per tal de crear monstres més foscos i més necessaris per a la veritat del dia i per als néts de la bellesa estrafeta dels morts del nostre temps amb una actitud de sacerdots dels sacrificis més pròdiga. Ens trobem, així, davant del darrer oficiant fumós de l’incopsable matrimoni entre l’Occident i l’Anàhuac: àugur oblic de la toltequitat.

Mario Raúl Guzmán, potser l’únic però sens dubte el més recent escriptor mexicà digne de tal nom que ha cridat l’atenció sobre l’obra ocaranciana (“La poesía de Ramón Martínez Ocaranza: Tigres del tamaño del odio”, revista La zorra vuelve al gallinero, 1992), ha advertit que: “La travessa en vaixell i l’aventura en terra de Martínez Ocaranza enregistren sojorns prolongats en l’àmbit clàssic grec, en les cosmogonies nàhuatl i purèpetxa, les terribles batalles morals de Dostoievki, l’espiritualitat rilkeana, la mitologia hebrea, la bellesa tràgica de Dant, els quadros portentosos de Shakespeare, el bagatge nerudià i qualque manicur escadusser de l’arxipèlag poètic contemporani”. Com que no es tracta pas d’un dir, sinó de la paraula d’un coneixedor quasi en rodó de l’obra èdita i inèdita d’aquest artista, és pertinent de concloure que aquesta poesia es toca, pels seus filferros extrems, amb la de Pound en la totalització de l’intent i per una qüestió d’època. Suara bota, per la seva evidència, la manera com dos punts de vista realment miserables recorregueren les venes polítiques del segle XX (d’una banda, el nomenklaturisme realsocialista; de l’altra, el feixisme que guanyà i el feixisme que perdé la guerra), però cap d’aquests dos poetes estava en condicions de sostreure-se’n o de mirar-se’ls amb perspectiva. Perquè s’entengui inequívocament el que vull dir, cito els estalinismes llatinoamericans de Neruda i d’Efraín Huerta (quin poema tan bonic al respecte, el d’aquest, per cert) davant del grosser i ingenu feixisme poundià. Per tant, aliens al judici de la història política i guerrera del seu temps, Pound i Ocaranza s’entrebanquen amb una mateixa muntanya de merda en el seu afany de fer poesia, i no de ser poetes, que ho eren, i molt, i molt diferents tots dos. Allò en què els seus esperits coincideixen, i en els tendres salzes de les seves posicions i de les seves respectives cultures, és en la set d’universalitat.

MRG també és autor d’això: “La intuïció creadora de Martínez Ocaranza és la d’un saquejador prodigiós: per a la fundació de la seva Retòrica, per a la construcció del seu ritme, acut a una varietat riquíssima d’elements que ell mateix ha posat prèviament al seu abast, els modifica segons les seves necessitats expressives i els submergeix en un torrent que és entranyablement seu. Martínez Ocaranza biblifica el seu llenguatge quan la seva boira profètica recorre (i dóna testimoni de) les ruïnes del segle XX. Esculpeix, a cops de marro, els seus àngels terrilkes; metàfores fosques li baixen a l’orella experta; els llampecs o fuetades sentencioses li vénen d’herència de veus ancestrals; l’exploració de sedimentacions culturals diverses dóna lloc a encaixos o a aparellaments que commouen i sorprenen. I l’amor desesperat a allò que anima per la superfície, aguaita i salta d’entre les imatges més alletades per la tendresa”. En aquest passatge, Guzmán conjuga tècnica i intuïció en el poeta, propòsit i raó de la música abrupta que l’expressa i gen cultural i geni artístic. Però no incideix en la naturalesa del seu maneig musical. Recorro aquí a l’anàlisi del poema Elegía de las tumbas perquè els lectors de Guzmán, en el seu moment, i ara els meus, puguin seguir el fil aràcnid del misteri de la creació musical poètica: separar mitjançant numerals romans les aigües fermades dels versos és un tret distintiu d’Ocaranza, i així els versos són rompents de música: com si entremig de les unitats simfòniques l’autor fiqués, simplement, claus reiteratives de fa o de sol i a algú se li ocorregués que els executants les prenguessin no pas com a intrusos temps d’ànima, sinó com a ordres d’implementació eufònica que cal seguir. Aquestes claus, aquests numerals, són la vetlla, la impresència de l’Altre en un mateix: com si el geni líric de Parker es trobés sincopat per Gillespie. Alliberar el poema ocarancià de la dictadura numeral és ben natural en la lectura pròpia, i llavors en queda clar el sentit. Per exemple: “I / Els caragols són les residències de la mort.// II/ Morim a mar fent col·lecció de tombes”, són dos versos que congrien i presagien la catàstrofe, amb independència del fulgor deturat del III romà, i així: “Les tombes mediten bé la seva mar”, correspon a una tonalitat d’esperit que entronca amb una lògica matemàtica a la qual remet el numeral (com en cert Carroll), indispensable per a l’autor però supèrflua per al lector executant. La idea de la precisió matemàtica, igual que el poder de síntesi de l’oposició de contraris, són constants de convicció en aquesta poesia; el seu encadenament no prové de les veus ancestrals, substrat de tota poesia, sinó, espantosament, d’una enorme capacitat de contenció del ritme i de la imatge per part del poeta: d’una tensió que només es dóna a l’altitud, davant la qual Carlos Pellicer, amb justícia poètica, bavejava de Díaz Mirón.

En una poesia com la de Ramón Martínez Ocaranza, anar d’un llibre a un poema concret té sentit, igual que d’un vers qualsevulla a la metàfora que dóna sentit a un llibre. O a la vida del poeta. En tots els termes i en tots els sentits, la poesia de RMO està feta amb la mateixa matèria amb què estan fetes les putes, i amb hipotenuses podrides, i amb cago’n-sa-mares, i amb rectangles: amb geometria i serpents. Una llengua de coltell animal, el llom del qual s’agusa i es desdobla en punxades d’agulla. En el taller d’aquest individu de l’idioma, els agusadors agusen agusadors la paraula difícil amb la difícil dificultat amb què la pedra es talla amb la pedra i es perfila.

Seria virtuós rastrejar els motius pels quals la poesia mexicana no piula, en els seus registres estancats, sobre l’obra d’un dels nostres creadors més alts. “Açò terrible de trencar panys./ O de reconèixer-nos en la mort./ Quan es podreixen les antologies”, versos que, certament, no va escriure Ocaranza per a vituperar als seus anorreadors, com bé demostra la substància dels que els segueixen, i que són aquests en el mateix poema: “Cada Caín és un rellotge en les escopidores./ És un versicle podrit./ El seu verb macular és la sintaxi de la purulència./ I per cada Caín hi ha una parada on es venen llibres per a idiotes.// Pura megalomania podrida.// Cada Caín amb sa mitologia.// Caín és una ombra de muricec que ve de l’ombra./ L’ombra de l’ombra de l’ombra”.

Seria virtuós deixar als imbècils armats tots sols un minut.
Seria virtuós amputar les sines de l’amor a l’odi; arrabassar de la vida la mort; del pit privilegiat de Ruiz de Alarcón, l’arc de violí de l’esquena virtuosa •

[Per la traducció, Blanca Llum Vidal, 2012] •

 

He aquí mi Muestra Estricta:

 

De Elegía de los triángulos

CÁNTICOS A KURIKUA-AUERI

Cántico Primero
Cántico del Fuego

I
Kurikua-Aueri
es
una
palabra del árbol
de
la
    pa
         la
             bra.

Por las escalinatas
del Tiempo
van sonando
sus caracoles
infinitos.

Y de la muerte son
los tiempos de su muerte.

Y de la vida es
el tiempo
de
su
vida.

II
La apátzikua
de
oro
muerde la luz
de las serpientes.

De las serpientes son
los signos misteriosos.

Porque de las serpientes
crecen números.

III
Y por la soledad de las columnas
los muertos llevan la ofrenda de los muertos.

IV
Es cuando del oriente
vienen
los cascabeles sonoros.

Es cuando Kuerahuáperi
renace
del fondo
de
las piedras.

Es cuando Tzinapécuaro
se
llena
de espejos
y
de
tumbas.

Es cuando la Pakanda
da
de
golpes
en la Puerta del Cielo.

Es cuando la palabra
danza
en el fuego

                  de
                       la
                           pa
                                la
                                    bra.

V
Del llanto de la piedra
de Tzakapu
de piedra.

Piedra a piedra.

Con lágrimas de piedra.

Fue la canción en busca
del agua
para el viento
cuando nació la estatua.

De su heredad salían
jaguares
y
serpientes.

Toda su arquitectura
crecía
como las piedras.

Y la danza
curaba
sus lágrimas
de
piedra.

VI
Un Petámuti
hijo
del tiempo
y de la llama,
vaticinó el destino.

Y para que las lluvias
crecieran
como el llanto,
estableció
las
cinco
sonatas
             de
                  Tzin
                          tzun
                                  tzan.

 

Cántico Segundo
Cántico de la estatua derribada

Entonces no había tren:
los hombres iban
como jaguares
hijos
de
lo
verde.

La danza daba gritos
en las estatuas
nocturnas.

Y las escalinatas se llenaban
de madres sollozantes.

II
Fue cuando la montaña
de las culebras
y
la
apátzikua.

Fue cuando los colores
terriblemente solferinos.

Fue cuando el amarillo
quebró la luz de las señales.

Y cuando la sonata
de la flor del maíz
y
el
chimalxóchitl.

III
Pero llegó la rabia
con zapatos
de claveles podridos.

Los mantos negros derribaron
el sueño
de
los
códices.
Y las palabras vieron
caer
sus
amapolas.

IV
Hoy,
treinta y uno de diciembre
cuando el tiempo.

Hoy,
con tumbas,
con fragmentos de estatuas.

Hoy,
cayendo
sobre la soledad
de la belleza.

 

ELEGÍAS

Elegía de noviembre

I
De bárbaros metales;
de tabernas
donde se pudren las mitologías.

Del tiempo del morir quebrando números.

Del viaje
que se perdió definitivamente.

II
Los caminos
llenaron de lunas negras los caminos:
porque las víboras;
porque los barrios de la tuberculosis.

Si las brujas no fueran lo que son…

Pero los cánticos
declararon la huelga de los signos
cuando las arpas se quedaron ciegas.

III
En torno a la extensión hay un silencio
de estatuas derribadas.

Porque crecemos con la muerte a solas.

Y porque las parábolas no quieren
matar los lirios de la geometría.

IV
Es triste reconocer que somos hombres
cuando se quiebran las columnas.

También es triste recoger candados
en medio de las piedras.

Porque la luna de los jeroglíficos.

O porque nadie quiere
comer violetas
en el banquete de los salmos.

V
Podemos derribar un piano roto;
un caracol de música vacía.

Pero lo que se dice con el agua.

Lo que se va pudriendo,
lentamente.

VI
Los caballos
no quieren reconocer que los crepúsculos
golpean capiteles.

Tampoco reconocen
el caracol de las sonatas amarillas.

De las tumbas
brotan las yerbas de los siglos.

Y cada soledad es un silencio
de miedo abandonado.

VII
Noviembre es una reunión de círculos
que van del corazón a las raíces.
para que por el tiempo no caminen
los que disecan mariposas.

El llanto de las yerbas reconoce
que la ciudad escribe su agonía
cuando las intenciones se propagan
debajo de la tierra.

VIII
Dice el tiempo
que por los verdes signos
van pasando los grises con sus números.

Y cuando arde el Ser,
las hojas secas de los eucaliptos.

Porque en noviembre la muerte multiplica
sus caracoles de metal dormido.

IX
Siempre recordarás aquella tarde
de pianos enlutados
cuando decías que Rilke no sabía
decir el nombre de la primavera.

Los sueños iban por las heredades
de un mundo sin contornos.

Y tú tenías razón:
de las tabernas
salían los bosques dorados del otoño.

 

Elegía de los códices

I
De lo profundo llegan las palabras
como Tzintzuntzan;
como Apátzikua;
como la verde música del viento.

Kurikua-aueri
es
una
pregunta
de pupilas de fuego
que grita con la tinta de los Códices
tzarárakuas de amor;
jades domésticos;
tzinapos donde mira su destino
la luz de Kuerahuáperi.

Porque por dentro pintan las culebras
los números del tiempo.

Y por saber que lloran en Tzakapu
las piedras,
las encinas
penetran los escombros del crepúsculo.

Porque por todas partes hay caminos
debajo de la tierra;
más allá de las vértebras del agua;
por los espasmos de la geología.

Y las palabras siguen recorriendo
las húmedas raíces
que dicen:
¡Tzirahuén!
desde la tumba
de la Pakanda llena de amapolas.

 

PROFECÍAS DE TLACATÉCOLOTL

I
Porque si yo quisiera
entrarían
               los
                    colibríes
en el reino de las sombras
a remover el agua
                            y
                              disparar
                                            los
                                                  dardos
                                                              y
                                                                 la
                                                                     música.
Hay tiempos de llorar:
También hay tiempos de patear el llanto.

Tlacatécolotl sabe
que
       las
            brujas
beben aguas podridas
para que las dipsómanas hereden
la lepra de sus hijos.

Porque tinieblas hay en los engendradores
de
     tinieblas.
Y tinieblas se vuelve todo lo que tocan.

II
Del gran festín
salió la bárbara
                         bo
                              rra
                                    cha
pidiendo sangre muerta;
llena de sangre muerta;
para que las marquesas del tapanco:
para que los enanos del tapanco.

¡Las grandes putas pidiendo la cabeza del Bautista!

III
Todo lo puede Dios;
pero no puede
                        lavar
                                 las
                                       manchas
                                                       de
                                                             los
                                                                   crímenes.

Los hijos de los muertos
recogerán el odio de sus muertos.

Y Lady Macbeth padecerá venenos delirantes.

IV
Tlacatecólotl sabe
que la sangre
                      llora
                               por
                                      su
                                           sangre;
y que los colibríes
pueden entrar
                       al reino
                                    de
                                          las
                                                sombras
a remover el agua
                             y disparar
los dardos
                  y la música.

V
Y en el Juicio Final
los hijos de los asesinos
maldecirán
                  a
                     sus
                            engendradores.

Porque los muertos aman a sus muertos.

Porque los muertos aman a sus muertos.

Porque los muertos aman a sus muertos.

Porque los muertos aman a sus muertos.

Porque los muertos aman a sus muertos.

 

ELEGÍA DE LOS TRIÁNGULOS

Día de muertos

I
En las pirámides nocturnas
gritaban las flores de la muerte
para que Quetzalcóatl se llenara
de palomas terribles.

Oremos por el tiempo de los izcuintlis amarillos
y de los triángulos negros de los cascabeles;
para que los millones de otoños que han pasado
se llenen de amapolas.

Nunca la muerte tuvo tantas melancolías de serpientes
como cuando los llantos de los ataúdes rodaron por las escalinatas;
o como cuando el viento maldijo los vientres sucios.

Porque días llegarán
en que la sangre de los sacrificados
inundará la conciencia del tiempo
y los ojos se saldrán de las tumbas
para clavarse en los espejos vacíos.

Los Códices no mienten:
los veinte días del Tonalámatl
llorarán los hijos de las flores,
las madres de las flores,
y las doncellas de las flores.

II
Porque los dioses se vestirán de luto
el día de las ofrendas,
y porque las apátzikuas del lago
dirán los salmos de Kurikua-aueri.

Porque la danza de los cocodrilos
extenderá sus mantos negros
para que lloren las escalinatas
en los dulcísimos senos de Coatlicue.

Porque los mirasoles
inundarán de lágrimas la tierra
cuando se cumpla el jeroglífico
de las entrañas nocturnas.

III
Y entonces las palabras
dieron el cumplimiento
de las magnolias sumergidas.

La flor del corazón,
la Yolloxóchitl,
pintó de negro sus espumas.

Y las Centzonhuitznáhuac quebrantaron
la hora de la vida.

Y Quetzalcóatl lloró
como no había llorado nunca
un Dios
sobre
la
tierra.

 

EPÍLOGO
Elegía del destino

Dostoyevskianamente melancólico
(porque no hay nada tan dostoyevskiano
como el exceso de melancolía)
derribo los muros de los triángulos
para reconocer que los enigmas;
para llorar de luz en una cueva
de círculos divinos.

Esto lo sabe el mar;
también lo saben los candados,
y las orillas de los ríos.

Porque cuando Jonás es señalado
como la causa del destino,
entonces danzan las serpientes;
se vuelven locas las campanas;
los trenes dan de gritos,
y las palabras llegan como signos
de antiguos testimonios.

Hay una forma de quebrar el tiempo
del salmo que perece
cuando la voz de los profetas;
los ángeles se llenan de espadas,
y los vientos envuelven al hombre
con capas de ceniza.

Nadie sabe por qué los sustantivos
quebrantan los metales
cuando la noche de la ofrenda;
como tampoco sabe nadie
por qué las pitonisas
llenan de espanto los caminos.

Porque mientras Edipo da de golpes
adentro del vientre de su madre,
Orestes come espadas y tinieblas
y Prometeo derriba
los círculos del mundo.

Las praderas del canto
fueron manchadas por el odio:
monstruo de mala noche;
rufián epileptoide;
germen de los pantanos oscuros.

Pero cuando las llagas de Job
se hacen versículos dolientes,
entonces danzan las doncellas
el ritmo de las palabras quebradas;
y entonces salen de la casa del fuego
los tiempos del destino;
y entonces cada quien recoge
la parte que le toca
dentro del caracol terrible de la tierra.

Dentro del caracol terrible de la tierra.

 

Mitin de sueños

Magnolia de metal a golpe de puro fuego elaborada;
golondrina de ácidos y peces;
los caminos del Ser tienen la forma de las espinas que contienen.

Porque las llamas verdes de las orgías de la espuma;
la hora del sonido del mar;
los gritos dibujados;
todos los siglos saben la pregunta de los caballos muertos.

Y cuando consultamos los signos de los oráculos…
entonces…;
como cuando sangramos la gorgona;
o como cuando lloran los minuteros del mundo
para volver de nuevo al principio de los principios.

Era la voz del tiempo dando gritos en los espejos de las tabernas
donde se asesinaban los senos;
donde las medias de las emperatrices eran orinadas por los ángeles.

Porque morir no es quedarse muerto para la sal y el yodo de las manzanas:
morir es enterarse que la canción fue recogida por los perros;
y que las nueve musas organizaron un negocio clandestino;
y que ya no hay olimpo;
ni paraíso;
ni señales.

Morir es dar de golpes en el vientre de los espacios vacíos.
Morir es una forma de concebir el sexo de las palabras.

 

Piedra del tiempo

En el principio fueron las señales del círculo postrero.

Luego vinieron las palabras negras.
Luego vinieron las palabras rojas.
Y luego vinieron las palabras amarillas.

Los triángulos mataron el destino de las circunferencias.

Y cuando las estrellas blasfemaron en contra del hombre,
el hombre se hizo Dios,
y entonces comenzaron los enigmas de los primeros enigmas;
y entonces se quebraron las puertas de la verdad de las primeras verdades;
y entonces fue del Ser la flor de los mil pétalos oscuros.

Porque los signos negros reconocen que la palabra es infinita.

Porque los signos rojos iluminan la palabra del mundo.

Porque los signos amarillos matan las palabras
que llevan la ofrenda de la palabra •

 

De Patología del ser

 

INTRODUCCIÓN PROTEICA

I
Todos los manicomios están locos.
Del uno al cien. Del cien al infinito.
Cada loco se comunica de su propia cueva.
Cada cueva se comunica de su propio loco.
Que no hay cueva que no se comunique de su imagen.
¿Quién es ese que va comunicándose de fuego por todo su camino?
¿Es el Dante?
Contéstame, Beatriz. No seas tan perra.
Devuélveme las puertas del infierno que nunca me cerraste.
Dame el culo con tus poderes verificativos.
Ve mi sombra. Que yo no soy de ti sino tu perro.
Que cada manicomio por su loco.
Y cada loco por su manicomio.
¿Qué significan las palabras loco, terrible, manicomio?
En ruso “…gresney…” es “…Iván el loco…”; el “…terrible…”
De Rilke a Dostoyevsky hay una fórmula de CERO MENOS CERO.
Yo soy un Diccionario que protege las Tablas de su Ley en una sombra.
Soy el tiempo que se protege de su propia muerte.
Y necio es negar la imagen de los signos.
Que todo va del dos al menos uno para que suba más allá del cero.
Se cambia la razón como Proteo cambiaba su locura.
Transmígrame las llaves del destino por llaves de un candado que se cierra para jamás abrirse.
Que no son cosas de patología. Sino de pura ciencia patológica. La ciencia de la ciencia de la ciencia de la conciencia.
Que ciencia de la ciencia sin conciencia maldita sea la ciencia.
Y déjeme que diga lo que falta en puntos suspensivos…
Terrible condición de arcángel muerto.
Terribles inducciones en acciones que descomponen sus composiciones.
También las matemáticas en signos de glorificaciones sucesivas.
“…Sucede que me canso de ser hombre…”
“…Oh, inteligencia, soledad en llamas…”
El mar se contamina de serpientes. Una serpiente: soledad vacía.

II
Minerva: ¿por qué lloras la circunstancia de mi paranoia?
¿Por qué demencia me descompones mi circunferencia?

III
Los Dioses menos tú son paranoicos en las culebras del superrealismo.
Pero dime: ¿Por qué lloras las cicatrices de mi paranoia?
¿Qué traes con los planetas que me agobian buscando tu deseo?
¿Mi deseo?
Perímetros de cosas descompuestas que nunca son compuestas.
Las cosas caen quién sabe desde dónde. Quizá de la península de un barco desconocido por su propio viento.
La cóncava mansión de las palabras –la cueva de mi Ser- lloró de espanto cuando llagaron todas las Gorgonas mi sombra.
Quinto piso del reconocimiento de mi sombra.
Monstruo infame de la circunferencia de la muerte: ¿Qué es la muerte?
¿Verdad, Madame la Morte que la conciencia no tiene geometría?

IV
Cada forma se da de lo que es por lo que hace.
De tal manera que las paralelas se juntan cuando nacen.

V
¿Qué quiere contra mí? Cincuenta espacios van componiendo el signo de la muerte.
Cinco espacios. No más. Cincuenta veces.
¿No comprende que voy muriendo de mi propia muerte?

VI
Las naves de un reloj nunca se hallan cuando se pierden en la preconciencia.
Son aves que se van por un camino que vive de su propia plusvalía.
Y naves hay que vuelven. Pero pocas. En busca de sus triángulos.
¿Qué diablo me miró dando de golpes adentro de mi cueva?
¿Qué diablos quieres tú, perro del diablo?

VII
Son cinco Mefistófeles en uno para matar la muerte.

VIII
La muerte del amor en una cola de cinco Margaritas.

IX
Señora de la gran Psicología: ¿Qué vale Margarita?
¿La campana de un réquiem de campanas sucesivas?
Perdone la pregunta, pero pienso que la canción del mar es más sonora.

X
Que cada Delfos por su manicomio. Y cada manicomio por su Delfos.

XI
Y Delfos hay que hablan por teléfono.

 

POEMA EN SIETE NOVELAS

Primera novela
CARACOL DE SINIESTRA ARQUITECTURA

I
Circunstancias de un solo de trombón de perro muerto.
Cada Circe lo reconoce por su manicomio.
Calipso dando gritos en la tierra.

¿Quién le dijo que las culebras eran amarillas?
Veinte locos quemaron los caminos de la muerte.
Cuando su majestad dijo de pronto: bajemos a las tumbas.

Que doce campanadas son muy poco para matar a Dios en un gorila.

II
Donde nadie te dice: “…Yo lo nombro poeta del Destino…”
Donde nadie puede pensar un Dante en subjuntivo.
Yo recorro el caminar oscuro de mi muerte.
Veinte brujas protegen mi Beatriz contra su Dante.
Cada Dante protege mis canciones encendidas.

III
Katalina: ¿Por qué te suicidaste?
No hay Ivanes de Mytia Smerdiakov en Dostoyevsky.
Sonia era la madre de Raskólnikov.
Tenía cincuenta mil parábolas terrestres.
Pero dime: ¿Por qué mataste a Katalina?

Siniestro caracol de arquitectura.
Cinco Ivanes. Iván. Iván el loco.
Con miradas de lobo de la estepa.
Con miradas de lobo de la estepa.

Tan bella Katalina de los terribles triángulos oscuros.

IV
Arrojé mi dolor a la desgracia de un triángulo amarillo.
Veinte perros morados y amarillos.
¿Quién descompuso la circunferencia?
La noche de las brujas. Cuando se suicidaron los relojes. Y cuando Circe tuvo las glándulas del perro entre sus manos.
Los ámbitos del mar no tienen tumbas. Y poetas como Rimbaud no mueren en sus ríos. Ni mueren en los tiempos del infierno.
Mueren de consunciones sucesivas. De bárbaras sustancias de sorpresa.

V
Cuando Dante visita el negro círculo comprende que un Papa estaba loco por Francesca.
Su Paolo de Circe por la madre de Telémaco.
Y la sombra diciendo sus dibujos de la sombra.
Cada sombra que los llevó a la silla de la muerte.
Dura bomba nuclear en un caballo de gritos de madera.

La muerte es del mundo de los triángulos.
Pitágoras no hizo consunción de muerte ebria.
Pero la muerte fue quemando sombras. Hipotenusas de papel podrido.

Y luego las sirenas fornicaron en el burdel del mundo.
Se agarraron del barco de la Muerte.

Pobre idiota.
¿Cuánto mejor hubiera sido que te hubieras quedado en la isla de tus perros amarillos?

 

Cuarta novela
EL DELINCUENTE

I
Yo me llamo Caín. Yo soy mi muerte.
Soy una cueva de patología.
Sólo que mis palabras están muertas.

II
COMIENZO MIS MEMORIAS EN LA MUERTE

III
Cuando mi Ser penetra la conciencia.

IV
Y yo soy la conciencia.
La circunciencia de mi podredumbre.

V
Las sombras que me llaman son de sombra.
El último por qué.
Mi testamento de la tercera muerte de mi muerte.

VI
Cuando lloro mis números podridos.

VII
Hay muros que se salen de sus muros para subir escalas ya sin muros.
Como las sombras van de sombra en sombra subiendo las escalas de la muerte.

VIII
Yo soy un delincuente que predica las cárceles del mundo.
Para morir de su tercera cárcel.
Mi cárcel es mi Ser. Yo soy mi cárcel. El último candado de la tierra.

IX
Le pido a mi canción en una imagen de ceros ofendidos
que se desnude de circunferencia.

X
Con islas de metal y zoología.

XI
Medito mis oscuras circunstancias en una maldición. En una cueva de circunstancias amarillas.

XII
Yo soy mi maldición. Yo soy mi cueva. Yo soy el bosque de mis aquelarres.

XIII
¿Por qué descubrí todos los nombres de todos los protervos?
Yo me dije: ¿Por qué no descubriste la protervia de toda tu soberbia?
Ervia. Ervia.
La noche menos tú de toda ervia.

XIV
Yo soy un mecanógrafo que muere de megalomanía.
Melómano a lo más. Mas sin solfeo.
Bendigo las dudosas poligamias de todas las políglotas infamias.
Y ángel debió ser el pobre perro que ungió mi monogamia.

XV
Los ángeles son perros que ungen para llenarnos de circunferencias.

XVI
¿En dónde está Jehová? En un espejo donde se mira mi patología.
La sombra del espejo de la sombra donde se mira la tercera sombra.

XVII
¿Yo quién era cuando negué que Dios estaba loco?
¿Yo negaba su negación por megalomanía?
No es posible. Yo soy su ecología.
Yo recuerdo cuando perdí mi bárbara memoria.

Me llenaron el mundo de fantasmas. Y todo lo olvidé. Fue mi fantasma en la conciencia de la circunferencia.

XIX
Cien años nada son en la segunda mitad de nostra vita.

XX
Gargantúa. ¿Quién era Gargantúa? Un monstruo de papel.
Un pobre diablo más enorme que el monstruo que montaba.

XXI
Heráclito negó sus negaciones por existencia de sus existentes.
Y yo reconocí que estaba loco el día de las señales.
Muy loco de verdad. Como las cuevas de los caminos de los manicomios.

XXII
Los muertos reconocen la conciencia de su contradicción porque están muertos.
Conocen su verdad. Pero la niegan. Son los axiomas de su geometría.

XXIII
Y nunca se negaron en su muerte.
Porque la muerte es una conciencia
De la conciencia de mis manicomios.
Una coreografía de manicomios.

XXIV
¿Qué diablos te pasó? ¿Por qué negaste la circunstancia de mi circunstancia?
¿Yo no era la conciencia del Ser en mi locura?
Las cuevas de la ciencia no conocen las circunstancias de sus propias cuevas.
Que cada circunstancia es una cueva de fenomenológica estructura.

XXV
¡Quememos el No-Ser! ¡Quememos todas las estructuras superestructuras!
Que muertes hay que saben a conciencia de subconciencia de patología.

XXVI
Sindicato de perros amarillos. Morados y amarillos.

XXVII
¡La muerte! ¡No! ¡La muerte!
Ni la muerte nos puede detener.
La muerte ungida.
La muerte que se va. La otra muerte. La que se lleva nuestros manuscritos.

XXVIII
Y dígame, Señora: ¿Por qué nunca se sueña la razón cuando se pierde?
¿Por qué no sueño yo que no estoy loco?
Sueño que soy mi yo. Pero no sueño que soy mi otro yo.
Sueño ser perro. Pero no sueño que también soy ángel.

XXIX
La muerte de Faetón no tiene Apolos.
Y las putas dialogan con sus perros.

XXX
Perdóneme, Señor: ¿Por qué no quema la droga de su Ser?
Hay otras drogas que pueden conocer el infinito.

Por ejemplo: la droga de un reloj cuando se muere.

XXXI
¡Todo mi corazón está podrido!

XXXII
Soy un perro sin Dios. Pero sin perro…

XXXIII
Y LLORO MI CANCIÓN EN UNA ISLA DE PERROS AMARILLOS.
Y LLORO MI CANCIÓN EN UNA ISLA DE PERROS AMARILLOS.
Y LLORO MI CANCIÓN EN UNA ISLA DE PERROS AMARILLOS.

 

LOS TRES EDIPOS
Primer Edipo

I
Me taladraron todas las entrañas.
Todas las cuevas de mi podredumbre.

II
Maté la sinrazón de mi conciencia.
La sinrazón de mi circunferencia.

III
La ciencia de la ciencia de la ciencia de toda mi conciencia.

IV
Línea nodal de mi desgarradura.

V
No me diga, Psicóloga plural, que por su viento vagó mi geometría.
Yo conozco las convulsiones de mi hipotenusa.
De mi hija de puta hipotenusa.

Y todos los caminos son iguales cuando caminan por su propia muerte.

Un Edipo se da de glandulares circunstancias.

Son las sombras que se matan de sus propias sombras.
Con ácidos de sombras.

Para morir en sus Apocalipsis.
Porque nunca se puede quebrantar lo quebrantado.
Ni la muerte conoce su camino cuando nace.

VI
¿Qué es la muerte? No sé. Quizás es una combinación de tiempo sin espacio.

Los oboes le hablan por teléfono al Destino.
Cuando se cumple el día de los coyotes.
O se cumple la contaminación de los eclipses.

VII
¡Qué belleza del mundo contrincante!

¡Cómo crecen los besos concebidos en el odio!
En el planeta del primer deseo.
Cada quien quebrantando las convulsiones de sus convulsiones.
Porque nunca se puede quebrantar lo quebrantado.
Ni la muerte con su negada sombra de ceniza.
Con su anegada sombra de ceniza.

VIII
¿Qué es la muerte? No sé. Quizás es una metáfora vacía.
La conciencia de una coalición de tiempo y sombra.
Cuando se cumple la mitad del tiempo. O la otra mitad del otro tiempo.

Los Profetas levantan sus metáforas contra los vientos más oscuros.
Y maldicen los signos de las esferas.
Porque nunca se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad del hombre.
O porque hay enigmas que desgarran las entrañas malditas.

IX
Hay poetas que nunca dicen las señales.
Que nunca rompen los binomios de los epitalamios.
O que predican lunas inocuas en los incestos de las estrellas.

Sus tálamos cautivos son un ballet de sombras donde bailan desnudas las discípulas de Ana Pavlova.

X
¿Quién lo dijo que la maldad es una línea oblicua?
¿Podría bailar Edipo en el vientre de su madre?
¿Se podría suicidar antes de cumplir el signo de las estrellas?

XI
Pienso a veces que el hombre es un bastón para matar tinieblas.
Un bastón de ceniza hecho con la ceniza del hombre.
Conoce su bastón. Pero el camino de las tinieblas nunca lo conoce.
Porque los caminos de las tinieblas recorren el vientre oscuro.
Y las tinieblas lloran la tragedia del hombre ciego.
La tragedia de su danza siniestra.

XII
Cuando los signos se descomponen en la muerte.

XIII
Dime, Delfos: ¿Por qué me traicionaste?
¿Por qué la frustración engendradora de tinieblas?
¿Quién engendró los vientres de la maldición de las tinieblas?

XIV
¡Ayúdame a morir! O dime cómo la maldición me dio toda mi muerte.

XV
Medito en la tragedia. Busco los signos del destino siniestro.
La tragedia fue antes del Verbo. Del Verbo nació la luz de las tinieblas.

Para matar a Dios.

A Zeus tunante.

XVI
Porque los hombres lloran debajo de los puentes vacíos.

Porque Zeus maldito engendró el Destino maldito.

XVII
Maldito sea el engendrador del Destino maldito.
Porque decían los griegos que ni Zeus escapaba a los golpes del Destino.

XVIII
Y Dios mató la obra de su Destino.

CANTARES DE LAS NEGACIONES

Cantar Uno:
TODO LO QUE SE NIEGA SE PROTEGE
CON LAS DONCELLAS DE SUS NEGACIONES

I
Cuando nace la luz muere el Destino.
Del verbo equinoccial en pentagramas de ácido amarillo.

Ciencia aparte.

Poema es invención. Palomas muertas. Un mundo que se hace y se deshace. Como quemar un tren. (Eso es pasado.) Como darle en la madre a mil Sputniks.

Toda la ciencia del poeta tiene culebras amarillas.
Y no hay amor si los teoremas dicen que Dios es amarillo.
Porque la muerte es una culebra amarilla.

II
Morir es un amor que no conocen los ángeles.
La muerte del fondo de uno mismo.
Una muerte sexual. Una muralla de cenicientas profecías.

III
Hay poetas que vuelven sus espejos muy adentro de la contradicción.
Y ni los signos los pueden convencer.

IV
(Cronos inocuo.)
De sus inocuidades. Ser inicuo.

V
Por ejemplo: la Demonio del viejo filicida.
No hay Petrarcas que mueran del No-Ser del Ser ardiendo.
Que sus Lauras son ángulos de oscura geometría.
Fenomenología que ni la negación puede con ellos.

VI
Cada Dante se muere de Beatriz abandonada.
Muerte a muerte. Como del mar su verbo balbucido.

VII
Que yo ya no soy yo. Ni soy mi muerte.
Soy el cuaderno de una circunstancia.

La ciencia de la ciencia de un principio que muere de su fin.

VIII
Dígame, dura señal de las doncellas: ¿Por qué lloran las intuiciones más introvertidas?

¿El carro de la luz es más potente que los Palacios de la Teogonía?
¿Qué toda circular cosmogonía?

¿Y no hay caballos que del Ser pudieran su cosmos levantar?

IX
Que mil teoremas de fenomenológica estructura no pueden meditar en una sola de las pasiones de nuestra conciencia.

 

Cantar Dos:
LES FLEURS DU MAL

El verbo balbucir es un enigma de tiempos sucesivos.
Tiene cuevas de mágica intención. Y no proverbios. Ni salmos.
Sólo brujas de muy baudeleriana plusvalía.

Tiene búhos de contaminación.
Y Baudelaires que sólo Dante conocer podría.

No hay MORADAS que vayan más allá de siete cornos.
Ni CÁNTICOS DE CÁNTICOS enfermos de dura excelsitud.

(¿Hay escaleras del tiempo del No-Ser?)

Los dos fantasmas que llevan de la pluma nuestra muerte.

(Fantasmas del No-Ser en Ser ardiendo.)

COMO LOS PIANOS CUANDO SE SUICIDAN.

Perdóname, Jehová: pero tus vicios no siempre son virtudes.
Hay un Palacio donde se sucede un mitin de escaleras.
Y a cada quien lo que le corresponde.
Que Dios no eres tú. Ni estás contigo.
Tú eres Baudelaire: mitad arcángel, y mitad instrumento de tortura.

 

Cantar Cuatro:
PORQUE LA MORTE DEL AMORE NOSTRO

Ni en la muerte se da la circunstancia de contrarios. De amantes que se odian.

Muy diamantes en besos de durísima dulzura.

Tiempo lento no puede separar un arrebato.

Que no hay diamantes para los amantes como la perla oscura del deseo.
Morte nostra. Porque la morte del amore nostro.

Bella bruja de mis incomparables circunstancias:
¿Sabe Dante por qué Francesca no mató a Paolo?

Son preguntas de doctorales metodologías.
Sin conceptos del Ser con resabidas apariencias.
Son conciencias de las conciencias de las apariencias.

Y lo que tiene de Sí, son mitológicos conocimientos de mitología.
Complejos de verdad en NOCHE ESCURA.

Se dice que San Juan quemaba estrellas con labios en los ojos.
Y se dice que nunca potestad fue revelada con álgebra escondida.

Amore del amor del alta stella.

Las potestades son prefabricadas con mucho SINAÍ.
Con mucho esfuerzo.
Con muchos montes de papel podrido.

 

Cantar Cinco:
TÉCNICA POÉTICA

¿En dónde está Moisés? Sepa la madre.
Se fue con Baudelaire y Jesucristo.
Llevaban Courvoisier y marihuana.
Y diez libretas de papel podrido.

¡Qué dura plenitud! Subieron tanto que no hallaron escalas para el vuelo.
Ni Génesis. Ni Verbo. Ni Parábolas.

Poema de diez manos cada una.

Por superrealidad. Poema lleno de vibraciones por adelantado.
Las múltiples palabras se amontonan en busca de sí mismas.
Y no hay Delfos de taquimecanógrafa estructura.

¿Dónde andabas, Moisés, cuando la muerte?
¿Fumabas Jean Cocteau sin Baudelaires?

Ni Cristo era tan adelantado para fumar su mar de Galilea.
La miel de su canción de espinas era.

Que púrpura de amor es más amarga que las espinas del conocimiento.

 

Cantar Ocho:
LA GRAN DEMONIO

¿Por qué grabé mi voz en las entrañas más hondas de la muerte?
Los gigantes no pueden encontrarla.
(Perseguidos por sus progenitores.)

Estás loca, Psiquiatra del Demonio. Don Quijote no era paranoico.
Sólo quería violar a las estrellas.
Las estrellas que mueren veinte veces de megalomanía.

¿Consustanciamos lo consustanciado?
Simplemente morimos de sustancia.
Queremos derribar los Parthenones de nuestras Atheneas.

Lo que nace murió para nacer.
Y cada Cáliz se llena de pavura.

¿Cuántos TAOS hubiéramos escrito si la muerte…
Pero somos un barco nada más lleno de TAOS.
TEMPORADAS de amor en el infierno.

TEMPORADAS MORADAS. TEMPORADAS.
De Dios es el infierno del Destino.

¿Cuántas veces se cierran nuestras puertas cada día?
Tú eres LA DEMONIO de ti misma.
Contigo se suicidan los espacios. EL CASTILLO INTERIOR. Los mil problemas que van de tus corceles amarrados.

¿Cuánto tiempo murió la destrucción?
¿Nunca se acaba?
Eterno es crear las destrucciones de toda la creación en una sola.

Cada barco nos lleva sin Moisés a nueva Isla.

Y BARCOS HAY QUE VAN CON LA DEMONIO HUYENDO DEL DESTINO.

Y BARCOS HAY QUE VAN CON LA DEMONIO HUYENDO DEL DESTINO.

Y BARCOS HAY QUE VAN CON LA DEMONIO HUYENDO DEL DESTINO.

 

Cantar Diecisiete:
EL SUPLICANTE

I
No se muera, Señor. No se nos muera.
Mire que hay un millón de ratas en el mundo con ojos de culebra.

No nos deje llorando en este mundo tan lleno de culebras.
Los ángeles se tragan sus ornamentos de culebras cuando los cocodrilos fornican con las culebras.

Y no hay amor debajo de la blancura del viento.
No hay amor en los puentes que se tragan a los cocodrilos.

Señor: no se nos muera. Nunca nos deje abandonados en este mundo tan lleno de puertas cerradas.

En este mundo tan lleno de puertas cerradas.

Los fantasmas le temen a su Verbo. Temen las estructuras de su palabra aterradora.

Cuando los muertos duermen usted los cuida de la llegada de los tigres.
Usted los cuida de la llegada de las culebras.
Usted los cuida de los fantasmas vestidos de blanco.

II
Porque las tumbas tienen gorilas que fornican con las matemáticas.
Y no hay amor en la raíz cuadrada de menos uno.
Las tumbas se tragaron todas las raíces cuadradas de menos uno.
Y la madre del Ser es un gorila que nació de la razón dialéctica de la raíz cuadrada de menos uno.

III
No se muera, Señor. No se nos muera.

IV
No deje que nos trague la raíz cuadrada de menos uno.

V
Hay un millón de raíces cuadradas de menos uno donde las ratas muerden la cintura de sus orígenes.
Y nada puede Dios con los gorilas de las inmaculadas hijas de la muerte.

VI
No se nos muera, Señor. No se nos muera.
No quiebre su poder en los catetos del cáliz de una sombra.
Haga catetos con su hipotenusa.
Y viva muchos triángulos.

Viva todos los triángulos del triángulo para matar al triángulo.
Viva todos los triángulos del triángulo para matar al triángulo.
Viva todos los triángulos del triángulo para matar al triángulo.

 

Cantar Veintinueve:
A LA GRAN MADRE

I
Mi madre fue la ingénita. La ungida. La que sonó sus cascabeles de oro.
Tenía una falda llena de culebras para matar el tiempo.
Fue la madre de las culebras y del tiempo.

II
Cuando supo que una matricida.

III
Veinte Xaguares llenos de Serpientes.

IV
Veinte noches con ojos de Xaguar.

V
Veinte Serpientes que fueron hijas de la misma madre.

VI
¿Quién quiso asesinar los cascabeles de la danza?
¿Quién quiso asesinar los cascabeles de la muerte?

VII
Una culebra le brilló en los ojos el día de las culebras.
Y los xaguares se le amotinaron.
Y dijo Quetzalcóatl: ¡Que nazca el hijo!
Y que la muerte lo proteja.

VIII
¿Cuántos cuernos multiplicados por sus infinitos murieron al nacer?
¿Cuántas culebras estrangularon a su progenitora?

IX
Sólo una: la Danza. Panhuehuetles. Los teponaxtles. Tiempos de la muerte.

X
La primera culebra danzó llena de rabia todas las noches de la tierra.

XI
La última culebra soñó que se enroscaba en las desgarraduras del Destino.

XII
Y trabajó la danza con mil cuernos de mil culebras muy bellas y drogadas.

XIII
Y la muerte danzaba como tigre en aquel mitin de locura.

XIV
Los hijos de las bestias son ángeles con cabezas de bestias.

XVI
Y no hay consagración en los fantasmas que ladran y asesinan.

XVII
Porque los óleos no penetran la podredumbre de los círculos.

XVIII
Porque sería maravilloso vivir en un manicomio de Santas.

XIX
Esta película pasaba en la noche de los cascabeles.
Esta película pasaba en la noche de los cascabeles.
Esta película pasaba en la noche de los cascabeles.

 

Cantar Treinta y Tres:
LA MADRE DE NOÉ ESTABA LOCA

I
Cuentan los periodistas del Destino que el padre de Noé tuvo cien hijos de la primera amante de su madre.

Mil Demonios de mitomonstruológica estructura.

Cada uno atado de su cola.

También cuentan en sus editoriales perniciosos que la abuela de su tatarabuela.

Manicomios de manicomios por los manicomios igual a manicomios.

Una noche mandó quemar a sus tataranietos.

Tata tata de su tátaratata tata tata.

Y uno se salvó: fue el tabernero de la primera hija de la muerte.

La muerte bebe ron cuando consagra los epicentros de su ecología.

Y cuando es de números consume el epicentro de su plusvalía.

Allí fornicarás con el Destino.

Engendrarás quinientos manicomios de multiplicaciones sucesivas.

Serás la concubina de la muerte.

Y luego morirás de muerte llena de platónicos sexos amarillos.

Raíz de soledad. Segunda muerte. Los tálamos de Dios están vacíos.

Todos los manicomios están solos. Sólo Dios está en ellos cuando comulga con la muerte.

Y allí perecerás. En la transmigración de los perros.
Y no consagrarás. Porque los perros están locos.
(Los hijos de los locos están locos.)
Y nadie les creyó. Todos tomaron en serio su locura.

II
Luego vino la otra potencia con un signo de quinientos gorilas muy peludos. El asno de Caín volvió a la tierra con pelos en el culo. Y los caínitas se le arrodillaron.

Y la mujer de Lot se hizo puta de azufre y de ceniza.

Por causa de Caín las sodomitas se hicieron incestuosas.

Y bebieron ajenjo con sus padres.
Con bálsamo de horror. Pero desnudas.

Y fornicaron por cincuenta veces. Y nuevamente se llenó la tierra de asnos y de asnas.

III
Los asnos aprendieron del gorila heredo-alcoholizadamente asno.
Y las hijas de Lot lloraron una danza tristísima.
Los ángeles cortaron los penes de los hombres.
Y cogieron los perros por la cola para salvar al mundo.

IV
Pobres hijas de Lot. Qué mal las tradujeron al hebreo.
Se bebieron el cáliz de su llanto en sémenes podridos.
Y la ceniza fue de la ceniza. Espejo del amor de los espejos que vienen de las sombras. Luz de sombras de las consumaciones de la muerte.

V
¿Tú conoces el sueño de Jehová cuando estás loco? ¿Qué droga te ayudó para decirlo en bárbaros idiomas? ¿Se puede ser cristiano y sodomita? ¿Dios habita tu Ser de perro muerto? ¿Los ángeles te cuidan, paranoico? ¿El asno de Caín está en tus manos para salvar al mundo?

VI
Y luego engendrarás el Arca llena de toda la ceniza.

VII
Y dirás el Sermón del Manicomio para vírgenes locas que consumaron su electromanía. No de Electra. Sino de Electra con sus electrones.

VIII
Nuevamente dijeron los periódicos: lloremos la ceniza.
Televisores de papel podrido dirán nuestra ceniza.

Y la muerte recitará la ciencia de un gorila: la palabra de Dios en un camello sin agua y sin Destino.

 

EPÍLOGO
EL ÚLTIMO PROFETA

I
Envuelto en escombros de túnicas.
Cuando la multitud vomite todos los escombros de todas las túnicas.
Cuando se corten la lengua los predicadores.
Cuando mueran los signos de los últimos cuadernos de la ceniza.
Cuando predique en la Sinagoga de la última ceniza.

Yo no vine a restaurar la ley.
Vine a quemarla.
Vine a leer los textos del hijo de las culebras.
Vine a dar testimonio de la huelga de las culebras.

Mi huelga de la vida me la ganó la muerte.

Yo me dije: que se detenga todo lo que nunca comienza. Lo que nunca termina.
Yo soy el adjetivo de la muerte.
Soy la muerte que se murió de amor por otra muerte.

II
Yo soy el Minotauro que dibujó culebras de ceniza.

III
En el último día yo quemaré la Ley de la ceniza.
Porque no vine al mundo a restaurar la Ley.
Vine a quemarla.

IV
Que se suiciden todos los relojes de la congregación.
Que se suiciden todas las congregaciones.
Yo soy el texto del suicidio.
Yo vine a dar el texto del último suicidio.

V
Porque yo soy el último hijo de la muerte.
El que murió de amor por otra muerte.

VI
Yo vine a predicar los escombros de las palabras que murieron adentro de las palabras.

Yo vine a predicar la última transmigración de las palabras.

De las palabras que murieron adentro de los ataúdes de las palabras.

De las palabras transmigradas en la última transmigración de las palabras.

VII
Porque los ataúdes crecerán como salmos de ceniza.

VIII
Porque la tierra será un inmenso salmo de ceniza.

IX
Porque la tierra será un tenebrosos salmo de ceniza.

X
Porque la tierra será un macabro salmo de ceniza para que lo murmuren las estatuas de la última noche de la ceniza •

[Relectura y edición, 02/09/2026] •

Los Demonios de Verdaguer

Verdaguer
Dimonis/ Demonios
Selección y nota de Enric Casasses
Versión de Orlando Guillén

JACINT VERDAGUER “ESTRANYAT DE L’ESPECTACLE”
JACINT VERDAGUER “EXTRAÑADO DEL ESPECTÁCULO” •

Tot just ara el 2002, al cap de cent anys de la mort del poeta, han sortit a la llum per primer cop els famosos quaderns d’exorcismes de Verdaguer. No entenem com una obra ni que sigui incompleta d’un clàssic de la llengua i de l’esperit com és Verdaguer hagi pogut dormir tant de temps a l’ombra. Devia fer por a l’església, o a certes persones concretes. Els quaderns es conserven a la Biblioteca de Catalunya i a l’Episcopal de Vic, i a la coberta d’un d’ells algú va escriure, en diagonal, amb llapis de cera, OJO! Ara surten finalment de la mà de l’editorial Barcino i com a volum segon dels Quaderns de revelacions, exorcismes i visions. El primer volum va sortir fa anys i no té tant d’interès. Aquest segon, sí. Es tracta dels apunts que Verdaguer prenia a l’arribar a casa després de participar en les sessions d’exorcismes o d’oració, com en diu ell, i que potser, no obstant llur caràcter de pur esbós fet a correcuita, al final seran una de les obres més importants i llegides de mossèn Cinto i de la història de l’espiritualitat europea. Els dimonis, acorralats a base d’oracions, xerren, canten, diuen tot el que saben del món de l’esperit, que és el seu. Els diables potser són dolents però són àngels (caiguts), és a dir, esperits purs que saben tot el que es fa i es desfà al món de l’esperit i en conseqüència al nostre món de cada dia: saben que Jesús acabarà triomfant i que Verdaguer és un sant. Un dels dimonis canta: “Ai Verdagué, jamai t’oblidaré”. Un dels malignes confessa que estarien disposats a anar mil anys de genolls sobre espines si poguessin ser perdonats. La primera frase de la primera llibreta, i que podria servir de títol puix que l’obra no té títol, és “Estranyat de l’espectacle”. Sigui quin sigui el seu títol, nosaltres en diem Dimonis.
Espiritualment l’obra és un abisme com n’hi ha pocs i té moments, cal dir-ho, divertidíssims. La seva factura i la seva llengua demostren que Foix va tenir raó d’escriure el 1918 que en la prosa de Verdaguer hi ha “un fons joiosament dadà”. Efectivament, alguns paràgrafs tenen el to i la textura de la paraula com a tal, que dirien els futuristes russos Krutxònikh i Khlébnikov: cantarelles, onomatopeies, paraules deformades, rimes rodolíniques (“Sant Josep és un esquilat de clatell,/ que els que no vulguen llana invoquen a ell”, o aquell dimoni que diu: “O tu em diràs atràs Satanàs,/ o jo et diré atràs Verdaguer”), i altres. L’estil de Verdaguer és “lliure i natural, però gens primitiu ni càndid”, deia Foix.
Els diàlegs de Verdaguer amb el maligne, amb el mal, són un llibre de l’amic i de l’amat però amb el diable.
Aquesta petita selecció de dites dels dimonis de Verdaguer podria ser molt més llarga, perquè a cada pàgina hi ha diversitat de perles, poemes finíssims, o brutals, la mestria espiritual de Verdaguer en el seu aspecte més privat, més secret, més íntim i per tant més deixat anar, més atrevit i m’atreviria a dir més bèstia. Aquí encara no va pròpiament en defensa pròpia, aquí treballa en defensa del bé, de la realitat (la creació). A voltes hom diria que s’està armant espiritualment per a la guerra que li ve. Havent intimat amb els dimonis, què t’han de venir a explicar el bisbe ni el marquès!
La tria que jo havia fet per a l’actuació a la plaça del Rei amb Neus Dalmau, el 2003, per a clausurar l’any Verdaguer i començar el segle Verdaguer, ha estat traduïda ara al castellà per Orlando Guillén, de qui està a punt d’aparèixer la magna panorámica Doce poetas catalanes del siglo XX. El poeta i traductor mexicà em comenta que si aquests dimonis haguessin aparegut, no ja en el seu moment, només que haguessin sortit fa 40 anys, en la famosa dècada dels seixanta, la marca hauria estat fortíssima en tots els que escrivíem o començàvem a escriure aleshores. A mi em semblen un esdeveniment cultural de primera magnitud. De moment no en diu gaire res quasi ningú, però ja va esclatant, ja va esclatant, la bomba. Senyors, al final s’ha desamagat el llibre que ens tenien amagat del gran nostre clàssic, de Verdaguer! I si el tenien amagat és per una simple raó: pel que diu. En els nostres dies en què els caps de la joventut són matxacats amb tantes menes de demagògia, els aniran bé unes poques paraules de veritat, immunes al pas del temps, per la cara.
Verdaguer va convocar i convoca la unanimitat del poble i dels artistes al voltant de la seva obra, veritable Renaixença de l’ànima de la poesia. Per dir-ho amb el mot de Blake, toca els cels com si fossin un instrument. Que és una arpa, i entre les seves cordes veu la musa, d’una bellesa inexpressable en paraules, i l’expressa en paraules. Aquesta musa és la terra, la natura, l’univers, sa mare, la bellesa, la Roseta del mas d’Eures, la bondat, el seu poble petit, la veritat… i ell és tan humil com correspon al poeta més ambiciós que ha donat l’espècie: “¿Per què, per què, enganyosa poesia,/ m’ensenyes de fer mons?/ Per què escriure més versos en l’arena?/ Platja del mar dels cels,/ ¿quan serà que en ta pàgina serena/ los escriuré amb estels?”
Ara al cap de cent anys veiem que efectivament també havia fet el misteriós viatge interior (interior?) de la lucidesa impublicable del qual avui oferim quatre retalls.

(En els Apunts de la casa d’oració tot el que va entre cometes i sense altra indicació són coses que diu el maligne 1 (Satanàs) o el maligne 2 o qualsevol altre dimoni; quan Verdaguer escriu “diu” o “deia”, sense res més, el subjecte és el diable. Aquests dimonis s’expressaven per boca de dones suposadament posseïdes, com la Marta Xica, la Maria 1 i la Maria 2, i altres. Un parell o tres de capellans, entre els quals Verdaguer, els forcen a parlar amb les oracions que els resen. D’aquestes, la primera és el Veni creator, cançó de bella partitura i que justament comença així: Veniu, esperit creador. El qual esperit, com es pot veure, certament acudia a la crida)

•

Apenas ahora en 2002, cien años después de la muerte del poeta, han salido a la luz por primera vez los famosos cuadernos de exorcismos de Verdaguer. No nos cabe en la cabeza que una obra, aunque sea incompleta, de un clásico de la lengua y del espíritu tal cual Verdaguer, haya podido dormir tanto tiempo a la sombra. Debía dar miedo a la iglesia o a ciertas personas concretas. Los cuadernos se conservan en la Biblioteca de Cataluña y en la Episcopal de Vic; en la cubierta de uno de ellos alguien escribió en diagonal, con lápiz de cera, OJO! Ahora salen finalmente de la mano de la editorial Barcino, como volumen segundo de los Quaderns de revelacions, exorcismes i visions. El primer volumen apareció hace años, y no tiene tanto interés. Este segundo, sí. Se trata de los apuntes que Verdaguer tomaba al llegar a casa después de participar en las sesiones de exorcismo o de oración, como las llama él, y que, quizá, pese a su carácter de puro esbozo apresuradamente recogido, a la postre serán una de las obras más importantes y leídas del padre Cinto y de la historia de la espiritualidad europea. Los demonios, acorralados a base de oraciones, cantan, cuentan, desembuchan todo cuanto saben del mundo del espíritu, que es el suyo. Los diablos son o pueden ser malos, pero son ángeles (caídos): es decir: espíritus puros que saben todo lo que se hace y se deshace en el mundo del espíritu, y en consecuencia en el mundo nuestro de cada día: saben que Jesús acabará triunfando y que Verdaguer es un santo. Uno de los demonios canta: “Ay, Verdagué,/ jamás te olvidaré”. Uno entre los malignos confiesa que estarían dispuestos a andar mil años de rodillas sobre espinas si pudiesen ser perdonados. La primera frase de la primera libreta, y que podría servir de título, porque la obra no tiene título, es “Estrañat de l’espectacle”. Sea el que sea su título, nosotros la llamamos Dimonis.
Espiritualmente esta obra es un abismo como hay pocos y tiene momentos, es necesario decirlo, divertidísimos. Su factura y su lengua demuestran que Foix tuvo razón al escribir en 1918 que en la prosa de Verdaguer es manifiesto “un fondo jubilosamente dadá”. Efectivamente algunos parágrafos ostentan el tono y la textura de la palabra en cuanto tal, como dirían los futuristas Krutchónij y Klébnikof: sonsonetes, onomatopeyas, palabras deformadas, rimas pareadas (“San José es un listillo trasquilado del pescuezo,/ quienes no quieran lana lo invoquen por eso”, o aquel demonio que conmina: “O tú me dirás atrás Satanás,/ o yo te diré atrás Verdagué”), y etcétera. El estilo de Verdaguer es “libre y natural, pero nada primitivo ni cándido”, decía Foix.
Los diálogos de Verdaguer con el maligno, con el mal, son un libro del amigo y del amado, pero con el diablo.
Esta pequeña selección de dichos de los demonios de Verdaguer podría ser mucho más larga, porque en cada página hay diversidad de perlas, poemas finísimos, o brutales; la maestría espiritual de Verdaguer en su aspecto más privado, más secreto, más íntimo y por tanto más a su aire, más atrevido, y me atrevería a decir más bestia. Aquí no anda todavía propiamente en defensa propia. Aquí trabaja en defensa del bien, de la realidad (la creación). A veces se diría que se está armando espiritualmente para la guerra que le espera. Habiendo intimado con los demonios, ¡qué van a venir a contarte el obispo y el marqués!
La selección que había yo acometido para la actuación en la plaza del Rey con Neus Dalmau, en 2003, para clausurar el año Verdaguer y comenzar el siglo Verdaguer, ha sido traducida ahora al castellano por Orlando Guillén, de quien está a punto de aparecer su magna panorámica “Doce poetas catalanes del siglo XX”. El poeta y traductor mexicano me comenta que si estos demonios hubiesen aparecido, no digamos en su momento, nomás que hubiesen salido hace cuarenta años, en la famosa década de los sesenta, la marca hubiera sido poderosísima en todos quienes escribíamos o comenzábamos a escribir entonces. A mí me parecen un acontecimiento cultural de primera magnitud. De momento casi nadie ha dicho casi nada. Pero ya va estallando, ya va estallando, la bomba. Señores: ¡finalmente ha sido desescondido el libro que nos tenían escondido de nuestro gran clásico, de Verdaguer! [*] Y si lo tenían escondido es por una simple razón: por lo que dice. En los días de hoy, cuando las cabezas de la juventud se ven machacadas por tantos tipos de demagogia, ya les vendrán bien unas pocas palabras de verdad, inmunes por la cara al paso del tiempo.
Verdaguer convocó y convoca la unanimidad del pueblo y de los artistas alrededor de su obra, verdadera Renacencia del alma de la poesía. Para decirlo con palabra de Blake, toca los cielos como si fuesen un instrumento. Y ese es un arpa, y entre sus cuerdas ve la musa, de una belleza inexpresable en palabras, y la expresa en palabras. Esta musa es la tierra, la naturaleza, el universo, su madre, la belleza, la Roseta de la quinta d’Eures, la bondad, su pequeño pueblo, la verdad… y él es tan humilde como corresponde al poeta más ambicioso que haya dado la especie: “¿Por qué, por qué, engañosa poesía,/ me enseñas a erigir mundos?/ ¿Por qué escribir más versos en la arena?/ Playa del mar de los cielos,/ ¿cuándo será que en tu página serena/ los escribiré con estrellas?”
Ahora, cien años después, vemos cómo efectivamente Verdaguer también había emprendido el misterioso viaje interior (¿interior?) de la lucidez impublicable de la cual hoy ofrecemos unos cuatro recortes.

[En los Apunts de la casa d’oració todo lo que va entre comillas y sin otra indicación son cosas que dice el maligno 1 (Satanás) o el maligno 2 o cualquier otro demonio; cuando Verdaguer escribe ‘dice’ o ‘decía’, sin más el sujeto es el diablo. Estos demonios se expresaban por boca de mujeres supuestamente poseídas, como Marta Xica, María 1, María 2 y otras. Dos o tres capellanes, Verdaguer entre los cuales, los obligan a hablar con las oraciones que les rezan. De estas, la primera es el Veni creator, canción de hermosa partitura que precisamente comienza así: Ven, espíritu creador. Espíritu susodicho que, como puede verse, ciertamente acudía a la llamada]

Enric Casasses
2004

 

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Dimonis/Demonios

“Si veiéssiu los mils magos que hi ha a Barcelona! A Sants solament n’hi ha 900”.
“¡Si vierais los miles de brujos que hay en Barcelona! Sólo en Sants hay 900”.

159: Que em curaria de tot, que recobraria la memòria i enteniment que se m’anava xuclant lo M[aligne], com ho havia pronosticat dient: “Li xuclarem la salut, la memòria, l’enteniment i tot lo que té menos l’ànima”.

159: Que me curaría de todo; que recobraría la memoria y entendimiento que me los estaba chupando el M[aligno], que ya lo había pronosticado diciendo: “Le chuparemos la salud, la memoria, el entendimiento y todo lo que tiene menos el alma”.

165: Abans, amb tos versos donaves agrado a molts oídos, de grans i xics i savis i ignorants; agradaves a molts cors. Ara has d’agradar a sols un cor: al Cor de Jesús. La Verge accepta els versos que li has dedicat, mes ara vol altra cosa.

165: Antes, con tus versos dabas contento a muchos oídos, de grandes y chicos y sabios e ignorantes. Agradabas a muchos corazones. Ahora has de agradar sólo a un corazón: el Corazón de Jesús. La Virgen acepta los versos que le has dedicado, pero ahora quiere otra cosa.

172: “Lo món en general i tos coneguts estan tan fora de camí que si vegessen lo que escrius dirien que és lo més mal fet de tos llibres, i això que el dicta Jesucrist. Tot hi és senzill, com que és obra del Senzill dels senzills. Qui ho reprova, serà reprovat”.

172: “El mundo en general y tus conocidos andan tan desencaminados que si viesen lo que escribes dirían que es el más mal escrito de tus libros, y eso que lo dicta Jesucristo. Todo en él es sencillo, como que es obra del Sencillo de los sencillos. Quien lo reprueba, reprobado será”.

205: “Jesucrist te diu: ‘Ets l’únic que has respost a la primera veu; no sies sord a la segona. No sies repropi’ ”.

205: “Jesucristo te dice: ‘Eres el único que ha respondido al primer reclamo. No seas sordo al segundo. No seas rejego’ ”.

206: “Nosaltres te farem la guerra: fins les arenes del mar farem caminar per perdre la causa, i el dia que tingues lo peu pla, la sorra mateixa vindrà contra tos ulls per enterbolir-te”.

206: “Nosotros te haremos la guerra: hasta las arenas del mar echaremos a andar para perder tu causa, y, el día que asientes el pie plano, la arena misma vendrá contra tus ojos para enturbiarte”.

211: “La meitat de les mestresses de les cases dolentes són magues. Quina alegria pel sacerdot lo convertir una d’aqueixes pecadores o, si no, destorbar ses influències! Però el capellà no es cuida d’aquestes coses”.

211: “La mitad de las regentas de las casas non sanctas son brujas. ¡Qué alegría para el sacerdote convertir a una de estas pecadoras, o, si no, estorbar sus influencias! Pero no es el capellán quien se ocupa de estas cosas”.

214: “Mentre estaves molt flac, Jesucrist te posava barreres petites; ara que ets més fort, te’n posarà de més grosses”.

214: “Cuando estabas muy flaco, Jesucristo te ponía barreras pequeñas; ahora que eres más robusto, te las pondrá más grandes”.

216: “Sentireu dir cada punt: ‘Ara no n’hi ha de miracles com en temps dels llanuts’. Si l’home no veu miracles —és Déu qui us ho diu i no só jo—, si l’home no veu miracles és que ja està cego; és que a la terra ja no hi ha més que iniquitat, ràbia, furor i pecat”.

216: “Puntualmente oireis decir: ‘Ya no hay milagros hoy como en los tiempos de los simples’. Si el hombre no ve milagros –es Dios y no soy yo quien os lo dice–, si el hombre no ve milagros es que ya está ciego; es que en la tierra ya no hay más que iniquidad, rabia, furor y pecado” .

221: “La Candelera t’ha dat la candela ben llarga, a tu, ja pots estar content. I encesa, que te l’ha donada!” “A tu sí que et va florir lo lliri; a tu sí que et va sortir lo sol al mig del dia”.

221: “La Candelaria te ha dado la vela muy larga; a ti, ya puedes estar contento. ¡Y hasta te la dio encendida!” “A ti sí que te floreó tu lirio; a ti sí que te salió el sol a la mitad del día”.

223: “No vol gaire habilitat lo batallar quan les bales van per l’aire. La gràcia està en batallar quan les bales te toquen”.

223: “No requiere mucha destreza batallar cuando las balas pasan por arriba. La gracia está en batallar cuando las balas te rozan”.

229: “Senyor, jo vaig a la guerra però em falta la sella, l’arma i el vestuari; donau-m’ho, si us plau. No pareu de dar-me lo vestit, des de les calcilles o calçons fins a la barretina. D’arma no en tinc, me l’he deixada robar; donau-me’n, Senyor, i feu que el meu germà també agafe l’arma contra qui ens ho roba tot”.

229: “Señor, voy a la guerra, pero me falta la silla de montar, el arma y el uniforme; dámelos, por favor. No os abstengais de darme el vestido, desde las calcetas o calzones hasta la barretina. Arma no tengo; me la he dejado robar; dame una, Señor, y haz que mi hermano también tome su arma contra quien todo nos lo roba”.

230: “Heu vist mai ningú al catafal del suplici? Mirau si té ganes de riure. Doncs l’home està al catafal i riu. Vosaltres, que ho sabeu, plorau”.

230: ¿Habeis visto alguna vez a alguien en la tabla del cadalso? Ya me direis si tiene ganas de reír. Pues el hombre está en la tabla del cadalso y ríe. Vosotros que lo sabeis, llorad”.

233: “Creu i practica, i agrega’t a l’Amic, i llança’t al mig del carrer”.

233: “Cree y practica, y únete al Amigo, y lánzate a media calle”.

237: Deia fa pocs dies: “En altre temps, sempre movíem guerres; avui som amics de la pau: nos va millor encara”.
Havent-li jo dit: “Anau a l’infern”, respon: “Ja no n’hi ha de dimonis a l’infern; tots som a la terra. L’infern està per llogar: sempre hi enviem estadants”.

237: Hace unos días decía: “En otros tiempos siempre promovíamos guerras; hoy somos amigos de la paz: nos va mejor todavía”.
Habiéndole yo contestado: “Idos al infierno”, repuso: “Ya no hay demonios en el infierno. Todos estamos en la tierra. El infierno está en alquiler: siempre le estamos enviando inquilinos”.

238: Me diuen que aquest matí cantava:
“Ai Verdagué,
jamai t’oblidaré”.

238: Me cuentan que esta mañana él cantaba:
“Ay Verdagué,
jamás te olvidaré”.

239: “La Sagrada Família serà el verdader bastó que us donarà auxili, protecció, consol i pinso. Tot això serà la pala per treure el pa del forn. La causa està molt inflamada”…

239: “La Sagrada Familia será el verdadero bastón que os dará auxilio, protección, consuelo y pienso. Todo eso será la pala para sacar el pan del horno. La causa está que arde”…

241: “Vosaltres dieu: “Déu ho arreglarà”. Sí, ho arreglarà, però amb lo suor de les criatures”.

241: “Vosotros decís: “Dios lo arreglará”. Sí, lo arreglará, pero con el sudor de sus criaturas”.

242: “Cada paraula sia un dall que rompa les cadenes que dinen al cor de l’home. Hi dinen, prenen cafè i agafen silló”.

242: “Cada palabra sea un tajo de guadaña que rompa las cadenas que comen en el corazón humano. Allí comen, toman café y agarran sillón.

246: “Lo veure la veritat fa ordinari, fa grosser”.

246: “El ver la verdad vuelve ordinario, vuelve grosero”.

247: Al mot de l’Evangeli de sant Lluc Gaudete autem quod nomina vestra scripta sunt in cœlis, diu: “Això ningú ho entén, fins los més savis estan a la beabà. Ba, be bi, bo, bu”, ridiculisa als que llegeixen l’Escriptura sense fixar-s’hi.
“Fill, no meu, no: fill de la Pastoreta, fill de la flor espiritual, que n’hi costes de dolors a la Mare!”

247: Ante la palabra del Evangelio de san Lucas Gaudete autem quod nomina vestra escripta sunt in cœlis, dice: “Esto no hay quien lo entienda; hasta los más sabios se quedaron en el silabario. Ba, be, bi, bo, bu”; ridiculiza a quienes leen la Escritura sin fijarse en lo que leen.
“Hijo, no mío, no: ¡hijo de la Pastorcita, hijo de la flor espiritual, que vaya dolores le cuestas a tu Madre!”

248: “Digues: ‘Qui intenta fer-me obeir, haja de ser l’autor de fer-me obeir’ ”.

248: “Tú di: ‘Quien intenta hacerme obedecer, haya de ser el autor de hacerme obedecer’ ”.

262: “Lo món està en la mortalla i en lo desvari pròxim de la mort, amb un derrame al cervell, amb un derrame a la intel·ligència i amb un derrame a la voluntat, i en lloc de plorar, canta, i com que no es veu lo mal, no s’espanta”.

262: “El mundo está en la mortaja y en el desvarío próximo a la muerte, con un derrame en el cerebro, con un derrame en la inteligencia y con un derrame en la voluntad, y en lugar de llorar, canta, y como no se ve su mal, no se espanta”.

265: “Jesucrist mateix te diu: ‘Confia en mi, que jo et manejaré el ser’ ”.

265: “Jesucristo mismo te dice: ‘Confía en mí, que yo te dirigiré el ser’ ”.

267: “Que et penses que el peu sagrat m’ha d’apretar poc la banya per fer-me vomitar aquestes veritats?”

267: “¿Acaso piensas que el pie sagrado me ha de apretar poco los cuernos para hacerme vomitar estas verdades?

272: “Lo sol sempre l’home el veu lleganyós; la lleganya té moltes pretensions”.

272: “Al sol el hombre siempre lo ve lagañoso; la lagaña tiene muchas pretensiones”.

277: “La font de cobrar la saviesa és estroncada, la font de la salut està glaçada i la font de les virtuts té espatllada la canonada”.

277: “La fuente de adquirir la sabiduría está seca; la fuente de la salud está congelada y la fuente de las virtudes tiene estropeada la cañería”.

290: “Ja vas enterrant lo respecte humà. Ja tens dues soles dobles a les sabates; si arribes a posar la tercera ben clavada, no relliscaràs i estaràs llibert”. “A on la trobaré?” “Esmolant lo machete”.

290: “Ya casi entierras lo que digan los demás sobre ti. Ya tienes dos suelas dobles en los zapatos; si llegas a poner la tercera bien clavada, no resbalarás, y libre serás”. “¿Dónde la encontraré?” “Afilando el machete”.

304: “A molts lo llegir los servirà per dur unes bones ulleres”.
“Qui és tonto i la Saviesa divina no hi està renyit, cava molt fondo”.

304: “A muchos leer les servirá para ponerse unas buenas gafas”.
“Quien es simple y la Sabiduría divina no ha enemistado, cava muy hondo”.

314: “Jesús, la flor de la saviesa, va passar per ximple. Si vols medalla, passa per lo que Ell va passar per dar la salut als homes. Lo demés del món és una bufada de tabaco”.

314: “Jesús, la flor de la sabiduría, pasó por simple. Si quieres medalla, pasa por lo que Él pasó para dar la salud a los hombres. Lo demás del mundo es una vaharada de tabaco”.

315: Al ser jo fora, digué de mi: Ha de renyir amb lo món per estimar lo món».

315: No estando yo presente, dijo de mí: “Tiene que reñir con el mundo por amar al mundo”.

338: “Vosaltres estau al mig de la batalla. Si reculau per por de gana, de gana morireu; si reculau per por de set, de set morireu; si reculau per por de ser pobres, de pobresa morireu. No reculeu. Jesús vos ho diu. D’allò que reculareu, d’allò no us faltarà”.

338: “Vosotros estais en medio de la batalla. Si reculais por miedo al hambre, de hambre morireis; si reculais por miedo a la sed, de sed morireis; si reculais por miedo a ser pobres, de pobreza morireis. No reculeis. Jesús os lo dice. De aquello que reculareis, aquello no os faltará”.

341: “Sant Josep és un esquilat de clatell,
que els que no vulguen llana invoquen a ell”.

341: “San José es un listillo trasquilado del pescuezo,
quienes no quieran lana lo invoquen por eso”.

344: “Déu, nostre Senyor, deixa fer als dimonis alguna vegada, perquè ells mateixos nos donen llum”.

344: “Dios, nuestro Señor, deja alguna vez hacer a los demonios, para que ellos mismos nos den luz”.

356: “No et descuides de dir-me sempre ‘A tras!’ O tu em diràs ‘A tras, Satanàs!’, o jo et diré: ‘A tras, Verdaguer!’ ”.

356: “No te olvides de decirme siempre: ‘¡Atrás!’ O tú me dices: ‘¡Atrás, Satanás!’, o yo te dire: ‘¡Atrás, Verdaguer!’ ”.

358: “Jesús traurà la tapadora com se trau lo tap d’una gasseosa. Lo valor de la veritat lo tirarà en l’aire”.

358: “Jesús sacará la tapadera como se saca el tapón de una gaseosa. El valor de la verdad lo tirará en lo alto”.

359: “Tu sempre vés per posar un pedaç a l’home que ja no té cura”.

359: “Tú procura siempre poner un remiendo al hombre que ya no tiene remedio”.

362: “No us canseu mai de la mateixa set”.

362: “No os canseis nunca de la misma sed”.

363: “La manxa d’amor destruesa el furor”.
“Nosaltres entram per les cases, destapam la cassola i ens prenem lo millor tall. Com ningú ens diu ‘Alto!’, Déu nos deixa fer”.

363: “El fuelle del amor destruye el furor”.
“Nosotros entramos en las casas, destapamos la cazuela y nos servimos la mejor presa. Como nadie nos dice ‘¡Alto!’, Dios nos deja hacer”.

366: “Jo só la màquina d’escórrer els cors. Quan los tinc escorreguts, los omplo de lo meu: los omplo de duresa, de tirania, de furor i venjança. Quan tinc los cors plens dels meus amaniments, ja no tinc por de res. Entro i surto d’allà on vull”.

366: “Yo soy la máquina de escurrir los corazones. Cuando los tengo escurridos, los lleno de lo mío: los lleno de dureza, de tiranía, de furor y venganza. En cuanto tengo los corazones llenos de mis aderezos, ya no tengo miedo a nada. Entro y salgo allá donde quiero”.

368: “Maria plora pels gossos muts, pels que han perdut la paraula. Sí, lo clero està lligat del govern i el govern està aliat a l’infern. Lo govern som nosaltres. Pregau sobre el clero, que veja el gep que el fa anar geperut”.

368: “María llora por los perros mudos, por los que han perdido la palabra. Sí, el clero está ligado al gobierno y el gobierno está aliado al infierno. El gobierno somos nosotros. Rogad por el clero, que vea la joroba que lo hace andar jorobado”.

376: “Com m’he tornat”, me diu a mi. “Abans te seguia sempre, com ho vares experimentar amb aquell vas de llet que et vaig emmetzinar. I, ara, la meitat del temps no sé ont ets”.

376: “Cómo me he vuelto”, me dice a mí. “Antes te seguía siempre, como lo experimentaste con aquel vaso de leche que yo te envenené. Pero ahora la mitad del tiempo no sé dónde estás”.

389: No recordo amb quin motiu he dit al maligne Judas: “Vés a l’infern!” “No m’ho manen encara”, m’ha respost. “Abans s’ha d’aterrar la iglésia de Santa Maria, d’allà vora el Born. S’ha d’aterrar i, per cert, estarà plena d’ovelletes”.

389: No recuerdo con qué motivo le dije al maligno Judas: “¡Vete al infierno!” “No me lo ordenan todavía”, me respondió. “Antes se ha de venir abajo la iglesia de Santa María, allá junto al Born. Se ha de venir abajo, y por cierto, estará llena de ovejitas”.

392: “Hem fet un robo de dinamita per tirar a terra iglésies. Ja ho veureu en los diaris. Conjurau-ho i destruïu-ho, ja que teniu poder. Lo govern cerca els lladres; li costarà de trobar-los perquè som nosaltres”.

392: Cometimos un robo de dinamita para echar abajo iglesias. Ya lo vereis en los diarios. Conjuradlo y destruidlo, ya que teneis poder. El gobierno busca a los ladrones; le costará encontrarlos porque somos nosotros”.

396: Diu lo maligne 2 que anaven a moure un terratrèmol en lo pla de Barcelona, destruint aquesta ciutat, fins a la plaça de l’Àngel —tal volta per temor de l’àngel custodi de la ciutat. Diu que nostres conjurs ho han aturat. Diu que l’aigua dels pous n’han dat senyal, com és ver, havent pujat molt de nivell aqueixos dies. Diu que hi ha tres esquerdes en la muntanya més alta del voltant —Tibidabo? Los diaris també han parlat d’això, donant-ho com a notícia de poble, mes lo Dr. Montseny, que ho examinà, no en veié res.

396: Cuenta el maligno 2 que iban a provocar un terremoto en el llano de Barcelona, destruyendo esta ciudad, hasta la plaza del Ángel –tal vez por temor al ángel custodio de la ciudad. Dice que nuestros conjuros lo detuvieron. Dice que el agua de los pozos dieron señal, como es cierto, habiendo subido mucho de nivel por esos días. Dice que hay tres resquebrajaduras en la montaña más alta de los alrededores -¿el Tibidabo? Los diarios también han hablado de esto, dándolo como chisme de pueblo, pero el doctor Montseny que lo examinó, no vio nada.

400: Me diu a mi, veient-me escriure: “Fas molts gargots, però, baix la bona voluntat teva, un dia Jesucrist ho escriurà per tu”. Digues-li tu ara: “Acceptau, Senyor, aquestos gargots que faig per honrar-vos a vós”…

400: Me dice a mí, viéndome escribir: “Haces demasiados garabatos; empero, bajo tu buena voluntad, un día Jesucristo lo escribirá por ti”. Dile ahora tú: “Aceptad, Señor, estos garabatos que garabateo para honraros”…

401: La Maria 2 posa els peus al coll de la Maria 1. Mossèn Joaquim la vol fer posar en orde, mes lo mal[igne] li respon: “Això és per ensenyar-vos a vosaltres com tenim lo peu al coll dels capellans”.

401: María 2 pone los pies en el cuello de María 1. El padre Joaquim la quiere meter en orden, pero el mal[igno] le responde: “Esto es para enseñaros a vosotros que tenemos el pie en el cuello de los capellanes” •

 

[Revisión, 25/08/2026] •

[* Es hora ¿verdad? de que desescondan quienes sinrazón poética lo escondieron mi libro de libros monumental y de vida «Doce poetas catalanes del siglo XX», y lo mismo «Los tres libros» de Gabriel Ferrater. Me asomo chingaquedito a la ventana de mi muerte: prójima la oteo y de par en par inmediata, y me digo salud por adelantado por no decir aplico a estos otros clásicos catalanes esta cita de arriba que a Verdaguer cuadra redonda como a ellos: «En los días de hoy, cuando las cabezas de la juventud se ven machacadas por tantos tipos de demagogia, ya les vendrán bien unas pocas palabras de verdad, inmunes por la cara al paso del tiempo»] •

 

«El ansia de la pandorga»: palabras de Blanca Llum Vidal, y una muestra

«EL ANSIA DE LA PANDORGA» DE ORLANDO GUILLÉN •
Blanca Llum Vidal •

«y allá y acá, arriba y abajo, es abierta la inmensidad»
VERDAGUER •

«Està molt bé que facis/ volar un estel i que li donis/ corda molt llarga fins a perdre’l/ de vista, lluny, si n’ets capaç. És com si tu/ també volessis i, generalment,/ antics records ajuden/ a fer-ho i se’t revelen amples/ espais de temps, ressaques, plenamars/ de sentiment, les mines de Falun,/ on algun dia vam baixar enfollits,/ potser un moment tan sols i l’oblidàrem» [Está muy bien que eches/ a volar una pandorga y que le des/ muy largo el cordel hasta perderla/ de vista, a lo lejos, si de ello eres capaz. Es como/ si tú también volases y, generalmente,/ viejos recuerdos ayudan/ a hacerlo así, y se te revelan anchos/ espacios de tiempo, resacas, pleamares/ de sentimiento, las minas de Falun/ a las que algún día bajamos enloquecidos,/ quizá un momento nomás y lo olvidamos].

«La vida ¿quién la vive? No un lecho/ banal, no dinero de quien se jacta/ sin tenerlo sino rubíes en la quieta/ palma indefensa de una mano capaz/ de retenerlos y maravillarse;/ o bien el rosado amanecer de una recién parida/ calmada ya, o los ojos todavía limpios/ de un niño, o un lloro secreto».

«La vida, qui la viu? No veus/ la immensa quantitat de sofriment/ transmesa d’un a l’altre com en dur/ treball fet en cadena amb implacable/ tenacitat, i que s’ignora?» [La vida ¿quién la vive? ¿No ves/
la inmensa cantidad de sufrimiento/ transmitida de uno a otro como en duro/ trabajo hecho en cadena con implacable/ tenacidad, y que se ignora?
].

«Está muy bien que eches a volar/ una pandorga, pero/ de pronto –piénsalo, pero arriésgate–/ se romperán sus varitas, se desgarrará su tela/ crujiendo, y tú caerás sobre la arena/ desde el talud,/ mirando las altas olas grises batir/ sobre la playa, y se te humedecerán/ los huesos y la muerte no te será extraña».

Desde el talud, Vinyoli y Guillén desovillan el hilo para que vuele la pandorga hasta perderla de vista. Una vez suelto, el aparejo danza en el viento y va transmitiendo cada ráfaga desde el cielo hasta el cordel y por las manos. A veces su danza es delicada y a veces brusca y quebradiza. Y en las manos queda la resonancia del aire suave y la nube compacta. Y la pluma escribe con un ansia semejante –como de tempestad y bonanza que ora se persiguen, ora no. Guillén canta como la pandorga que arriba y abajo anda coleando. «Como pandorga que rabea». Como un impacto que te descoyunta inesperado pero preciso. Como patada de mula a punto de parir. De mula arisca y sin yugos.

Que «El ansia de la pandorga» lleve por epígrafe un poema de «Tot és ara i res» [«Todo es ahora y nada también»] de Vinyoli nos impone, ya de entrada, la realidad, que de tan amplia sólo cabe adentro de un instante que si comienza es porque huye. La realidad que mientras se mueve se está tan quietecita. La realidad de estarse allí adentro pero no del todo y «queda/ muy lejos,/ pero por el camino/ hay mucho/ camino/ y mucho/ mango, sobre todo mango/ chongolongo». La realidad que vas llenando de ella que te llena. La realidad así tal cual de cada forma. La realidad que no tiene forma o la que sí, «que tampoco me vas a negar/ que en cuanto/ a la forma (…)/ deja/ mucho/ que desear/ su cuerpo/ de fuegodeagua/ La Realidad». La realidad que de tan guapa «es de olor suave/ a yerbabuena,/ y con esto ya te dije que sabe buena». La realidad que «lleva por dentro/ lo que por dentro/ amarga». La realidad que daña porque «eso es/ La Realidad./ Quedarse/ a medio ganchete/ bajo el reguero de sangres/ derramadas».

Las realidades que Guillén apunta o intuye, no obstante, no son en modo alguno realidades que nos avienta encima como paranoicas verdades ensotanadas. Guillén no revela ningún orden inicial ni ningún delirio. No hay aquí más que la marca del hombre buscándose en el mundo y en los demás. La metafísica de Guillén es «mata física», cosa que se toca con las manos o con las heridas. Con el corazón escondido entre los pulmones o con la piel de criatura pero más grande.

Si Vinyoli nos dice que todo es ahora y nada también, Guillén nos convida a «limitar por el Todo y por la Nada», a movernos con él no en absoluto por el todo absoluto que nos cae encima como una roca ni por la nada violenta que se nos pone delante y nos ahoga. Aquí estamos sin afianzamientos ni mordazas. Porque limitar por el todo y por la nada es simplemente no limitar.

«El ansia de la pandorga» no es ni mucho menos un libro en el cual Guillén recuerda su infancia en Acayucan (en Veracruz, en México), pero sí que en él vuelve a ella para salir disparado hasta el presente –o más allá– y arrejuntando sus flores muertas y sus vivas por el camino. Se va de allí cantando la extraña canción que dice: “Lunes, martes, miércoles, 3; jueves, viernes, sábado, 6; domingo 7”.

El libro comienza con un impulso que da pavor. Con una devastadora energía que te arrastra dentro del universo que se te despliega enfrente y sin que sepas ni a qué se parece ni qué es lo que allá dentro corre. Un universo que se te presenta desbalagado y, al mismo tiempo, firmísimo. Cada elemento, cada pregunta y cada cosa tiene allí su lugar de nacimiento pero también preserva su misterio. Cada experiencia se multiplica y se expande. En medio de un guirigay de voces que narran, que recuerdan, que te interpelan, que ora gritan, ora cantan, se siente y se oye cada verso como si saliese de un pozo de hace siglos para venirse derechito al mundo de ahora y aquí.

Tal “magma rústico callado” no es “enigma”. Es “nosaber”. «Del aire cayó una flecha/ y cayendo se enterró,/ y enseguidita brotó,/ como un rayo/ brota de un lirio». «No hay/ más azar/ que uno/ y camina/ turulato». «La naturaleza de la cosa/ por dentro/ y por fuera porosa:/ puro sentimiento». «Una duenda/ y un duende/ poemaban duendejadas/ diciendo la duenda/ al duende:/ «Si por la rueda de Oriente/ se ven venir las cascadas/ es que el Sol está caliente/ y está cogiendo a vaciadas/ con la Noche que se queda/ muerta de tantas culeadas». «Eres medio/ de cambio y en ciclo de formas su andadura». «Pero arde tu apariencia sin remedio/ en la vida mortal».

«El ansia de la pandorga» comienza como una selva que deslumbra y da vértigo, que se alarga y no ves cielo de tanta rama y de horizontes sabes que los hay pero hay tantos que se te esconden. Y una selva es no salir de ella hasta que una mano te acompaña a la orilla de un río y te cuenta que abajo, habiendo cruzado el laberinto, se halla el primer pueblo.

Y si un pueblo quiere decir gente, palabra viva, amor por todas partes y escaparse de noche por los ribazos, la muerte amiga y la enemiga, la lucha que se palpa en la barraca, la madre plena y la abuela sabia, la canción antigua en la boca de un niño, la tierra marcada y la marca del hombre, en «El ansia de la pandorga», después del chorro de espacio abierto –de mundo amplísimo–, se nos lleva al pueblo y la memoria es quien lo revive. Guillén recuerda –le da cuerda y todo pasa de nuevo por el corazón.

«La Bruja Kori barría como un astro/ con la escoba/ polvo cósmico». «Así/ se abría/ al Patio/ el universo/ dándose impulso/ nomás/ de su bastante maravilla». «Cuando regresamos la mesa estaba puesta/ y estas cosas de morir/ eran cosas/ de otros». «El caso es que alguna mañana/ dejó de ser vecino/ del ciruelo/ del patio de mi vecino». «Pichichis de los que guardé pamí porque los demás están pa Lope/ de Vega humilmente en este verso siendo asados en ajito». Y como si de Llull se tratase «lo amor/ era materiaoscura,/ y de eso precisamente/ estaban hechos las sueñas y los cosas,/ y lo forma no era/ porque era a lo espíritu lo que amor/ era a lo alma/ y tú y Todo lo era lo amor» y eran «los días en que lo amor/ era lo quintoelemento».

Mirando el pasado desde el presente –la cola de un perro va contándonos que aquello existe pero que es desde ahora y desde aquí desde donde se ve, no fuese la cosa que nos quedásemos allá–, Guillén tira de nos hacia delante y nos trae de nuevo a la realidad de mil formas. Empero esta vez lo hace con la mirada mordaz de quien ha vivido ya mucha vida y la de quien habla habiendo padecido mal de mundo pero que cuando habla lo hace para dar vida. «Pelaos de amor de mundo/ en amor de muerto enterrada toda Nada».

Si Celan dice que «la poesía, ella también, quema nuestras etapas», la última parte de «El ansia de la pandorga» aparece, no como un fuego sino como la mezcla vivida y viviente que de tan plena y compleja es transformante y transforma.

“Salir con un domingo 7” es como salir con una ocurrencia disparatada que desconcierta o hace reír o ambas cosas a un tiempo. La badomía de Guillén es, sin embargo, una suerte de explosión o traca final y simultáneo un respiro. «La Realidad es como si la Realidad dijera:/ “La vida es sueño, pero la muerte también”», «esa es La Realidad. El ansia/ de la pandorga rabeando/ entre las primeras estrellas», «y la ves cuadrada pero es redonda La Realidad». El universo infinito que «por todas partes acaba y comienza» es intuido. No hay aquí afán de decirlo todo. Quizá un intento de decir que en todo hay mucha amplitud y que «allá donde tú ves el desierto enjambres de mundos hormiguean».

Nacido cuando se derribaban las puertas de Auschwitz y cuando de allí ya sólo podían salir unos cuantos miles; cuando se lanzaban tres mil toneladas de bombas sobre Berlín; cuando estallaban Hiroshima y Nagasaki; cuando la noble civilización se había ido a parir panteras con las panteras terribles, como decía Carmona, «El ansia de la pandorga» es la historia de uno mismo pero injertada con la historia del agujero colosal del siglo XX.

«“La vida es otra copla”/ dijo entonces/ La Muerte/ sabia y monda/ y echó a andar de mi esqueleto la canción./ Partido en mitades/ el mes de junio de 1945,/ el día/ que sigue/ de su primera tajada/ a destiempo,/ sucedí./ Y de pronto/ todo sucedió./ Einstein pintó al óleo/ un retrato/ de Truman/ y lo acabó/ añadiendo,/ chiquitito/ en un rincón,/ su autorretrato,/ el 7/ de agosto/ de aquel/ año volandero/ en pedazos./ La CIA/ en pedazos/ se lo mandó por e-mail/ a Stalin/ directamente a su gulag de orégano,/ y Stalin a Churchill/ a Estocolmo/ y a Mao, que tenía Marcha Para Rato,/ a algún lugar en el bosque/ de la China,/ y en el bosque de la China una china se perdió/ y parece/ que con ella/ se perdió su rastro…». Y si «la poesía no es otra cosa que romperse las costillas» quizá sea porque en ella hay un rastro de la muchacha perdida…

Un rastro. Una señal que deja una cosa allá por donde ha pasado. La muchacha de la China, la chica que el mundo hecho trizas hizo perder, el ser humano que la guerra moderna ha hecho volar por los aires, ha quedado, por suerte, en la poesía, en la poesía de Orlando, en la memoria de la poesía, en el combate que es la poesía •

Barcelona-Casserres, septiembre-octubre 2011 •

«EL ANSIA DE LA PANDORGA» D’ORLANDO GUILLÉN •
Blanca Llum Vidal •

«i ençà i enllà, amunt i avall, la immensitat és oberta»
VERDAGUER •

«Està molt bé que facis/ volar un estel i que li donis/ corda molt llarga fins a perdre’l/ de vista, lluny, si n’ets capaç. És com si tu/ també volessis i, generalment,/ antics records ajuden/ a fer-ho i se’t revelen amples/ espais de temps, ressaques, plenamars/ de sentiment, les mines de Falun,/ on algun dia vam baixar enfollits,/ potser un moment tan sols i l’oblidàrem».
«La vida ¿quién la vive? No un lecho/ banal, no dinero de quien se jacta/ sin tenerlo sino rubíes en la quieta/ palma indefensa de una mano capaz/ de retenerlos y maravillarse;/ o bien el rosado amanecer de una recién parida/ calmada ya, o los ojos todavía limpios/ de un niño, o un lloro secreto».
«La vida, qui la viu? No veus/ la immensa quantitat de sofriment/ transmesa d’un a l’altre com en dur/ treball fet en cadena amb implacable/ tenacitat, i que s’ignora?».
«Está muy bien que eches a volar/ una pandorga, pero/ de pronto –piénsalo, pero arriésgate–/ se romperán sus varitas, se desgarrará su tela/ crujiendo, y tú caerás sobre la arena/ desde el talud,/ mirando las altas olas grises batir/ sobre la playa, y se te humedecerán/ los huesos y la muerte no te será extraña».
Des del talús estant, Vinyoli i Guillén descabdellen el fil perquè voli l’estel fins a no veure’l. Deixat anar, l’aparell giragonsa amb el vent i va enviant cada cop d’aire des del cel fins a la corda i per les mans. A vegades la dansa és molt fina i a vegades és brusca i trencadissa. I a les mans queda el ressò de l’aire suau i del núvol compacte. I la ploma escriu amb una ànsia semblant –com de tempesta i de bon temps que ara s’encalcen i ara no. Guillén canta com l’estel que, amunt i avall, va cuetejant. «Como pandorga que rabea». Com un cop que et desballesta d’inesperat però de precís. Com una coça de mula a punt de parir. De mula furra i sense jous.
Que «El ansia de la pandorga» porti al davant un poema de «Tot és ara i res» de Vinyoli ens planta, ja d’entrada, la realitat que de tan ampla sols hi cap dins un moment que si comença és perquè fuig. La realitat que mentre es mou s’està molt quieta. La realitat de ser-hi a dins però no del tot i «queda/ muy lejos,/ pero por el camino/ hay mucho/ camino/ y mucho/ mango, sobre todo mango/ chongolongo». La realitat que vas omplint d’ella que t’omple. La realitat així tal qual de cada forma. La realitat que no té forma o la que sí, «que tampoco me vas a negar/ que en cuanto/ a la forma (…)/ deja/ mucho/ que desear/ su cuerpo/ de fuegodeagua/ La Realidad». La realitat que de tan guapa «es de olor suave/ a yerbabuena,/ y con esto ya te dije que sabe buena». La realitat que «lleva por dentro/ lo que por dentro/ amarga». La realitat que fa mal perquè «eso es/ La Realidad./ Quedarse/ a medio ganchete/ bajo el reguero de sangres/ derramadas».
Les realitats que Guillén apunta o intueix, però, no són pas realitats que ens estavella al damunt com paranoiques veritats ensotanades. Guillén no revela cap ordre inicial ni cap deliri. Només hi ha la marca de l’home buscant-se amb el món i amb els altres. La metafísica de Guillén és «mata física», cosa que es toca amb les mans o amb les ferides. Amb el cor amagat entre els pulmons o amb la pell de criatura però més gran.
Si Vinyoli ens diu que tot és ara i res, Guillén ens convida a «limitar por el Todo y por la Nada», a moure’ns amb ell no pas pel tot absolut que ens cau al damunt com una pedra ni pel no-res violent que se’ns posa al davant i que ens ofega. Aquí hi estem sense fermalls ni mordasses. Perquè limitar pel tot i pel no res és només no limitar.
«El ansia de la pandorga» no és tan sols un llibre en què Guillén recorda la infància d’Acayucan (a Veracruz, a Mèxic), però sí que hi torna per sortir-ne disparat fins al present –o més enllà– i arreplegant-ne les flors mortes i les vives pel camí. Se n’hi va cantant la cançó estranya de “Dilluns, dimarts, dimecres, 3; dijous, divendres, dissabte, 6; diumenge 7”.
El llibre comença amb un impuls que fa basarda. Amb un estrall d’energia que t’arrossega endins de l’univers que se’t desplega al davant i que no saps ni a què s’assembla ni què hi corre per allà dins. Un univers que se’t presenta esbarriat i, alhora, fermíssim. Cada element, cada pregunta i cada cosa hi té el seu lloc de naixement però també serva el seu misteri. Cada experiència es multiplica i s’expandeix. Entremig d’un guirigall de veus que narren, que recorden, que t’interpel·len, que ara criden i ara canten, se sent cada vers com si sortís d’un pou de fa segles per anar-se’n de dret cap al món d’ara i d’aquí.
Tal “magma rústico callado” no es “enigma”. Es “nosaber”. «Del aire cayó una flecha/ y cayendo se enterró,/ y enseguidita brotó,/ como un rayo/ brota de un lirio». «No hay/ más azar/ que uno/ y camina/ turulato». «La naturaleza de la cosa/ por dentro/ y por fuera porosa:/ puro sentimiento». «Una duenda/ y un duende/ poemaban duendejadas/ diciendo la duenda/ al duende:/ «Si por la rueda de Oriente/ se ven venir las cascadas/ es que el Sol está caliente/ y está cogiendo a vaciadas/ con la Noche que se queda/ muerta de tantas culeadas». «Eres medio/ de cambio y en ciclo de formas su andadura». «Pero arde tu apariencia sin remedio/ en la vida mortal».
«El ansia de la pandorga» comença com una selva que enlluerna i fa vertigen, que s’allarga i no veus cel de tanta branca i d’horitzons saps que n’hi ha però n’hi ha tants que se t’amaguen. I una selva és no sortir-ne fins que una mà t’acompanya vora un riu i et diu que avall, havent creuat el laberint, hi ha el primer poble.
I si un poble vol dir gent, paraula viva, amor pertot i escapar-se de nit per les margeres, la mort amiga i l’enemiga, la lluita que es palpa a la barraca, la mare plena i l’àvia sàvia, la cançó antiga a la boca d’un nen, la terra marcada i la marca de l’home, a «El ansia de la pandorga», després del doll d’espai obert –de món amplíssim–, se’ns porta al poble i la memòria és qui el reviu. Guillén recorda –li dóna corda i de nou tot passa pel cor.
«La Bruja Kori barría como un astro/ con la escoba/ polvo cósmico». «Así/ se abría/ al Patio/ el universo/ dándose impulso/ nomás/ de su bastante maravilla». «Cuando regresamos la mesa estaba puesta/ y estas cosas de morir/ eran cosas/ de otros». «El caso es que alguna mañana/ dejó de ser vecino/ del ciruelo/ del patio de mi vecino». «Pichichis de los que guardé pamí porque los demás están pa Lope/ de Vega humilmente en este verso siendo asados en ajito». I com si de Llull es tractés «lo amor/ era materiaoscura,/ y de eso precisamente/ estaban hechos las sueñas y los cosas,/ y lo forma no era/ porque era a lo espíritu lo que amor/ era a lo alma/ y tú y Todo lo era lo amor» i eren «los días en que lo amor/ era lo quintoelemento».
Mirant el passat des del present –la cua d’un gos ens va dient que allò existeix però que és des d’ara i des d’aquí des d’on es veu, que no fos que ens hi quedéssim–, Guillén ens estira endavant i ens porta de nou a la realitat de mil formes. Aquesta vegada, però, ho fa amb l’ull viu de qui ha viscut ja molta vida i de qui parla havent patit de mal de món però que quan parla és per fer vida. «Pelaos de amor de mundo/ en amor de muerto enterrada toda Nada».
Si Celan diu que «la poesia, ella també, crema les nostres etapes», la darrera part de «El ansia de la pandorga» apareix, no com un foc, sinó com la mescla viscuda i vivent que de tan plena i complexa és transformant i transforma.
“Sortir amb un diumenge 7” és com sortir amb una atzagaiada que desconcerta o que fa riure o tot alhora. L’estirabot de Guillén, però, és una mena d’explosió o de traca final i alhora un respir. «La Realidad es como si la Realidad dijera:/ “La vida es sueño, pero la muerte también”», «esa es La Realidad. El ansia/ de la pandorga rabeando/ entre las primeras estrellas», «y la ves cuadrada pero es redonda La Realidad». L’univers infinit que «pertot acaba i comença» és intuït. No hi ha afany de dir-ho tot. Potser un intent de dir que en tot hi ha molta amplària i que «allà on tu veus lo desert eixams de mons formiguegen».
Nascut quan s’esbucaven les portes d’Auschwitz i quan ja només podien sortir-ne pocs milers; quan es llançaven tres mil tones de bombes a Berlín; quan espetegaven Hiroshima i Nagasaki; quan la noble civilització se n’havia anat a parir panteres amb les panteres terribles, que deia en Carmona; «El ansia de la pandorga» és la història d’un mateix però empeltada amb la història del trau colossal del segle XX.
«“La vida es otra copla”/ dijo entonces/ La Muerte/ sabia y monda/ y echó a andar de mi esqueleto la canción./ Partido en mitades/ el mes de junio de 1945,/ el día/ que sigue/ de su primera tajada/ a destiempo,/ sucedí./ Y de pronto/ todo sucedió./ Einstein pintó al óleo/ un retrato/ de Truman/ y lo acabó/ añadiendo,/ chiquitito/ en un rincón,/ su autorretrato,/ el 7/ de agosto/ de aquel/ año volandero/ en pedazos./ La CIA/ en pedazos/ se lo mandó por e-mail/ a Stalin/ directamente a su gulag de orégano,/ y Stalin a Churchill/ a Estocolmo/ y a Mao, que tenía Marcha Para Rato,/ a algún lugar en el bosque/ de la China,/ y en el bosque de la China una china se perdió/ y parece/ que con ella/ se perdió su rastro…». I si «la poesia no és altra cosa que trencar-se les costelles» potser és perquè en ella hi ha una traça de la noia perduda…
Una traça. Un senyal que deixa una cosa per allà on ha passat. La noia de la Xina, la noia que el món esmicolat va fer perdre, l’ésser humà que la guerra moderna ha fet volar pels aires, ha quedat, per sort, en la poesia, en la poesia de l’Orlando, en la memòria de la poesia, en el combat que és la poesia •

Barcelona-Casserres, setembre-octubre 2011 •

[«El ansia de la pandorga» • Una muestra] •

Desde Arroyo En Caña vino una canción en vilo
a lomo de mula encinta
más dispuesta que yo a dar a luz
donde quiera.
Canto como patada de mula.
Como pandorga que rabea,
tira del hilo al aire y libre relincha
poniéndole formol a la agonía de la mano
del amo con oliente adiós como si caballo fuera
la yegua que parió a la mula
y no macho que la puso pinta: cebra pariendo cerdos de a peso el kilo
rayado en el aire. ¿Quién cogió con Don Quién? La Puta Finta
de la Sombra que desde lejos se ve como mocoetotole o pus
es bastante contorno a la Luz para ser contrera
de su Contra… «No es de Acayucan». «Ese Arriero Choto no viene
de Sayula».
«Es de Soconusco». «La careta es de Oluta, pero la capa, de
palodehule pura brea
de La Finca y no de El Cacajal, se la mandó a hacer con Los
Caperuzos». «Relincha.
Es Relinchoto». Pero le gusta más de Toro que de Caballito de mano
poniéndole formol del amo con oliente adiós, como si caballo fuera
la yegua que parió a la mula,
y es mi hermano
y mi hijo este canto como patada de mula •

O todo lo que hay en el principio es Caos y todo es bonito y todo
es feo
O las partes del animal son a un mismo tiempo festivo:
El corazón, el pulmón, el hígado, el ojo…;
O todo tuvo lugar en un orden sucesivo,
Como a la güeva de pescado sigue si no alguien se la come, el pez:
Primero, Lo Amarillo Bilis o El Color Del Enojo…;
O todo es como se dicta en el verso de Orfeo:
El animal se forma como el tejido de una res.
Puede asegurarse con sólo los sentidos
Que no todo se produce simultáneamente.
Vemos en el animal el órgano de los latidos
Cuando otros no son aún. Y no espontáneamente
O porque su pequeñez les impida ser percibidos:
El pulmón es por naturaleza mayor que el corazón
Y aparece después que él.
Si en algunos animales el corazón
Nace primero que el pulmón o la yel
Y en los que no lo tienen lo que a él corresponda,
El corazón es, entonces, el principio de los animales que tienen
corazón;
Y el principio de los que no lo tienen, lo que a este corresponda.
Pero no tiene hígado ni ojo ni tiene corazón el ego,
Cabecilla que peina caspa sin arte ni contemplación,
Cagándole la estatua «El Pensador» a la meditación del Griego,
Principio de los animales que siempre tienen razón •

Alfonso X El Sabio, Cantiga 77, «Da que Deus mamou…»

Alfonso X El Sabio, Cantiga 77, «Da que Deus mamou…» •

Da que Deus mamou o leite do seu peito,
non é maravilla de sãar contreito.

Desto fez Santa Maria miragre fremoso
ena sa ygrej’ en Lugo, grand’ e piadoso,
por ha moller que avia tolleito
o mais de seu corp’ e de mal encollleito.

O bispo e toda a gente deant’ estando,
veend’ aquest’ e oynd’ e de rijo chorando,
viron que miragre foi e non trasgeito;
porende loaron a Virgen afeito •

De aquella de quien Dios mamó la leche de su pecho
no es maravilla sanar al contrahecho.

Así santa María hizo un milagro hermoso
en su iglesia de Lugo, grande y piadoso
en pro de una mujer que tenía tullido
casi todo el cuerpo y de enfermedad encogido.

El obispo y toda la gente delante estando
viendo esto y oyendo y de emoción llorando,
vieron que fue milagro y no trapacería;
por ende, conforme su costumbre loaron a María •

[Versión del pirata Morgue] •

Foto del autor tomada por La Palapa de los Muertos; ambos en vivo este jueves 25 en la Calders

«La Palapa de los Muertos», de Orlando Guillén.
Presentación: Joan Vinuesa. Lectura del autor •
Jueves 25 de junio.19:30 horas • Llibreria Calders.
Passatge Pere Calders 9, barri Sant Antoni, Barcelona •

En llibreria Calders, La Palapa de los Muertos el jueves 25.

La Palapa de los Muertos de Orlando Guillén. Presentación: Joan Vinuesa. Lectura del autor • Jueves 25 de junio. 19: 30 horas • Llibreria Calders. Passatge Pere Calders 9, barri Sant Antoni, Barcelona •

Este video recoge la primera de dos lecturas de trabajo a petición de mi hijo [Rilke Roca], dentro de sus preparativos espirituales para la alegoría plástica que finalmente tomó cuerpo de portada y contraportada en La Palapa de los Muertos. Aquí [re]presento el texto de apertura del poema; se dio la agraciada intervención del Núvol, gato de mis nietos, interrumpiendo momentáneo mi lectura y la grabación a cargo de mi nieta; editó mi hija, pero no eliminamos de común acuerdo la anécdota sonora y abstracta. La segunda lectura la daré otro día; hoy rebaso por uno los 80. Los espero en la Calders •

Presentación en la Calders de La Palapa de los Muertos

Pide pie de licencia para comenzar Silvestre
Revueltas este verso. Caramba Carabinchel
Ni falta que hace Ni habrá
Espejeo satelital desde Ciudad Satélite
Ingrávido el arco del cielo Mejor dicho el
Arcón abierto de los pájaros
En el alambre de
La Torre Mejor dicho
La carcajada encarcajada en su carcaj y
La risa propulsada por la flecha contagiosa
De los muertos.
«2025 será peor (Uy no
Uyuyuy
) que 2024
Pierde todo esperperanto
Pero de todos modos
Descárgatelo. Ten el link» dice
Prestaparalorquesta y
Entra
Estaessuhumildecasa.

Puérpero
Aquel verso y
Aqueste que lees ahora diadósenuno
Nervio madre
Oh Oh Oh

(Día de los ‘santos’ inocentes)

Cerebelo
Descampao
Oh Oh Oh

(«La Oveja y yo lo pasaremos en Gaza.
José
[:] dile al benjamín ese que nos alcance
En la palapa de la ONU a cabronazos» dijo
Jacobo Cobo
Cobo sintiéndose jacobino apócrifo

Poco menos
El blazar más antiguo y
Distante del
Universo
–De pura chiripada acrónico
)

Ah Ah Ah
El alto
Chorro deste verso inventó la gravedad
Oscura –derribao por soldaos de
Dios yemenitas y caído en cascada
En el agujerito negro
Matón La Métafora Cosmoderna
De la Guerra Subterráquea–

Pie de barro matrero
Ligamento roto
De rodilla solar
¿Eh? ¿Eh? ¿Eh? La La La

La orquestante
Célula madre
Oh Oh Oh

(Agujerito
Chupón de
Punta Estrella
–Leche de pezón rebosao de
Varios infinitos y unos cuantos millones
De kilómetros a caballo y a pata
De año luz en la frontera arribita de
Líbano
) PeróperoPeropero

Estotro verso batutea increscendo
La orquestante
Célula madre

Decapitada
Oh Oh Oh
Pariendo animala sola
LaVísceraQueCanta
EnlaCantina
ElInglés.

Recomienzo pues entonces y me sigo y
No esperes ni pienses más
En mí[:]

Pide pie de licencia para comenzar Silvestre
Revueltas este verso. Caramba Carabinchel
Ni falta que hace Ni habrá
Espejeo satelital desde Ciudad Satélite
Ingrávido el arco del cielo Mejor dicho el
Arcón abierto de los pájaros en el alambre de
La Torre Mejor dicho
La carcajada encarcajada en su carcaj y
La risa propulsada por la flecha contagiosa
De los muertos
Pariendo animala sola
LaVísceraQueCanta
EnlaCantina
ElInglés.

A veces paso por allí y ni volteo. En verdad
Nunca hubo luces neonitas en el luto
Humano aunque parpadearan.
Encabritao fulgor de filo ebrio y
Ninguna mano lo remolineó sin pringarse
De albas arboreciéndo
Se[:] sangritadelaviudaaustral
De noche a cada rato por la punta y de
Día cada vez de cada por la contrapunta y

Y y ándalé… Cada tocada
El ritmo aquimichú de lugar entre neuronas
Quizá. O bueno fuera Miburrita
Leer otra vez al viejo borrachón y
Comenzando por los ojos
A la vieja
Cruda.

Así[:] ‘ligar’ en lugar de ‘lugar’ y repasar
El letrero en el camión de volteo
Del rastro municipal[:]
Los que viven de la muerte.

Más aún[:]
Escribir este verso de nuevo espumeando
Genio en la jícara de popo popular y contem
Plar lo bisagra de La Cosa en las aldabas y
Repasar pausao por
El candao el pesao metal de llave plomera
Abriendo el paso a paseos astronatales y
En la plomera mano perieca abriendo
Rastro de muerte a lo que solfiábamos
Alegres de Terán llamando humanidad y
Era un palmo de soy nomás y bien palmao y
Aquí mismo a destajo las cabezas
Espirituales caer por tierra sangrientas y
Su sombra cuajada alumbrar infrarroja
El escondite austronato de los niños
Muertos por mano humana –Qué dicha[:] Al
Sólo asomar a luz clavarle la lanza al
Talón de año luz. Uh
Uh ¿hu? ¿ma? ¿na…? Sísí.

Y asísí y asásá
Cada lunes Cada viernes

Cadaverines in cautos in cauterios
Por sorpresa in mente adultos sin kbeza
Quemaos por separao de sus troncos y
Andrajosos batuquiaos de martes y
De miércoles

–Ey Mira aquella de grandes ojos[:]
Le arrancaban
Los guachos las últimas ideas vivas
Pendejo y ni las viste
No sabes lo que es belleza… Las… Les…

Las greñas
En un marco para retrato
De absoluta hermosura desparramadas y
Esta kbecilla hiperactiva de jardín jugando
A rodar sábado y aplanar domingo
Acabando pegada al cuello forense
De papá
De mamá

De la etnia Esdecir
En el botadero la sangre de los cacharros
–Calcomanía de limpieza tecno en
Triple jueves cachorro surtidor de kbeza
Solitaria o mutua.

Chorros chorrea Es viernes subsecuente
(¡Charros…!) La mano inanimal.
Costumbrista
Incluso solidaria
Le pone lentes al Añoviejo.
Le cuelga
Del cuello sobre el pecho
Aquel cartel que dice[:] El chofer del Sitio
Victoria
(no sabiendo que eso
Ya lo canté en el verso 78 capítulo 16
Como
Tantas otras cosas en otros tantos
Lugares

Lugareño yo de la
Escritura del Libro de Pinturas del
Poema) y entre cates y cates de agua
Cate
Piedradiagua otra vez
Le surte talacha expansiva a El Coco
Baeza –Ey No te metas con mi
Coco–
…

Índice y pulgar quemaos[:]
Culebracascabel
De refilón contracantiao por el cerillazo
Fantástico de vida amarilloflor
De fósforo blanco
Muerta vagina adentro
Abisal de nación. Y ya está[:] Son
Las 12 Órdenes de Los Factores
Empunta desta noche

Limán
Dose las
Uñas prietas de mierda de nabí baalita

Sudorífero de palma
Hablando cacacascao de muerte
Cacartera de cacártel vencedor

Perdido
En despachos incrustos ‘en el espacio’
Empachao de adictos matamuertos
–A tanto por ciento
De miles el puñao la unidá
O también libra por libra la
Docena
Si la matazón de niños toma
La palabra aguardiente y
La fermenta gruñendo
Espesura en las tripas
De fuera
De La Piña
Ta

A la vista A la vista A la vista
Le revende hijos al chile guajillo
Óvulos a la matriz en flor

De quién a quién
De cada a cada Dis
Loqüente
Pájaradécada de cada a cada
Pajarita
En cadarrama de etiqueta generacional y
El Pingüino vuelve derramándose
De cada en cada
Década. Desparrama rama
Comoquiendice
Lacada
Voz de paja espantapájaros
De la muñeca inflable La Menina
Nuclear[:]

En el campo
Asolao
Misil enramao
…

En marcha dimite y entra
–Salivao
Se adentra[:]
Ampo
Encapotao
Dialba
Malva

Visto in desinvisto
Inoído
Ganglio in
El cuenco de la
Vívida vida vivida y…

Antes dirse sin despedirse a medios chiles

(InTensao el arco
Por los mayas de la Noche
El dueto El Pato y El Canario y
Costurao a genio congénito el
Enrollao de ventanas para charlar con
El Renacuajo en las esquinas de paseo)

Se abrió paso a paso tormentoso
El músico y a
Su compás pasao por agua brotando va
Un tumor
De poesía entre los sesos del alba

Negra de
Dios y los suyos blanca y
El Tambor tunde
La Jícara diOroPelAo
OroAteo Platatea
De relampapagayos garapiñaos hasta
Caer en curva el fin del arcoiris
Orate •

Sur profundo: «El ansia de la pandorga». Una entrevista y una muestra  

«El ansia de la pandorga» •
Yo escribo siempre en el Acayucan abstracto y sentimental
que revierte Utopía mi lugar de nacimiento
: Orlando Guillén •

José Luis Ortega Vidal •

Al hijo pródigo se le reclama un lugar en la memoria. Acayucan parió un cantor que homenajeaba a Rabelais y le han devuelto un poeta en toda la extensión de la palabra. –Y ¿qué es poesía?, se le cuestiona al crítico de todo modernismo que no sea el de Rubén Darío. «Poesía es vida». Y el candor de Gutiérrez Nájera padece perplejidad ante la respuesta de un acayuqueño que se asume hijo de la poesía popular que en el terruño se respira junto al palo mulato, la selva ausente, la musicalidad de frases compuestas al vuelo, las aféresis en singular anomalía local resueltas en onomatopeyas de significado profundo (tanto, dice el poeta, que entre el mij y el mej se podría escribir un buen libro), el olor de la carne de Chinameca, el réquiem por el zapote domingo y los mazates, la persistencia de los pichos y desde luego el son jarocho (que lo mismo despierta sensualidad sin par en fandangos inagotables que acompaña a los muertos en los últimos estertores de difuntos).

–Y ¿quién es el poeta?, me pregunto y respondo para los lectores:

El entrevistado nació en Acayucan en 1945. Desde 1945, afirma, es poeta: «porque uno nace para algo: por ejemplo, para hacer poesía». «Poesía es vida»: el resto, pensamos nosotros, es aprendizaje de una técnica, desarrollo de un conocimiento sobre el uso del lenguaje; dominio de un oficio; las lecturas que nunca han de terminar y que al final sirven de contexto para la creación propia. Sin capacidad de crear un estilo propio no hay poesía. Si no se tiene la capacidad de impulsar con modo propio el universo de la vocación y del talento no hay creación, y sin creación se puede ser un imitador, acaso un buen imitador, pero no hacer poesía.

Entre otras, suyas son las obras Ubú Güey, Cherezada en la noche de los alfanjes, Hombres como madrugadas: la poesía de El Salvador, El costillar de Caín, Ujier Dóktorr y Doce poetas catalanes del siglo XX.

El encuentro ocurre en Acayucan, la tierra donde Orlando Guillén creció y vivió hasta la adolescencia, antes de acudir a estudiar la carrera de Derecho, en la ciudad de Jalapa, desde donde partió a la ciudad de México y luego a Barcelona, España.

Recién desembarcado en la patria de origen, Orlando vuelve a la matria, al inicio de los inicios, para reafirmar recuerdos y continuar con la escritura de El ansia de la pandorga, un libro que recrea los primeros años de su vida; es decir: su vida en Acayucan.

–Tras más de cuarenta años de ausencia, ¿cuál es tu apreciación de Acayucan?

Acayucan es un pueblo, según como se le quiera ver, culto o inculto. Es culto en el sentido general del hacer humano, porque lo que hace el ser humano es eso: cultura. Desde el punto de vista de la instrucción es un pueblo inculto, un pueblo que no lee, que no fomenta la curiosidad intelectual de nadie. A mí me tocó sin embargo ser adolescente en un buen momento. El magisterio de Manuel López Guillén en el orden literario no fue benéfico para quien no supo recibirlo. Pero su presencia significó para mí y para otros una puerta directa de entrada a la contemporaneidad de la literatura, y más específicamente de la poesía. Entrar a los quince años, aquí, en Acayucan, al conocimiento de autores como Whitman, Darío o Neruda era equivalente a haberlo hecho en cualquier lugar del mundo, y eso era y es tanto como tener carta de mundo.

–¿En qué términos se da la relación del poeta que eres con el terruño al que vuelves? Todos tenemos influencias… ¿Cuáles han sido las de tu escritura?

Yo escribo siempre en Acayucan, en el Acayucan abstracto y sentimental que revierte Utopía mi lugar de nacimiento. Mi relación con la Acayucan real es intensa, extensa y profunda, pero la Acayucan actual no es la de mi poesía ni la de mi vida poética e intelectual sino su referente vivo y mi taller de música y de idioma. Trate de lo que trate y se ubique donde se ubique lo que escribo, la mano que traza la palabra y la expresa en canto viene desde y está en aquella otra Acayucan, y desde ella dibuja la amplitud del trazo y los contornos del canto. El son jarocho, la imborrable canción de Santos Soto pesan más en mi espíritu que todas mis lecturas. Esta cosa de las influencias de que me hablas se entiende básicamente en términos espirituales. Ninguna poesía verdadera tiene antecedentes de estilo como escritura, porque tratándose de poesía la escritura verdadera es siempre de autor. Las influencias son de espíritu, no de estilo. Así, Quevedo, Rabelais, Aristófanes o Darío son referentes de sustancia en mi obra: de espíritu, no de estilo. Ni más ni menos importantes por ejemplo que Santos Soto, el fandango, el baile de Los Arrieros, la locura vital y el análisis silábico-fonético de don Tobías Bocardo en mi formación acayuqueña.

–Desde una perspectiva histórica, ¿cuál es tu visión de Acayucan? De pronto, ante la situación de crisis económica que vive y en el recuento de los recursos naturales que aquí se han devastado, parece un pueblo traicionado…

El Acayucan de hoy entró en la modernidad supuesta por obra de Miguel Alemán Valdés y lo que se llamó el alemanismo, una antigualla en quiebra política actualmente, como el pueblo mismo política, intelectual y económicamente. El error histórico de Alemán no se circunscribe a Acayucan; es una desgracia nacional. En nuestro caso la equivocación se extrapola como el seguimiento de un modelo de desarrollo que no tenía futuro, que lo hipotecó materialmente. Puede hablarse ciertamente de un Acayucan traicionado, puesto que se impulsó un modelo de espaldas a su realidad ambiente, a su ser ecológico racional y al tipo de economía que le convenía. La imposición de una industrialización imposible en la zona fuera de sus propios recursos naturales, y de la ganadería extensiva y depredadora, acabó en un ecocidio irresponsable, ciego y sostenido por cacicazgos de una élite hoy desmembrada e impune. Alemán partió del modelo de desarrollo gringo, como si nosotros fuéramos o pudiéramos ser alguna vez metrópoli. López Portillo vivió en carne propia las migajas de ese sueño guajiro. Ni México ni ningún país de América Latina serán nunca metrópoli. En América Latina la cosa acabó con la guerra de Cuba. El final de la potencia española es la entrada del Destino Manifiesto.

–En el Acayucan de tu adolescencia aparece un personaje que forma parte de la historia local y regional. La referencia es al profesor Manuel López Guillén, expresidente municipal y maestro de varias generaciones, periodista también y alguien de quien estuviste muy cerca…

Aparece desde antes; desde mi niñez… El caso de Manuel López Guillén, a quien no quiero juzgar ni como expresidente municipal ni como escritor, debe de verse más bien desde su irradiación de obra educacional, y de su condición de pedagogo y periodista. Manuel fundó las primeras secundarias de la zona en Acayucan, tanto la que corresponde a la edad en que normalmente se realizan ese tipo de estudios como la que atiende a la educación de adultos. Puede decirse con propiedad que Manuel abrió la puerta a la posibilidad de la educación superior, más allá del estigma de nacer en un pueblo sin perspectivas. Manuel fundó Mensaje, el primer diario de Acayucan, en un momento de excepción que reunió a periodistas acayuqueños o residentes de la talla de Carlos Guillén Tapia, Alfredo Celis del Angel, Angel L. Gutiérrez y yo mismo que ahí comencé mis avatares de ese orden, y que se enriquecería de manera inmediata con la participación en su consolidación de José Antonio Gutiérrez, Helio del Mar y Reynaldo Pérez Marcheco. Desde entonces no se ha dado aquí un fenómeno similar, pero en cambio se ha consolidado una tradición periodística que parte de esos orígenes, de los que Manuel fue mucho más que director y animador. Vive todavía Manuel López Guillén y es tiempo de valorar ahora su importante aportación a la cultura de Acayucan. Para decirlo en pocas palabras: Manuel hizo más por el futuro de Acayucan en términos intelectuales e incluso políticos que Miguel Alemán Valdés.

–Quisiera que Orlando Guillén hable de la poesía de Orlando Guillén…

Cantar del pantagruelista y otros textos de mi adolescencia y de mi juventud temprana, son eso: prehistoria de espíritu. Reuní en Versario pirata mi obra de juventud. Son tres libros de individualidad propia los que incluye ese volumen: el que le da título, Títulos del miedo y Un muerto rema rayo abajo. Este volumen comienza para mí mi poesía y representa sobradamente mi juventud. Lo demás de entonces, ya lo dije en otro lugar, son retazos de adolescencias fetadas. Con Rey de bastos comienza en 1980 mi escritura adulta, y marca mi paso de la poesía lírica a la dramática; a un tipo de búsqueda que establece la identidad entre el teatro y la poesía en términos simbólicos y en términos de representación. La lírica pasa de la referencia de sujeto a la de acción y movimiento, y cobra los caracteres dramáticos y trágicos que comienzan a vislumbrarse en un libro de primera madurez como El costillar de Caín, que es de 1983-84, y que se sitúan como marca de madurez definitiva en mi reciente e inédito libro Tiempal Libro de pinturas, que acabo de terminar y que escribí en los últimos cinco años un poco como acotación particular a mi trabajo de vida de los últimos 25 años: Doce poetas catalanes del siglo XX.

–La vida de Orlando Guillén ha transcurrido en dos universos: México y España. Es un experto en la lengua castellana y domina el idioma catalán. Más aún: su libro más reciente Doce poetas catalanes del siglo XX está retenido en manos del Fondo de Cultura Económica pero es referente obligado del mundo intelectual y literario de Barcelona. Orlando ha sido un viajero constante. Recorrió buena parte de Latinoamérica y algunos lugares de Europa. Sin embargo, Cataluña es un caso aparte…

Mi relación con Cataluña puede resumirse en los órdenes espiritual y vital como un descubrimiento y como un renacimiento. El descubrimiento de un idioma y de una poesía que, formando parte de nuestra herencia peninsular, nos han sido ocultados y desvanecidos por el poder del hispanismo castellano y castellanizante. Lo más reciente, por el franquismo. Pero la cosa viene desde finales de la Edad Media, y no es cuestión de ponerme a hacer historia. Desde entonces hay gran poesía y gran prosa catalanas, y su presencia debería enriquecernos desde hace mucho tiempo. El renacimiento se produce a partir del hecho personal de haberme enamorado de una mujer que lo ha sido de mi vida, al mismo tiempo que de su idioma. Mis hijos tienen ambos idiomas y ambas patrias, como yo mismo en todos los sentidos. No soy catalán ni catalanista, pero mi obra es ya inseparable de la poesía catalana en términos de conocimiento y difusión de esa poesía en el ámbito general de la lengua castellana. No otra es mi aportación de vida de los últimos 25 años con mi libro Doce poetas catalanes del siglo XX.

–Sobre el trabajo nuevo, en torno a la poesía que escribe, Orlando Guillén da cuenta de una inquietud particular. Hay, dice, un libro pendiente sobre Acayucan. Ya está en proceso y versa en lo fundamental sobre los primeros años de vida del poeta. El título de la obra es revelador: El ansia de la pandorga. «Volví a caminar por la tal ansia, luego de años aciagos de una niñez enferma, junto a cuyos recuerdos hay otros gratos sobre la gente y la naturaleza pródiga que nos fue obsequiada», da a conocer Orlando Guillén. Y aquí está el último tema, el recuento de lo que vendrá:

Mi trabajo de servicio a la poesía catalana del siglo XX me ha ido dejando en sala de espera algunos libros propios. Terminar aquel trabajo ha sido condición de espíritu para poder escribir estos materiales, de los cuales Tiempal se ha dado maña para aparecer y darse casi simultáneamente con el final de la última revisión general de mis traducciones. Inmediatamente después estoy escribiendo ahora un libro especialmente significativo: El ansia de la pandorga, cuyo asunto es el punto de partida físico y espiritual de mi condición de poeta, ubicado simultáneamente en mi infancia y en Acayucan: en la Acayucan abstracta desde donde escribo. Cuando este libro sea un hecho perfecto, o sea: un hecho pasado e irremediable, tengo pendiente todavía un libro más: Funda sobaquera, libro del cual conozco vagamente el asunto (su título lo delata, y puede incluso ser un libro epigramático, dentro de una vertiente trágica del epigrama, que no es precisamente su enunciado clásico), pero del que ignoro la forma y, para que aquí se cierre esta entrevista contigo, el estilo •

[Diario Acayucan. 6 de enero de 2005. Revisión: 2006; plus, 2026] •

«El ansia de la pandorga» • Muestra

Desde la arboladura del viento los pájaros caían de maduros.
Bajo el pajón de los árboles de tierra
anidaban muertos
sobre las horquetas pelonas.
Quitándose la copa,
los de abajo saludaban a palo
de sombrero
una vida de ala
entre ábregos infectos
como un enano envidia a un jorobado.
Con la memoria aplastada quedaban incrustos en los días oscuros
Ni rastro dejaban de lo que en vano se afierra.
Eran en morir expertos,
como buitres comadronas
de Ahab y mequetrefes de popa
meando bacinicas enteras de oro de los reyes muertos de regalo de enero.
Paga de gala
a la celeste puta que amputa con el ponche de esmeril fierros erectos
a los que para erguir primero que nada ha mamado.
No sabe escribir y firma digital
El De Las Manotas, dejándolas marcadas
sobre cuello de zanate que ya se puso cenizo
y cae de fondillo en la noche del aire.
Mejor aprieta el pescuezo de las aves en vuelo
que no las domésticas,
correlonas y pal augurio ni de entreno al agüero.
Sangre viva para ronco pecho,
grasa quemada de giba de ballena de desierto blanca,
restos de humazón de la tazabarca de las aguas.
Enanito en corazón ciprés de avestruz lo dual
hundido: el tajo, la rajada, las tajadas;
precario de lo Uno y de la Otra tuerto y plomizo
de las cáscaras de cielo. Se revuelca con puercos la mujer del aire
(animala de andar a pata por el vagón floresmagón en revuelo
de culo en casa se dispone a coger entre otras tareas domésticas
superficiales y viscosas, pero
no ha tálamo en pecho:
baba verde de fiera estanca,
culebra bajo las enaguas).
La extremidad sensual de la materia del sueño
es materia de espíritu puro en la carne,
monte de sustentación.
Será vencida pero antes vencerá,
vencida en la calaca
la calaca de a güevo renacer.
Retumbo de manada de fuentes
chorreante de la borrega gorda de las nubes hinchadas,
cuando a picayelo picoteadas por los aerosoles graznientos del día
la mujer de amarras quiere coger con el marido ausente y el amante dueño
de la plaza naufraga triunfante del orgasmo de otro encarne
más sutil y perecedero que corazón
de niña sorda, y será
de otro la resaca,
y ella mujer
de impertinentes,
aradura yerma de donde es amor. Tintineantes tristes arracadas
las aguas prietas de la borrega nublada de toda manadería.
En un callando in crescendo
pilotan zopilote planeando mis ortografías
en la sustancia
de vuelo de las aves de tierra
que no lo desarrollan más que en vuelo
lego de morir.
Era un aguilar de águilas de platarrefractaria la agonía de los ciegos
que no la podían y el deslumbramiento
ego de los ciegos que sí la podían ver.
Comevidas es Boca Ciega comiendo
mierda y le entran moscas mías
al arroz de los muertos, el ansia
de la pandorga, porque no las soporta y se emperra,
y ni las ve ni las siente. Muertas en vuelo
en cintas de mal parir
son puro tapilte de egos,
cargamento de mierda. Miento.
Son lo que no sabe y no conoce y no siente ser.
Lo que no le importa más que vívere de eternidad comiendo
mierda y le entran moscas mías
al arroz de los muertos, el ansia
de la pandorga, la mano que tira de ella desde el barco de la tierra
hollando huecos en la luz, pintando el aire del cielo
que colores sabe parir
con brocha de cerda lisa. Los pinceles en el azar y en los pliegos
de la pintura de la tarde veo morir podrido en poesía mi aliento
poniéndole tinta a la color del sol, crayón de verga al tiempo. Enmendamiento
a lo que fue de dios y es misterio cerrado como ser
o no ser en la bocaza hueca de todo lo absoluto, yendo
a chingar su madre el extendido nasal receptor de la fragancia
de ego extenso y demás demolatrías
y el aire rayoneado por aves que anidan en verdes vivos de la tierra,
aves que ni van a parir ni ponen huevos
de serpiente plumada:
más mediocres que dios sobre testa de árbol enemigo.
Todo es picho muerto a picada de alacrán
antes de cualquier decir que no sea ente
sin pujido abstracto. Entre llamaradas de petate fenixio
dé la vuelta al aro de morir la materia fenixia
en la impostura humana. Desbroce
el polvo mortal de dios y todo ego de dios de sobre la planta de la tierra,
todavía sin morir y planchando en condominio gente. Muertos relevos
para el recluta de pornografía de panteón de mejor ética equipada
sin el escrúpulo del castigo:
El asesino la hace y la paga: «¿Cuánto vale, edecán,
la cosecha?» «La cosecha de mujeres/ nunca se acaba». La constancia del cliente
no altera el pulso del recluta ni le tiembla la mano como al fenixio
la llama removiendo transmortal la ceniza fenixia
al recibir la manteca. Doble pose
mortal de dios y todo ego de dios sobre la planta de la tierra •

Idilio, de Díaz Mirón. Notas para la pastoril de Mateo

Idilio, de Díaz Mirón. Notas para la pastoril de Mateo •

Siento, pienso, creo que Idilio de Salvador Díaz Mirón no es sólo la expresión más acabada de su lírica sino también uno de los grandes poemas del idioma español por la cercada eternidad de su música. Digo lo anterior entendiendo perfectamente que Díaz Mirón no es poeta de un solo poema y sí de una obra deslumbrada: Lascas, y en ello sigo porque lo comparto el criterio del autor. El Idilio no es del todo asimilable dentro del espíritu del poeta si se desconocen poemas de la excelsitud de Engarce o de la alucinada lujuria bodeleresca de La giganta. Esto por decir algunos títulos a mi gusto, a mi manera de penetrar en ciertos recovecos del amor diazmironiano. Con todo, aquí quiero seguir al Idilio como un guión para música. Por eso debo situarlo primeramente como el logro supremo de una estética que pregona que externarse con metro gallardo es el triunfo del bardo.

Si como parece ser un hecho el idioma español (lo mismo el hablado que el escrito) suena ‘en buen romance’ en verso de ocho (tomo un ejemplo de la prosa clásica: «En un lugar de la Mancha»…), y si el endecasílabo le es derivado y subsidiario, el metro de diez sílabas tiende a semejar huraño y difícil –su dominio no puede ser sino gallardo. Pero la poesía es un agua que impone su recipiente; luego, no quiero decir que el gran buril escogió el metro de diez para el Idilio; en cambio sí que fue captado por su escriba en ese metro. La maestría de Díaz Mirón en el momento de la escritura del poema es tal en el decasílabo que el lector lo percibe con la misma ‘naturalidad’ con la que oye el ritmo ‘natural’ del idioma. Puede decirse que Díaz Mirón crea este ritmo dentro de la música general del español y lo recrea en una gama dispersa en infinitas variaciones. Así, a partir del Idilio el metro de diez cobra su propia identidad.

SEGUIMIENTO

Para  su seguimiento he dividido el texto en dos partes generales, y estas en tiempos o movimientos.

Los tiempos para cada parte son seis. Curiosamente (porque no se trata de una división arbitraria para facilitar el estudio; porque es un resultado del trabajo mismo): el ritmo de seis sílabas es síncope natural del metro de diez.

PRIMERA PARTE GENERAL

El primer tiempo o movimiento del poema se desarrolla a lo largo de las primeras cuatro estrofas y su ritmo es la respiración del océano –a tres leguas del puerto bullente, animado a desbordes y grescas. Su tono es descriptivo y plástico. Sitúa el escenario, el paisaje físico: una choza que apoya un costado en el tronco de un mango copudo. Da las características de lugar: el sitio es ingrato, fétido, hosco. El aire trasciende a boñiga, a marisco y a cieno; y el mosco pulula y hostiga. La flora (el cardón, el nopal y la ortiga prosperan) es enérgica para que soporte lo mismo la furia del viento del norte que la pródiga lumbre del sol.

En una sola intensa estrofa se despliega el poderoso latido del segundo movimiento. Su ritmo es quieto, contemplativo: el amanecer.

La larga meditación humana frente al fugaz espectáculo del amanecer da su ritmo furtivo al tercer tiempo: un tiempo hecho de sensaciones y de ausencias, extásico, meditativo, oscuramente esperanzado, nostálgico. En ese tiempo se produce una de las más hondas meditaciones del espíritu diazmironiano, memoria de lo inefable. Animal herido y vivo, el poeta puede ya recibir un prestigio rebelde a la letra, un misterio inviolable al idioma; y, en los pocos instantes que dura, alcanzar el reposo artero de la serenidad, porque hasta el pecho del poeta, el pecho infernado, respira un olor de inocencia y ventura. Su inmersión, su de profundis viene al hombre como una memoria y acaso como una esperanza.

Pero el ponto es de azogue y apenas palpita. Un pesado alcatraz ejercita su instinto de caza en la fresca. Grave y lento, discurre al soslayo, escudriña con calma grotesca, se derrumba cual muerto de un rayo, sumérgese y pesca. La visión cinegética y siempre plástica a que el alma del poeta asiste da el ritmo roto, de violín en añicos o de astillas de harpa, al cuarto tiempo, de rompimiento lento y retorno a una contemplación asombrada.

El quinto tiempo lo abre el trotar de un rocín flaco y mocho en el cual caballero grotesco y simiesco, caricatural, un moreno que ciñe moruna transita cantando cadente tontuna de baile jarocho –cuyo monótono gangueo acalla un pájaro por el mero expediente de soltar un gorjeo. Cumple así el poeta un doble propósito: prepara el paisaje humano del poema y, a través de la oposición gangueo jarocho-gorjeo, canta a la prepotencia de la naturaleza sobre el escueto hacer artístico humano; con ello, da pie a un tiempo bis donde cuanto es mudo y selecto en la hora, en el vasto esplendor matutino, halla voz en el ave canora, vibra y suena en el chorro del trino.

El sexto y último tiempo de esta primera parte es un tiempo de retorno; de un extraño retorno que se produce mediante un inesperado monolito pagano cuya función es plástica sólo aparentemente. El amanecer que el poeta mira y que le ha permitido hurgar en su alma con júbilo doloroso, es el mismo que contempla fijo, pasmado y absorto tal un monolito pagano, un buey gris desde el mirador de un yermo altozano. Introduce de este modo una pincelada de humor goyesco, con algo de autoburla y autoinjuria.

SEGUNDA PARTE GENERAL

El primer movimiento de la segunda parte de mi seguimiento se inicia en la estrofa número doce y se propaga hasta la número quince, con un ritmo de viento creciente. Aquí el poeta presenta y describe apasionadamente a la pastora adolescente por su belleza física: da su condición social, linaje y rasgos de familia y establece una clara dicotomía entre la belleza de la rústica grácil que ha asomado al poema como una paloma, y la sordidez de su origen: la payita se llama Sidonia: llegó a México en una barriga: en el vientre de infecta mendiga que, del fango sacada en Bolonia, formó parte de cierta colonia y murió de miseria y fatiga. El segundo tiempo describe el alma de una adolescente y admite dos variaciones: a) miraje interior de la pastora: la huérfana ignara y creyente busca sólo en los cielos el rastro; y de noche imagina que siente besos, ay, en los hilos de un astro; b) comentario filosófico y lírico del poeta, que va de la recomendación tranquila pero pasional, puesta en boca de Dios (sé plácida y bella; y en el duelo que marque una fosa pon la fe que contemple una estrella) a símiles que sugieren cómo en el alma sencilla de “la zafia” el pesar se distrae (desplome de polvo y ascenso de nube), después que el ardor de la vida urge y clama y al tumulto y al goce convida. Ritmo alterno de intuiciones y hechos: del tizón la ceniza que cae y el humo que sube. 

El tercer tiempo cierra los dos anteriores con el sueño de la pastora adolescente. En la intensa contemplación, el poeta le devuelve a la madre –que habiendo aparecido muerta en lo que en este seguimiento es el primer movimiento de la segunda parte, ahora duerme “con sueño de piedra”, mientras la muchacha medra, sueña, divaga. Fuera de la mera realidad descriptiva y conservando el tono general de la vida pastoral de la adolescente, este tiempo es un tiempo arreal y un ritmo de sombras. Su lectura admite dos variaciones. En la primera, la adolescente sueña la realidad, el hecho familiar estricto y brutal: el padre que duda de serlo, y ella obstinada en quererlo; en la segunda, el autor se vierte en un comentario lírico social a la vez enardecido y tierno: Llena está de pasión y de bruma, tiene ley en un torpe atavismo, y es al cierzo del mal una pluma… Oh pobreza, oh incuria, oh abismo.

Cuando el poeta ha cerrado ya el ciclo pérfido en torno al cual la virgen gira, se inicia el tiempo alegre de la frutación: la pastora en el campo. El cuarto tiempo se despliega en la sola estrofa de su presentación: vestida con sucios jirones de paño, descalza y un lirio en la greña, la pastora gentil y risueña camina detrás del rebaño. Su ritmo es el ritmo de la primavera.

El quinto tiempo contempla a la pastora en la excelsa y magnífica fiesta de la naturaleza con la cual su belleza se integra y se funde. Se desplaza en siete estrofas de alta plasticidad y quieto acoso. Radioso y jovial firmamento. Y en la excelsa y magnífica fiesta, y cual mácula errante y funesta, un vil zopilote resbala, tendida e inmóvil el ala. El sol meridiano fulgura. Fausto del orbe sublime: un derribo de paz y de fuego baja y cunde y escuece y oprime. Ni céfiro blando que aliente, que rase, que corra, que pase. Su ritmo ha sido el de la luz que torna las aguas espejos, y en el mar sin arrugas ni ruidos reverbera con tales reflejos que ciega.

Las cinco estrofas finales copan el desarrollo del sexto tiempo y sintetizan el argumento general del Idilio. Su respiración es la respiración del amor bajo el soplo de la naturaleza, quieta en el oro. Como en Dafnis y Cloe la naturaleza convida a la naturaleza (el ambiente sofoca y escalda y encendida y sudando la chica se despega y sacude la falda, y así se abanica); el amor al amor convida: un borrego con gran cornamenta y pardos mechones de lana mugrienta, y una oveja con bucles de armiño se copulan con ansia que tienta. La zagala se curva y empina… y alocada en la fiebre del celo, lanza un grito de gusto y anhelo: un cambujo patán se avecina. De este modo el poema alcanza su clímax, separándose definitivamente de la larga y estática tradición pastoril: no únicamente la pastora es la hija de una mendiga, una palurda, una zafia; más aún: su virginidad es hendida por el primer cambujo patán que accidental, inopinada pero promisoriamente para la muchacha, aparece en la tarde.

Y en la excelsa y magnífica fiesta,

y cual mácula errante y funesta,

un vil zopilote resbala,

tendida e inmóvil el ala •

[Escribí este texto en 1979, a petición de mi difunto amigo el músico Mateo Oliva, durante los trabajos y los días de la memorable puesta en escena con niños (pequeños dramaturgos de todo el estado de Veracruz y actores selectos de las escuelas primarias de Jalapa) de La cabaña de las alondras] • Mateo compuso la bellísima música de aquella puesta; mis hoy también difuntos amigos el poeta y hombre de teatro Raúl Cáceres Carenzo y el pintor Jorge Martínez Ruiz, fueron entonces director y escenógrafo respectivamente. No sé si el genio de Mateo produjo finalmente la pastoril (debí haber escrito el término más musicalmente idóneo pastoral, pero no lo hice por lapsus literario, gaje de oficio que me respeto ahora). Esta reproducción de mi seguimiento al poema diazmironiano, no lo es del todo: alguna manita de gato de Schrödinger he pasado por él y ni se nota ni tiene por qué notarse. OG] •